30 enero 2018

Economías transformadoras de Barcelona




https://www.espaicontrabandos.com/w/wp-content/uploads/2017/11/Presentacio%CC%81-Economies-transformadores-768x359.jpgPresentación del libro Economías transformadoras de Barcelona

Transcurrida una década de la última crisis financiera que ha afectado la organización política, social y económica de las democracias social-liberales, y con un Estado de bienestar en franco retroceso, empiezan a perfilarse caminos alternativos para el recorrido hacia una economía centrada en las personas. Estos cambios están siendo documentados y analizados en el marco de la efervescencia política surgida en España a raíz de los movimientos 15-M y las candidaturas populares que desde el año 2015 han accedido al gobierno municipal en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. A partir de estos cambios políticos, se están planteando nuevas maneras de tomar decisiones de gobierno, contando con la consulta y la participación política de la ciudadanía, e impulsando una batería de políticas públicas en el ámbito de la economía que no se habían visto en décadas.

Actualmente existen en nuestro entorno múltiples manifestaciones del movimiento de la economía social y solidaria, a partir de las cuales podemos analizar su forma jurídica, y también su funcionamiento, empleando herramientas de medición ya consolidadas. Entre estas, destacan los indicadores proporcionados por los balances y las auditorías sociales, cuya implantación y aceptación es mucho mayor que las de las auditorías de la deuda; en estas últimas, los Estados, las corporaciones y las instituciones financieras se resisten a prestar oídos o extraer conclusiones tras analizar sus decisiones sobre el rescate de los grandes bancos o la adjudicación de contratos públicos que han sido lesivos para el interés público (léase el contrato con AGBAR para el  proveimiento y gestión del saneamiento de aguas en Barcelona).

El libro que nos ocupa describe las nuevas economías como transformadoras y plurales porque, además de referirse a la economía productiva tradicional (la que ocurre en el marco de la triada conformada por un Estado redistributivo, el mercado de naturaleza competitiva y el capital financiero especulativo), también se ocupa de la denominada economía reproductiva que nos permite entender la actividad económica como un metabolismo social, alcanzado gracias a una cadena de sostenimiento de las necesidades humanas, y que comprende: las actividades social-solidarias de las cooperativas, la infraestructura que permite la cooperación social y los cuidados para la reproducción de la vida, y los ecosistemas (siempre teniendo en cuenta la histórica división social del trabajo entre hombres y mujeres).

Sostenibilidad y poder

Economies transformadores de Barcelona  tiene su origen en la “sedimentación de la experiencia” del autor como miembro de la cooperativa  Opcions y activista de los movimientos por el decrecimiento y la resolución de conflictos socioambientales, sin olvidar su compromiso con la promoción del pensamiento estratégico y feminista en el seno de la XES (red de economía solidaria de Cataluña). La publicación de este estudio ha sido posible por un encargo del Ayuntamiento de Barcelona de realizar un diagnóstico de la economía social y solidaria con el fin de formular políticas públicas dirigidas a ese ámbito.

No es casual que muchos de los conceptos presentados en el libro, de carácter político e identidad no del todo definidos, se conviertan (según su autor) en “terrenos de disputa entre diferentes visiones que sí tienen un proyecto político definido, con visiones más profundas sobre la sostenibilidad y el poder”.

Suriñach sostiene que “las batallas por los significados son especialmente relevantes cuando las distintas administraciones públicas desarrollan marcos legislativos y reguladores de estos conceptos”, tal y como se observa al traducirse estos en una mayor asignación de recursos públicos a proyectos relacionados con el ‘emprendimiento’  y la ‘innovación social’ en el ámbito municipal de Barcelona.


Algunas etiquetas y conceptos


El estudio tiene cuidado en distinguir entre los movimientos y los fenómenos de la economía alternativa. Los primeros son aquellas iniciativas que cuentan con una base social organizada y un proyecto político, mientras que los segundos son conceptos que sirven para identificar unas determinadas prácticas, en las que se observa una mayor ambigüedad, o cuya definición es menos homogénea.

