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23 junio 2020

Sobre arte, activismo y espacio público


Un resumen comentado de las ideas y reflexiones ofrecidas por Avram Finkelstein del Colectivo Gran Fury y miembro de ACT UP Nueva York

El espacio público ha sido el lugar idóneo para desarrollar las estrategias de comunicación que impulsan las más diversas causas sociales y políticas en democracia. Por supuesto, cuanto más obstáculos a los derechos fundamentales, mayor ha sido el riesgo de ver censurado el mensaje de una campaña, ya sea en los medios o en la calle; ello obliga a aplicar más ingenio en las tácticas empleadas. Evadir la represión es conseguir colocar el mensaje en la esfera pública con el fin de lograr los cambios sociales, económicos o políticos que se reclaman.

Han transcurrido tres meses desde que la pandemia del SARS-CoV-2 pusiera al planeta entero en emergencia sanitaria. A pesar de las restricciones a la movilidad de las personas, diversos movimientos continúan expresando su malestar frente a las diversas emergencias que parecen agravarse en tiempos de pandemia: Extinction Rebellion y su llamado a responder a la emergencia climática y ecológica; Black Lives Matter que exige poner fin al racismo institucional o la convocatoria #Niunamenos de lucha contra el feminicidio.

Los brotes simultáneos de la Covid-19 en el mundo han revelado la fragilidad de los sistemas de salud pública y su capacidad de hacer frente a un reto sanitario de dimensiones globales. No hay país que no haya enfrentado problemas en su infraestructura hospitalaria o en la creación de equipos de detección, preparación y respuesta a la pandemia desde la salud pública. A ello se añade la urgente necesidad de crear capacidades para seguir adelante con la investigación en pruebas diagnósticas, tratamientos y vacunas del coronavirus.

A inicios de mayo, se concretó un esfuerzo internacional en el marco del sistema de Naciones Unidas que permitirá obtener el acceso mancomunado a las tecnologías para hacer frente a la Covid-19. La iniciativa es imprescindible y del todo coherente con los acuerdos por conseguir a nivel mundial los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030.

Activistas convocados por el Center for Artistic Activism (C4AA) y la Alianza de Universidades por los Medicamentos Esenciales (UAEM) han creado la campaña Liberar la vacuna para la Covid-19. La iniciativa cuenta con más de 300 activistas a nivel mundial con un objetivo ambicioso: conseguir que todas las tecnologías de diagnóstico, tratamientos y vacunas para el coronavirus que sean financiadas con dinero público tengan un precio asequible para los sistemas de salud y estén disponibles y suministradas sin coste alguno en el mundo entero.



Los organizadores de la campaña entrevistaron a Avram Finkelstein para conversar sobre colectivos de activistas y campañas públicas. Finkelstein fue uno de los fundadores de ACT UP, creada en Nueva York en 1987 como una organización de base comunitaria (ACT UP en español significa 'actúa', pero es a la vez el acrónimo de ʻAids coalition to unleash powerʼ - coalición del Sida para liberar el poder). El colectivo artístico Gran Fury también fue parte del activismo de esa época, como creadores de los carteles y las campañas más impactantes en las dos primeras décadas de lucha por la información y prevención del VIH/Sida, los tratamientos y los derechos del paciente en EE.UU.

A inicios de la década de 1980 aparecieron los primeros casos del entonces desconocido virus del SIDA en EE.UU. A medida que se fue haciendo conocida la alta letalidad y mutabilidad del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y sus formas de transmisión, las comunidades LGTBI — las más diezmadas por el virus — se organizaron en diversas ciudades del mundo con el fin de frenar la pandemia.

Desde entonces 35 millones de personas han muerto por causa del Sida desde 1981. Aunque hoy en día existen tratamientos inhibidores del VIH, todavía son muchos los países que luchan por el acceso a los medicamentos y tratamientos en sus sistemas de salud. Hasta la fecha no se ha conseguido crear ni fabricar una vacuna que prevenga la infección por VIH aunque hoy se puede conseguir una carga viral indetectable en las personas seropositivas.