En el capítulo 3, el libro se detiene muy especialmente en el movimiento de la economía colaborativa, cuyas manifestaciones son descritas como “una gradación que va desde las formas más mercantiles hasta aquellas propuestas de organización y gestión comunitaria que tienen una marcada preocupación por el común” que en último caso pasan a denominarse economía colaborativa procomún.

La economía colaborativa es un fenómeno nuevo que se ha extendido gracias al uso generalizado de las plataformas tecnológicas abiertas, descentralizadas y no jerárquicas empleadas en la sociedad en red. Sin embargo, hacen falta más estudios para averiguar hasta qué grado esta nueva economía puede en efecto considerarse transformadora, o si se trata solo de una nueva manera de realizar transacciones mercantiles desde la economía digital.

Airbnb, Deliveroo o Uber son claros ejemplos de cómo, en sus prácticas y su financiación (a menudo con fondos de inversión de capital-riesgo), algunas de estas plataformas que empezaron siendo un planteamiento de relación entre iguales o P2P[i], han terminado por convertirse en “intermediarias u orquestadoras de estas relaciones”, como apunta Suriñach. Son plataformas que, en algunos casos, definen los precios y las condiciones de las transacciones, y obtienen con ello un beneficio económico añadido mediante la extracción de datos. Por esta razón, algunos analistas las han clasificado bajo la etiqueta de capitalismo de plataforma.

“En la medida en que la economía colaborativa es un espacio para la satisfacción de necesidades, buena parte de sus esfuerzos van dirigidos a no convertirse en un mercado absolutamente desregulado y sujeto a unos niveles de acumulación de poder y riqueza desproporcionados por parte de las grandes plataformas, sino en ámbitos de trabajo y consumo co-gobernados por el conjunto de los usuarios, trabajadores y prosumidores, desde un enfoque que busca privilegiar la aportación al común y no tanto una perspectiva eminentemente utilitarista”. (Economies transformadores de Barcelona, pág. 131)

Economía plural


Al analizar el papel que juega cada movimiento de la economía social, Economies transformadores da a conocer las caras ocultas (y plurales) de la economía y sus múltiples expresiones, las cuales se ubican más o menos cerca del marco de referencia de la economía productiva, o se enmarcan en la economía reproductiva transformadora, y en el ámbito del procomún (conformado por los bienes, recursos comunes y las maneras o culturas en que estos se comparten y gestionan).

El tema del poder emerge a lo largo de la investigación: ¿qué estilo o modalidad de gestión es adoptada en cada iniciativa? ¿Cuál es la postura respecto al lucro en relación con el objeto social de la entidad? ¿Y cómo queda recogido este en el Balanç social de l'economia alternativa de Catalunya, que ha sido el punto de partida para este libro. “¿Dónde se pone la línea roja, como lo definimos? ¿Cuál es el sesgo excusable por la “construcción del mercado social?” reflexionó su autor durante la presentación del libro en el Espai Contrabandos de Barcelona.

Para Álvaro Porro (Comisionado de Economía social, desarrollo local y consumo del Ayuntamiento de Barcelona), este trabajo permite operativizar unas políticas públicas en la medida que define unas taxonomías mediante el análisis de las organizaciones que han incorporado innovaciones de gobernanza en su seno.

Ana Muñoz  la describe como una obra explicativa y descriptiva de referencia, que ilustra lo que pasa en el ámbito de la transformación social. Desde una perspectiva feminista de la economía, la experta matizó: “¿hay diferencia entre ‘asumir’ un trabajo voluntariamente y resignarse a hacer algunas clases de trabajos?”; sin olvidar que en España, hasta 1981, las mujeres necesitaban un permiso del marido para trabajar. Así, podemos decir que las líneas rojas de la economía feminista existen; sin perder de vista que es necesario romper con los espacios de opresión en el ámbito laboral.

¿Emprendimiento o inserción?


Por último, es evidente que los actores grandes dentro del ámbito de la economía social y solidaria son necesarios y deben ser visibles como actores económicos en conjunto; lo cual debe tenerse siempre en consideración si se busca generalizar una cultura de la responsabilidad y la rendición de cuentas. Para los expertos, este libro marca un cambio de etapa, pues ahora es necesario generar conversaciones transversales e identificar los retos surgidos de estas.