Finkelstein compartió sus reflexiones sobre lo que él denomina la «producción cultural colectiva» en el activismo artístico. Para ello se centró en los carteles que formaron parte de campañas más extensas los años 80 y 90, encaminadas a lograr políticas públicas específicas en el ámbito de la salud: 'SILENCE = DEATH' (silencio = muerte), 'Enjoy AZT' (disfrute AZT) y 'Women don't get AIDS - They just die from it' (las mujeres no contraen el Sida, solo se mueren de él) .

Participaron en la conversación Steve Lambert, Rebecca y Merith Basey, impulsores de Free the Vaccine Covid-19.

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Para entender la forma en que un colectivo puede crear mensajes directos que inciten a la acción o despierten la conciencia), es preciso detenerse en el «cerebro colectivo» del grupo y en sus procesos colaborativos.

La escucha es tanto o más importante que la elaboración del mensaje propiamente dicho. Escuchar quiere decir entender cómo es el lenguaje corriente o llano; y ser capaz de reproducirlo en los mensajes que se busca difundir. La escucha atenta a lo que el colectivo diga en su proceso participativo nos permite entrever el mensaje. Y este puede surgir como un chispazo de ingenio, o bien como una frase de apariencia anodina pero significativa, rechazada o aplaudida por el grupo.

Por otro lado, los espacios públicos son el equivalente físico al diálogo civil: no solo se trata de emitir mensajes sino también de escuchar lo que dice la calle. En el espacio público se presupone la existencia de un público que escucha, y por eso se espera que éste responda a los mensajes lanzados, aunque ello no sea tan evidente de primera mano.

Para Finkesltein, «la escucha es también la clave de la producción cultural. Para que exista la colectividad, tiene que producirse primero un acto de equilibrismo en la cuerda floja que comporta saber cuándo hay que escuchar y cuándo posicionarse. Para entender cómo debemos construir un mensaje, se necesita tener el oído afinado».

Codificar las imágenes


Existen mensajes que pueden ser complicados de trasladar por el tipo de palabras que se emplean. En esos casos, la imagen codificada puede facilitar la comprensión del mensaje. Para describir este proceso, Finkelstein toma el ejemplo del cartel de campaña 'Enjoy AZT' (disfruta AZT) creado en 1988. Fue ideado para asemejar un anuncio que «ocupaba» la marca comercial de la Coca - Cola. La idea era explicar las complejas formas de acaparar riqueza que tiene la industria farmacéutica. Al mismo tiempo, el cartel reflexionaba sobre la eficacia del medicamento (se sabía que funcionaba solo en un 50 % de los pacientes, que era muy tóxico y tenía serios efectos secundarios).


Analizado en retrospectiva, Finkelstein considera que 'Enjoy AZT' no era un anuncio lo suficientemente fuerte para el espacio público: «Ocupábamos la marca de la bebida, pero en ese tiempo las compañías farmacéuticas no podían anunciarse en espacios comerciales. Por tanto, la historia del mensaje era doblemente compleja... porque los anuncios de medicamentos eran una novedad en el discurso público».

El cartel también incluía un texto en letra pequeña, en forma de réplica a la imagen: IS THIS HEALTH CARE OR WEALTH CARE? (cuyo mensaje en español se traduciría como: ¿cuidar la salud o cuidar la riqueza?). Al estar escrito en lenguaje llano, el público lector podía acceder a datos específicos de por qué el AZT debía importarles, y de cómo este podía afectar sus vidas.

Para ello se evitó el uso de cualquier clase de argot empleado en los ámbitos la política, la academia o la organización de campañas. «Es muy importante que el texto de cualquier campaña vaya siempre escrito en lenguaje llano», señala.

Rememorando las circunstancias de las revueltas ocurridas en 1988 en el East Village de Nueva York, Finkelstein opina que su colectivo no detectó el largo aliento que podían tener las campañas. Pero otras patrullas de activistas se dedicaron a coleccionar una serie de carteles colocados en calles y edificios para llamar la atención sobre los múltiples problemas que se vivían localmente. Además de las personas con VIH, estaba la situación de los usuarios de drogas inyectables, de las personas sin techo, los desplazados y el imparable avance de los proyectos de gentrificación inmobiliaria en Manhattan. Muchos de los integrantes de ACT UP vivían en ese mismo barrio.

Toda una generación de fotógrafos se dedicó a documentar los grafitis que la gente añadía a los carteles. Los activistas escucharon esos comentarios para afinar sus mensajes, mucho antes de la invención del muro de Facebook y otras redes sociales. Y en toda esa efervescencia que contenía denuncias y llamados a la acción, la clave parecía residir en elaborar mensajes universales en un lenguaje llano; llamar la atención sobre algo que formaba parte de un problema social más amplio.

El logo 'SILENCE = DEATH', que ilustra el histórico cartel de sensibilización sobre la pandemia del Sida, es un ejemplo de cómo, varias décadas después, la gente sigue utilizando el signo de igualdad (=) como una forma abreviada de lenguaje en el espacio público. «No sé si se nos ocurrió a nosotros primero, pero sí puedo decir que la idea de crear equivalencias morales de una manera visualmente compacta fue nuestra. Entonces decíamos, medio en broma, que habíamos creado la versión años ochenta de las 'caritas felices' (el smile o happy face del arte Pop americano de los sesenta). SILENCE = DEATH tiene un icono (el triángulo rosa que identificaba a los homosexuales en la Alemania nazi) y un mensaje. También contiene una réplica y un llamado a la acción».

El pie del cartel contiene cosas muy específicas, y además, prepara el terreno para el siguiente cartel, en una serie de tres, que era una invitación a la revuelta durante las elecciones al Congreso en 1988. Y fue por esa razón que nuestro trabajo se hizo de manera anónima. Pero al poco tiempo apareció ACT UP y empezamos a trabajar en coalición. En nuestras conversaciones combinábamos los temas del racismo, el sexismo y la homofobia. Y también se insinuaba el tema del genocidio».

Cada trabajo debe se considerado como una frase que da inicio a una conversación social más amplia. Es lo que permite que haya espacio para moverse y que tenga una mayor duración.


La narración en el contexto del capitalismo


En cualquier sociedad democrática, la esfera pública ha sido tradicionalmente el espacio para el relato. El uso de los espacios sociales y la dinámica que se crea en ellos ha sido objeto de estudio para los historiadores. Y en la fase tardía del capitalismo en que hoy nos encontramos, el relato se usa para vender productos, reputaciones y políticos.

Aquí cabe apuntar que en la era de la posverdad instaurada en nuestra sociedad de la información digital, se encuentra el poder que maneja los medios de producción de verdad en base a los denominados «hechos alternativos». Este puede preparar el terreno abonado con mentiras para influir con su propaganda en la opinión pública y hacerla maleable a sus intereses. Hoy son aún más vigentes que nunca las preguntas con las que Hannah Arendt abría sus reflexiones sobre verdad y política en 1967:

¿Qué clase de realidad puede atribuirse a la verdad, si esta es impotente en el ámbito público, el cual, más que ninguna otra esfera de la vida humana, garantiza la realidad de la existencia a los hombres que nacen y mueren?[...] ¿acaso la verdad impotente no es tan despreciable como el poder que no presta atención a la verdad?


El cartel de 'Women don't get AIDS'

Foto: Timothy P. Karr
«Este cartel fue producido en 1991. Es un buen ejemplo de lo importante que es tener una frase inicial para captar el tiempo suficiente la atención del público — algo que no siempre se consigue. Además, el texto está en lenguaje llano y es muy fácil de entender, lo cual hace que el lector reflexione: ʻ¡Oh, Dios mío! Esto no lo sabíaʼ. No se pretende hacer un análisis científico de los datos que justifican la necesidad de producir el cartel. El texto solo explica de una manera sencilla que existe un sesgo de género, tanto en la investigación científica como en el desarrollo de los medicamentos... y todo esto mientras alguien lee el cartel que está pegado en el paradero de su autobús. Ese es el objetivo. ¿Pero cómo se hace? ¿Cuál es el ʻganchoʼ?

«A continuación viene un texto expositivo que describe la complejidad del problema en dos o tres frases. Lo suficientemente claro y conciso para entender cómo les afecta esta cuestión.

«El cartel formó parte de una campaña desarrollada en múltiples facetas durante 4 años. Hay que pensar que todas las acciones previstas están relacionadas con esto. No fue solo el cartel lo que consiguió el objetivo de hacer que se cambiara la definición médica del VIH/Sida. Quienes consiguieron el cambio fueron las miles de personas que trabajaron durante años en la campaña. Y el cartel era un elemento explicativo más que hacía pública una realidad.