Ruben Suriñach apunta tres retos frente a los cuales debemos estar atentos al diálogo de los significados en los nuevos conceptos surgidos de la economía plural: en primer lugar está la escalabilidad de los proyectos (¿hasta qué punto estos son replicables y en qué dimensiones?); en segundo lugar, hay que prestar atención a la competencia que se puede generar entre distintos movimientos similares y a los obstáculos y oportunidades que esta representa; y por último, es preciso estar atentos a la tarea de conseguir una mayor participación en la propuesta de estas acciones de empoderamiento económico, para que su acceso no se limite solo a las clases medias y profesionales, y siempre procurando fomentar la hibridación de estas nuevas prácticas socioeconómicas.
____________________
Economies transformadores de Barcelona
Ruben Suriñach Padilla
Editorial Montaber
Barcelona 2017
187 páginas





[i]Método de intercambio de datos en red que permite el flujo de conocimientos de un modo abierto, descentralizado o no jerárquico.

06 diciembre 2017

Trebor Scholz en Tenerife Colaborativa

By re:publica from Germany - #rpTEN - Tag 2, CC BY 2.0, Link
Presentamos aquí la traducción de la conferencia de Trebor Scholz, introductor del concepto de cooperativismo de plataforma, quien asistió al encuentro Tenerife Colaborativa en Santa Cruz de Tenerife el pasado noviembre.


Para mí es estimulante venir a las Islas Canarias y encontrarme con este grupo numeroso de personas comprometidas con la construcción de un futuro más equitativo para el trabajo. Y me emociona también ver a tanta gente joven y a tantas mujeres. Hoy soy portador de  los saludos del movimiento de plataformas cooperativas. Este evento es la continuación de otros celebrados en Nueva York, Bruselas, Boulder, Milán, París, y en Toronto y Londres, entre muchas otras ciudades (pueden ver los videos e imágenes de nuestra última conferencia, The People’s Disruption, celebrada en el New School hace apenas dos semanas).

El movimiento del cooperativismo de plataforma interviene en un momento de crisis social en los EE. UU., cuando
el 94 % de los puestos de trabajo de la década pasada no fueron creados en la categoría de empleo. En 2016, más de 12 millones de trabajadores han ganado su sueldo mediante las plataformas digitales de empleo. Pero la mayor parte de ese trabajo es invisible, y quienes lo realizan son a menudo explotados y escondidos entre los algoritmos. En el largo plazo, a medida que más mercados laborales se pasan a Internet, vemos cómo la propiedad de los servicios en la nube y de las redes sociales se concentra cada vez más.


Hemos llegado a mucha más gente gracias a dos libros recientemente publicados, a las campañas en los medios como #BuyTwitter, inspiradas en Nathan Schneider, y las conferencias sobre trabajo digital que venimos organizado desde el 2009 en el New School. Y se han publicado innumerables artículos y ponencias sobre el tema. Se han puesto en marcha cooperativas de plataforma, y ahora tenemos pequeños grupos de trabajo sobre cooperativismo en Berlín, Tokio y Melbourne. (Pueden ver las sesiones estrella del evento The People's Disruption aquí)

Y debemos celebrar el éxito de nuestros esfuerzos, porque los trabajadores necesitan ese éxito. Como dijo Palak Sha en la conferencia People's Disruption: “¡Necesitamos alcanzar el éxito!”

En los próximos 40 minutos me gustaría, en primer lugar describir el contexto en el cual se origina el cooperativismo de plataforma para después presentarles un ejemplo, y finalmente, compartir unas reflexiones que espero les puedan ser de ayuda en el trabajo que ustedes realizan localmente.