Al elaborar una imagen, lo que debe hacerse primero es definir el público receptor; lo segundo es definir la historia que les vamos a contar.


«El comité de mujeres de ACT UP en Nueva York había documentado una serie de realidades sobre el impacto del VIH en la población femenina. Pero el Centro de Control de Enfermedades (CDC, en inglés) no estaba incluyendo en su definición del Sida las manifestaciones de supresión de las defensas que afectaban comúnmente a las mujeres. Y así transcurrieron 12 años desde que se iniciara la pandemia. Tampoco se incluía a las mujeres en los ensayos clínicos ni se les hacía seguimiento en el sistema sanitario. Se pensaba que las mujeres no se infectaban con el virus.

«El comité de mujeres publicó un manual sobre mujeres y Sida, Women and Aids, y después una Agenda para la investigación y los tratamientos del VIH/Sida. Estos informes hicieron una crítica contundente de los principios de vigilancia epidemiológica que por entonces se manejaban en el CDC».

El colectivo como fuerza impulsora del cambio social


«La acción colectiva fue la que obligó al CDC a extender la definición del Sida. Con ello las mujeres y los usuarios de drogas intravenosas fueron incluidos como poblaciones afectadas. ACT UP entabló una demanda colectiva contra el Seguro Social en representación de las mujeres que no habían obtenido una indemnización al no ser reconocidas como enfermas de Sida. La demanda fue suscrita por el Colegio de médicos de EE.UU. (AMA, en inglés) y se hizo presión con una carta de adhesión que fue publicada en un anuncio a página completa en el New York Times.

«También es colectivo el pensamiento que impulsa las campañas. Las propuestas de campaña no se presentan como una maqueta o bosquejo que debe ser aprobado o rechazado por alguien. Hay un proceso de elaboración grupal que incluye un momento en el que se hace una lluvia de ideas — pero sin obsesionarse con ninguna idea en particularʼ, puntualiza Finkelstein. Se trata de mantenerse receptivos a lo que dicen los demás, de escuchar atentamente.

«Nos han educado a pensar en el espacio público como una instancia declarativa, cuando en realidad deberíamos pensar en cómo ese espacio nos interpela».

En tal sentido, el trabajo en equipo, las colaboraciones entre colectivos distintos, son importantes, pero también requieren un análisis crítico. Por ejemplo, el colectivo Gran Fury había sido una comisión de trabajo abierta dentro de ACT UP. En el primer proyecto había 50 personas trabajando que entraban y salían en cualquier momento. A la larga, el trabajo como comisión se hizo inviable por la dificultad para tomar decisiones. Sin embargo, Finkelstein reflexiona con satisfacción sobre el alto poder de comunicación que consiguió su grupo, y la efectividad de las dinámicas aplicadas en las reuniones de trabajo.

«Por ejemplo, la lluvia de ideas y el enfoque en la escucha al poner las ideas sobre la mesa. El trabajo empieza cuando se tiene todo dicho y cada participante se deja empapar por las ideas, algunos toman notas y empieza la labor de edición. El colectivo debe trabajar como un organismo en el que cada integrante tiene su función. Sin embargo, el desorden es también parte de cualquier trabajo creativo, o incluso de las tareas del activismo. Y no hay que asustarse ante la perspectiva del fracaso».

Un elemento de cohesión para el trabajo del activismo creativo es que los miembros del colectivo se consideren como parte de una familia en la que todos están involucrados en la construcción de un texto. También es posible poner en práctica el «cross-editing» en que, agrupadas en parejas, las personas se revisan mutuamente el texto o la frase que se les ha ocurrido. Luego se vuelve al grupo y se comparte. También sirven los grupos de tareas concretas, que después deben comunicar lo realizado a todo el grupo para tomar una decisión como colectivo.

La democracia interna del colectivo


Se puede seguir el consenso general cuando hay desacuerdo entre los miembros. Es un consenso más informal. Pero también se debe pensar en las estrategias de votación. Y estas deben ser acordadas en el momento en que el grupo inicia su actividad.

Los votos o sondeos por mayoría, si son a mano alzada, pueden ser problemáticos para las relaciones comunitarias; algunas personas podrían resistirse a revelar su opinión personal. Sin embargo, la mano alzada funciona para personas con menos compromiso en el grupo. Este es el caso de quienes solo participan en algún aspecto concreto del proyecto. Hay que tener en cuenta que los niveles de participación pueden ser variables aunque exista un compromiso general con el proyecto.