I.
Si bien no se trata solo de la historia del Internet, todo empezó cuando los cuatro primeros nodos de la Red fueron conectados en 1969. Transcurridas tres décadas con una igualdad salarial relativa después de la Segunda Guerra mundial (especialmente si se era blanco), en 1972 los trabajadores americanos vieron que sus sueldos empezaban a estancarse si estos se ajustaban a la inflación. En 1989 se produjo la implosión de las repúblicas socialistas y los sindicatos de trabajadores empezaron su declive. El capitalismo perdió entonces a sus más fervientes contendientes, tanto interna como externamente. En 1995 la Red ya era conocida por todos, pero no fue hasta 2005 que se generalizó su uso en el trabajo por medio de Internet. Fue cuando Amazon introdujo su
plataforma de crowdsourcing, que se consiguió, como dijo el director Alex Rivera en su éxito de cartelera Sleep Dealer, “todo el trabajo sin el trabajador”.
Tras la crisis financiera de 2008, la economía colaborativa supo capitalizar la disposición de la gente a trabajar por menos dinero y renunciando a los derechos laborales garantizados bajo las leyes de EE.UU. sobre empleo justo. En sus inicios surgió una auténtica economía colaborativa preocupada por la manera de compartir los recursos y por la devastación ecológica: pensemos en Couchsurfing y Blablacar. Pero estas empresas fueron rápidamente secuestradas por la lógica extractiva del capital-riesgo que las obligaba a activar el turbo aspirador para extraer todo el valor de sus comunidades. Estas plataformas eran como objetos cuatridimensionales que se instalaban en un espacio tridimensional. Aplicando el acelerador, se adelantaban a los entes reguladores como si fueran fantasmas, y cuando los planificadores públicos empezaban a fijarse en ellas, ya habían entrado en su tercer ciclo de producción. La democracia es lenta, y en cambio, las tecnologías se mueven con una rapidez endiablada. Las startups extractivas nacidas de la economía colaborativa introdujeron el discurso y familiarizaron el idioma del P2P. Para poder vender sus servicios mediante las plataformas, se apropiaron de la contracultura de los años 60 del siglo XX y utilizaron el capital social de las cooperativas.

Como ha demostrado el politólogo francés Thomas Piketty, la desigualdad se ha incrementado en los últimos 40 años. Surgieron los “súper gerentes” con sus salarios astronómicos, mientras que el 90 por ciento restante veía cómo sus oportunidades en la vida
se reducían. Desde 1972, lo sueldos de los trabajadores americanos se han estancado mientras que su productividad individual no ha cesado de crecer. Bill Gates, Jeff Bezos y Warren Buffet poseen más riqueza que la mitad más pobre del conjunto de la población de EE.UU.

Y estos cambios económicos extremos también llevan a las personas a identificarse de manera diferente, a buscar una vía de escape. Algunas personas se aficionan a las drogas (como vemos con la crisis de los opiáceos que hay en ese país), pero otras se hacen activistas o tecnólogas o se dedican a construir alternativas económicas. Una parte de la población se ha convertido al nacionalismo que, al radicalizarse, se convierte en una amenaza para cualquier proyecto de democracia. Los cismas culturales se han acentuado aún más, como hemos visto en el caso del Brexit, donde la mayoría de británicos que residen fuera de los centros urbanos o en Escocia han optado por salir de la Unión Europea.


La desigualdad de los ingresos ha sido también un factor que ha contribuido al aumento de la xenofobia y el nacionalismo en toda Europa y en EE.UU. Solo hay que pensar en el 13 por ciento de alemanes que votaron por la agrupación neofascista AFD, hoy la tercera fuerza en Alemania.

Y junto a estos problemas, las tecnologías de la economía basada en la demanda aceleran el surgimiento de un neo feudalismo, en el cual se produce una cultura de servidumbre virtual que sitúa al 90 por ciento de personas al servicio del 10 por ciento que se encuentra en la cúspide.



Ante una crisis social como esta, yo estoy a favor de cualquier cosa que pueda mejorar la situación de las mayorías. Siempre y cuando el propósito sea ese, debemos alinearnos con cualquier movimiento que nos parezca bueno seguir en sus estrategias y tácticas: trabajar con los organismos reguladores y con los sindicatos
, y formular alternativas. Naturalmente, hoy vemos que hay una amplia alianza con las cooperativas de todo el mundo, con el movimiento de la economía solidaria, con los sindicatos, los grupos de inserción laboral, los planificadores, y en los movimientos de los  trabajadores independientes, del Código abierto y el software libre, así como en los Creative Commons.

II.   “Explicar un modelo de consumo diferente es mucho más real y revolucionario que todos los discursos abstractos acerca de los miles de millones que se han embolsado los monopolios y la necesidad de nacionalizarlos. (Gorz, 82)


En un artículo que escribí en 2014 sugerí que el ya casi bicentenario modelo económico cooperativista debería aliarse con la economía digital. Imaginemos un Uber que sea propiedad de sus conductores. Yo bauticé este marco intelectual como “cooperativismo de plataforma” (intenten decirlo rápido tres veces.) Para mí es como tener una brújula intelectual que nos oriente hacia una economía ética basada en la demanda y que esté comprometida con dos cuestiones centrales: 

1) Que la plataforma sea propiedad de los trabajadores o de los trabajadores más otras personas que tengan participación en la plataforma. Estas personas pueden ser usuarias o consumidoras. Se trata de tener el poder económico; hay que evolucionar desde un proyecto hasta conseguir un poder económico real. Y no podemos hacer cambios sustanciales en algo que no es de nuestra propiedad.

2) La plataforma debe ser gobernada de manera democrática, lo cual quiere decir que quienes más dependen de ella, tienen voz sobre lo que en ella ocurre. Y algo muy importante: con esta idea no se busca clonar empresas como Airbnb o Uber. No se trata de crear réplicas. Lo que sí hacemos es llegar al corazón del algoritmo de estas plataformas para introducir otro código basado en nuestros valores: los valores del cooperativismo. 

Las cooperativas de plataforma se distinguen por tener incorporado en su diseño los siete principios del cooperativismo. Me extenderé sobre este punto cuando les cuente sobre UpandGo.com. El modo de organización de la cooperativa es clave para las plataformas si estas quieren apostar por el apoyo económico, la autodefensa digital y la autonomía. Ello les permite ganarse la vida al mismo tiempo que contribuyen al bien general. El modelo económico del cooperativismo de plataforma tiene unas ventajas singulares si se las compara con las empresas emergentes financiadas por inversores.

Las plataformas cooperativas responden a los fallos del mercado en la reconomía on-line
Beneficios del modelo:
  1. Costes operativos y costes de retención más bajos
  2. Los ingresos por superávit son para los miembros
  3. El 80 % de las coops superan los primeros cinco años de vida (41 % en otros modelos de propiedad de empresa)
  4. Flujo monetario dentro de las comunidades locales
  5. La titularidad, la transparencia y el control impiden la explotación laboral
  6. El mayor compromiso de los usuarios impide tomar decisiones cortoplacistas
  7. Posibilidad de instituir una democracia de los datos

Uno de los hallazgos centrales del modelo es la importancia del codiseño inclusivo. El codiseño es lo opuesto al “modelo en cascada en el diseño del software” practicado en Silicon Valley, que es de carácter masculino, y construye la plataforma primero para luego salir a buscar los usuarios potenciales. Nosotros tenemos un enfoque más femenino para construir las plataformas; las personas que van a habitarla participan en el proceso de construcción desde el principio. Y también diseñamos para quienes son casos aparte: personas con discapacidad y otras personas que están en los márgenes, las que no tienen cabida en el diseño de software en serie que se practica en Silicon Valley. 


Hablemos de UpandGo
Tomemos por caso a UpandGo.coop, una plataforma diseñada en Nueva York que agrupa a varias cooperativas. Up and Go ofrece al usuario servicios
profesionales de limpieza realizados por mujeres inmigrantes de bajos ingresos que se organizan en cooperativas locales. La plataforma es en sí misma una cooperativa propiedad de las mujeres que hacen uso de ella, y que también la dirigen. Como propietarias, ellas deciden cómo ofrecer sus servicios al cliente. Las trabajadoras reciben el 95 por ciento de lo que ingresa la plataforma. Por ahora Up and Go es capaz de destinar solo el cinco por ciento de sus ingresos a las operaciones de la plataforma. Lo más importante es que estas cooperativas de plataforma están activando las áreas de desprotección laboral creadas por el trumpismo. Son una respuesta a los fallos del mercado y al extractivismo presente en la economía colaborativa. Siendo más ambiciosos, yo invitaría a pensar en el cooperativismo de plataforma como una “reforma no reformista”, como la describió en la década de 1970 el teórico francés André Gorz. Con ello reconoce que “no todas las luchas por implementar una reforma son necesariamente reformistas”. Gorz sostiene que “lo que define una reforma no reformista no es lo que puede ser sino lo que debería ser. Y para conseguir este objetivo se basa en la posibilidad de implementar cambios políticos y económicos”.

La cooperativas de plataforma son proyectos de transición que indican el camino hacia un futuro poscapitalista. Son alternativas económicas inmediatas que ofrecen el sustento material para que los trabajadores puedan instalarlas como un andamiaje hacia un futuro mejor. 

En Strategy for Labor, Gorz escribe: en lugar de una dicotomía entre el futuro y el presente —poder en un futuro e impotencia en el presente— deberíamos acercar el futuro hacia el presente, hacer que el poder sea tangible ahora,mediante acciones que confirmen la fuerza positiva del trabajador, su capacidad de medirse frente al poder del capital y de lograr imponer su voluntad sobre él”.



Up and Go es también una demostración de la fuerza positiva que tienen las trabajadoras a través de unas intervenciones bien diseñadas. Estas difieren de muchas maneras. Por ejemplo, Up and Go rechaza adoptar un sistema de reputación individual para sus trabajadoras. En Silicon Valley estamos tan habituados al relato de la innovación que a menudo olvidamos que los progresos tecnológicos son innovaciones que están más centradas en las ganancias a corto plazo para los accionistas que en el sostenimiento de la empresa o el valor de la comunidad. Necesitamos construir una riqueza generacional duradera que tenga impacto en nuestras comunidades. Hablando con los programadores y otros actores de Up and Go, me impactó saber que para ellos el principal desafío era de carácter más social que técnico. Querían que las diversas cooperativas estuviesen de acuerdo en trabajar con la plataforma y aceptar los pagos con tarjeta de crédito. Por eso fue importante ir más allá de las discrepancias del día a día; que hicieran suyo el proyecto y buscaran juntos una manera de conseguirlo. El cooperativismo de plataforma no es solo una intervención política y económica; también es un proyecto cultural. Y no se trata solo de la lucha por las estructuras organizativas. También hay que llegar a las raíces. En última instancia se trata de cambiar las actitudes de la gente.


Silicon Valley tiene su propia cultura. El cooperativismo de plataforma requiere una cultura propia que sepa dejar atrás la idea del súper trabajador competitivo, del homo economicus dispuesto a arrasar con la competencia. Ello daría paso a la figura de las personas cooperadoras, las que en ocasiones actúan en interés propio, pero en otras, están motivadas por la ayuda mutua y la cooperación. En gran parte nuestro trabajo consiste en darle forma a otro relato. Actualmente las trabajadoras de Up and Go son pocas: alrededor de 50 trabajadoras pertenecientes a tres cooperativas. Pero pienso que este ejemplo nos dice mucho acerca del potencial de las cooperativas de trabajo en la economía de plataforma. Son pocas las cooperativas de trabajo en EE.UU., y están alejadas unas de otras. En todo el país existen solo 400, y estas no han creado muchos puestos de trabajo. La gobernanza y la escalabilidad son retos claves. Pero las personas no se ponen de acuerdo entre ellas. Aunque las cooperativas parecen haberse topado con un techo de cristal económico, aún son capaces de crecer y acceder a fuentes financiación no tradicionales como la colaboración masiva (crowdsourcing), las ICO (ofertas iniciales de criptomoneda) y otros experimentos con el Blockchain. Las cooperativas de trabajo tradicionales no contaban con estas modalidades de financiación, según explica la investigadora laboral Juliet Schor en The People's Disruption. Hoy las cooperativas de trabajo tienen la posibilidad de ampliarse en la economía de plataformas.

Up and Go puede servirnos para iniciar un debate acerca del impacto económico que generan las cooperativas de plataforma. Las personas más dadas a apoyar al gran capital —como el economista Tyler Cowen— restan importancia a las cooperativas argumentando que su contribución al PIB es demasiado pequeña. Y en eso tienen razón. Desde el punto de vista de la economía, al menos, es cierto que en EE.UU. representan solo una pequeña parte del PIB. A pesar de que uno de cada tres estadounidenses son miembros de una cooperativa, algunas de ellas tienen un impacto considerable, como ACE Hardware, REI COOP, Ocean Spray, Evergreen Coops, Cabot Cheese, y por supuesto, The Associated Press (AP). En el ámbito internacional, tenemos el
Football Club Barcelona, al que le sigue la cooperativa Mondragon en Euskadi. (Vean la conferencia de Jim Kennedy, vicepresidente sénior de AP para estrategia y desarrollo corporativo, en The People's Disruption).

Pero para la mayoría de americanos estas cooperativas no son visibles en el día a día. Y eso en parte puede deberse a que estas instituciones no saben proyectar sus valores hacia afuera, o porque como cooperativas no son coherentes respecto a las condiciones laborales (pensemos: REI COOP es una cooperativa de consumo que no cuenta a sus 12.000 empleados entre sus asociados). Y en los estudios de administración de empresas en EE.UU,
salvo en contadas excepciones, no se imparte conocimiento sobre las cooperativas. Pero Cowen está cayendo en la trampa de lo que el autor Chip Ward denomina la “tiranía de lo cuantificable” (en la que todo aquello que se mide casi siempre va por delante de lo que no). Las cooperativas de plataforma, y por supuesto, las cooperativas tradicionales, crean beneficios de muchas maneras y estos no se pueden medir; y es precisamente este valor entre iguales, el valor creado a largo plazo para la comunidad, el valor creado entre las personas refugiadas y las poblaciones inmigradas y sus respectivas familias y parientes, el que debe ser explicado.

El ciberimperio sigue expandiéndose
Los “cinco gigantes” captan más de la  mitad del tráfico total en Internet. El fenomenal poder de las plataformas de Apple, Microsoft, Facebook, Google y Amazon da un vuelco definitivo en las asimetrías de poder que existen entre los usuarios y los dueños de las plataformas. Y especialmente si consideramos la manera en que el poder queda amplificado a través de las múltiples interconexiones existentes entre los distintos servicios web, la inteligencia artificial, el Internet de las cosas y las Smart Cities, las aplicaciones de móvil y los servicios en la nube. Y en momentos en que la Comisión Federal para las Telecomunicaciones de EE.UU. (FCC, en inglés)
tiene previsto revocar la neutralidad en la Red, se hace urgente pensar en alternativas como la nube cooperativa. Port ejemplo, MiData.coop, una plataforma cooperativa suiza, tiene planes de federar el almacenamiento cooperativo en la nube para hacer más fácil compartir los datos sanitarios entre pacientes.

¿Y qué implicaciones tiene esto para nuestras prácticas?
Yo llegué hasta aquí en un vuelo desde la ciudad de Nueva York. No voy a fingir que sé algo sobre las Islas Canarias, este territorio frente al litoral del Sáhara. Pero sí conozco el proyecto
Made in Canarias del equipo de Pablo y la Red glocal de cooperativas de plataforma. Existe un buen número de cooperativas y de asociaciones que tienen planes de convertirse en cooperativas. Aquí la tasa de desempleo es del 28,3 %, lo que la sitúa por encima de la Península. El 34 % de las mujeres no consiguen  trabajo. Y apenas el 10 % de los productos de alimentación son producidos localmente. Y aunque yo haya aterrizado a estas islas
en un helicóptero, tengo tres sugerencias que hacerles. “Si lo construyes con ellos, se quedarán”. Como reza el dicho: “Si construyes algo, ellos vendrán”, pero “Si lo construyes con ellos, se quedarán”. El diseño de estas plataformas debe incluir a todas las partes interesadas (por ejemplo, diseñadores, trabajadores, posibles usuarios, financiadores, planificadores públicos). Las personas más tocadas por un problema son las más cualificadas para resolverlo.

Codiseño
El codiseño inclusivo es una respuesta al
modelo en cascada característico del diseño de software. Esto es un proceso ágil que se basa en pequeños éxitos. La tecnología es un proceso social. Hay tanto entusiasmo hoy  por la cadena de bloques (blockchain), la inteligencia artificial y todas las oportunidades que estas ofrecen. Hay algo tremendamente importante en las tecnologías blockchain. Pero cuando analizamos lo que puede hacer blockchain ahora mismo, todo parece confuso aún. Y para verlo no necesito ser un creyente del blockchain que te da su tarjeta. Como he ilustrado con el caso de Up and Go, en el proceso de codiseño de las plataformas,  los aspectos sociales son cuando menos tan importantes como los aspectos técnicos. “La producción es el medio y el hombre es el fin”, como dijo André Gorz. Históricamente, esto se hizo evidente al introducirse el protocolo TCP/IP de Internet. Vint Cerf y Bob Kahn, los inventores del protocolo TCP/IP, se pasearon por todas las instituciones, tocando a sus puertas para convencerlas sobre el uso de su protocolo. La tecnología es un proceso social.


Crear ecosistemas para el beneficio mutuo
Lo siguiente es pensar en la creación de ecosistemas de beneficio mutuo. ¿De qué maneras puede una cooperativa de alimentos ayudar a las cooperativas de vivienda? ¿Cómo puede el sindicato apoyar a la cooperativa agrícola y de qué forma podría la cooperativa de taxis generar ganancias para una asociación de trabajadores de servicios? Les sugiero que estudien el proyecto de Howard Brodsky, “
Cooperatives for a Better World“. Además les recomiendo especialmente que conozcan a SMart, una cooperativa de riesgo mutuo que actualmente opera en nueve países de Europa creando beneficios para los trabajadores independientes. 


Contribuir con los Comunes
Mi siguiente consejo es que inviertan de todo corazón en los comunes. Estamos viendo cómo las inversiones en los comunes se están expandiendo por las cooperativas de plataforma, y que muchas están compartiendo su código fuente en Github.

Centrarse en los mercados de demanda
Empiecen por donde no sea necesario tener una estrategia comercial elaborada, ya que sería muy difícil competir con el volumen de empresas como Uber o Airbnb. Es importante ser estratégicos y empezar por los sectores en los que hay mayor demanda que oferta, como en los servicios socio sanitarios o lo servicios en el hogar. En las próximas décadas van a requerirse millones de trabajadores sanitarios en el mundo. Y los mercados laborales del cuidado de niños, de la atención en el hogar, y los servicios de despacho de comidas, limpieza y entrada de datos están adoptando Internet. Se impone a los trabajadores unas condiciones de trabajo agotadoras y estos no tienen la posibilidad de destituir a los directores generales. Esta es un área en la que el
Platform Cooperativism Consortium de Nueva York va a concentrar sus esfuerzos para avanzar.

Necesitamos personas expertas y constructoras de plataformas y de cultura. Necesitamos personas constructoras. Necesitamos personas prácticas e idealistas. Pero necesitamos también a las universidades. Y con ello no estoy diciendo que los investigadores van a poder establecer qué modelo de plataforma cooperativa va a tener éxito en cada país (¡ojalá fuera tan fácil!). Pero los expertos sí pueden explorar a fondo en los orígenes intelectuales del cooperativismo de plataforma. André Gorz sería un buen comienzo. En segundo lugar, esto va de etnografía y trabajo de campo. Y por último, también tiene que ver con la teoría de las organizaciones (es decir, con el análisis de la gobernanza). Para ello será necesario tener estudios de caso (lo que funcionó y lo que no).

Pero nada de esto es suficiente.

Es necesario centrarnos en cuidar el sentimiento generado en un proyecto compartido, que nos mantengamos firmes en nuestros compromisos principales, y que al mismo tiempo permitamos perspectivas diversas y miradas diferentes sobre lo que puede hacerse con este modelo de cooperativa de plataforma, y sobre cómo debe ser diseñado y utilizado. Esto lo dijo Jutta Trevanius en People's Disruption: “si podemos mantener [el cooperativismo de plataforma] en un estado de impermanencia e incompletez, más y más gente se sentirá llamada a ayudar”.
En primer lugar queremos la participación. En segundo lugar queremos el codiseño. Y por último, queremos la diversidad en las prácticas.

[Reproducido con Licencia P2P AC NC SA y publicado originalmente en inglés en la web del Platform Cooperativism Consortium, 24/11/2017]
 
⧫⧫⧫ 


Libros de Trebor Scholz 

          • Introducción al Cooperativismo de Plataforma, aquí en español