El voto por mayoría presenta algunos problemas cuando hay diferencias de poder; cuando una minoría es excluida por un grupo mayoritario. Y por supuesto, siempre es mejor que el número de participantes en el colectivo sea impar.

Algunas alternativas para evitar los diferenciales de poder son: el voto múltiple o por preferencia, que permite proceder por reducción de opciones en los supuestos que se discuten. Esta votación ayuda a adoptar una decisión de una manera más rápida cuando se producen tensiones acerca de un contenido concreto.

Por último, se puede recurrir a las votaciones por vueltas, en la que las opciones que alcanzan la puntuación más alta vuelven a votarse.

Steve Lambert propuso una modalidad adicional, recogida en una experiencia propuesta por Mabel De Gries en otro colectivo de activismo artístico de San Francisco: el derecho a reclamar una «voto apasionado». Cada persona tiene la posibilidad de proponer una votación adicional que puede incluso anular un Sí o un No previamente votado. No es obligatorio proponerlo, sino como recurso cuando alguien piensa que el grupo está adoptando un camino errado. Solo debe usarse en un grupo cohesionado donde exista confianza mutua.

06 mayo 2020

El conocimiento biomédico como bien global de la humanidad

La emergencia del coronavirus actualiza el debate sobre la vigencia de un sistema de innovación que choca con las prioridades y la sostenibilidad de la salud pública 

 


Aplicación de la vacuna de la meningitis A (Foto: Rodrigue Barry OMS)

El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la pandemia del coronavirus SARS_CoV-2. Para entonces, el virus ya se había propagado desde su origen, en China, seguido de los brotes epidémicos en Europa tras su paso por Irán. Asimismo, empezaron a llegar noticias de los primeros casos de contagio en América del norte y del sur. 

Pocos días después, el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada, envió una carta a la OMS, en la que proponía la creación de una «reserva de patentes a nivel mundial para la covid-19», señalando la importancia de disponer de «un repositorio del conocimiento existente en relación con las pruebas de diagnóstico, los dispositivos, medicamentos o vacunas» para hacer frente a la pandemia de Covid-19.

La propuesta del presidente Quesada se inspira en la reserva de patentes Medicine Patents Pool (MPP), formada en 2010 con el respaldo de la ONU. La MPP tiene como objetivo facilitar el desarrollo de medicamentos para la TB, el VIH y la hepatitis C e incrementar su disponibilidad a precios asequibles para los países de ingresos medios o bajos. También han expresado su respaldo a la carta de Costa Rica: DIME, el mecanismo regional de datos para tomar decisiones informadas en el abastecimiento de medicamentos en América Latina, y las ONG de gestión del conocimiento y datos digitales Knowledge Ecology International (Canadá y EE.UU.) y Commons Network (Unión Europea).



Las claves económicas y políticas del alto coste de los medicamentos:1. Las presiones financieras para incrementar los precios; 2. El poder de monopolio, que los fija por encima del precio que pueden asumir los sistemas de salud


Un artículo publicado por Commons Network después de conocerse la propuesta de Costa Rica a la OMS explica cómo la pandemia ha hecho visible el conflicto existente entre el negocio biomédico y la salud pública:

«Son muchos los países occidentales en los que la respuesta al [corona]virus ha puesto en evidencia lo vulnerables que son nuestros sistemas de salud pública y otros sectores esenciales de la sociedad. Pero sobre todo, ha quedado expuesto el pésimo estado del sistema de la ciencia biomédica y el papel que en él juegan las compañías farmacéuticas:

  • En los Países Bajos, por ejemplo, los hospitales no disponían de suficientes kits de diagnóstico porque la compañía ROCHE, la mayor fabricante de productos de biotecnología, se negó al principio [de la epidemia] a compartir la fórmula que permite realizar estas pruebas.
  • En los EE.UU., el secretario de salud de la administración Trump en la respuesta al coronavirus, Alex Azar, advertía en un comunicado que el Gobierno no podía garantizar que una posible cura para la covid-19 fuese asequible para todos, pues lo único que impulsa esa clase de innovación es la expectativa de obtener grandes beneficios.
  • La carrera por conseguir la vacuna se ha retrasado entre dos y tres años debido a que, en muchos países, las compañías farmacéuticas han puesto a la venta sus instalaciones para la investigación. Y las empresas que aún tenían la capacidad, redujeron sus equipos de investigación porque consideraban que el proyecto no era un buen negocio .
  • Hace unos años, los científicos estuvieron muy cerca de conseguir la vacuna, hasta que se agotaron las fuentes de financiación.
  • Para los analistas financieros AB Bernstein de Wall Street, el mercado de las vacunas es considerado como un oligopolio. Pero al quedar interrumpidos los programas nacionales de investigación en enfermedades infecciosas, la mayoría de las empresas dejaron de invertir en este campo, según explica Bernard Pecoul de la Iniciativa por los medicamentos de enfermedades olvidadas 
  • En Francia hubo un debate sobre por qué el precio del kit de diagnóstico del coronavirus debía ser de 135 euros cuando su coste de producción es de solo 10 euros. Son muchas las personas que se han preguntado si detrás de la poca disponibilidad de pruebas diagnósticas y la decisión de no realizar más pruebas durante la epidemia en muchos países de Europa, existen razones económicas. 

Hospital universitario La Charité de Berlín, donde se desarrollaron los primeros tests de diagnóstico PCR con protocolos compartidos en código abierto. Foto: Jean-Pierre Dalbéra / CC BY



Haciéndose eco de la propuesta de Costa Rica, la OMS anunció la creación de un Acelerador para el acceso a las herramientas contra la Covid-19. Estas deberán ponerse a disposición en calidad de «bienes públicos mundiales», según señaló el secretario general de la ONU António Guterres. 

El 4 de mayo se hizo pública la formación de una alianza internacional de países comprometidos a reunir los fondos que se requieren para el desarrollo de tecnologías diagnósticas, tratamientos y vacunas de la Covid-19. Se consiguieron 7 700  millones de euros como fondo inicial para esta respuesta mundial, ofrecidos por Noruega, Italia, Alemania, Francia y la UE. Posteriormente se añadieron Japón, Canadá, Reino Unido, España, Jordania y Arabia Saudí (como país encargado de la secretaría del G-20).

Tal como señalaba el artículo de Commons Network: «Cada vez más personas están tomando conciencia de que la carrera por encontrar una cura y una vacuna para la covid-19 se ha retrasado mucho debido a que tenemos un sistema que opera en base a los incentivos de mercado y los monopolios creados alrededor de las patentes. En vez de blindar el conocimiento esencial, las empresas podrían trabajar conjuntamente, compartiendo los resultados de sus investigaciones y los nuevos conocimientos.

 
«La industria farmacéutica se guía por los beneficios y las exigencias de sus accionistas. La investigación y el desarrollo (I+D) que se necesitan para crear las vacunas y los tratamientos está organizada en régimen de monopolio. El sistema de patentes y licencias [de fabricación] está ajustado de manera que genere el máximo de riqueza para unas pocas corporaciones que facturan miles de millones de euros por sus productos. El sistema de abastecimiento de los medicamentos no se guía por las prioridades de salud pública sino por los beneficios que éste genera en una lógica puramente capitalista», señalan los expertos de Commons Network. 


La actual crisis del coronavirus nos revela un modelo de investigación biomédica averiado que requiere un cambio de paradigma
 
Según el equipo de expertos de Commons Network, «la idea de crear un repositorio de conocimiento de datos, patentes y licencias de la covid-19 permitiría acelerar las tecnologías sanitarias, tan necesarias en estos momentos, y estimular su acceso público».


 ¿Un modelo de innovación fallido?


Un informe sobre políticas del Instituto para la Innovación y la Utilidad Pública publicado en 20181 por el University College de Londres, dio a conocer su diagnóstico sobre el actual sistema de innovación en salud bajo el régimen de patentes y derechos de propiedad intelectual.

El grupo de investigadores en política pública, economía e I + D y expertos de organizaciones de salud global encontraron «un sector farmacéutico que se orienta hacia las ganancias antes que a las prioridades de la salud pública, y que tiende a establecer unos precios altos con el fin asegurar el rendimiento a corto plazo para sus accionistas». En su informe revelan que el alto precio de los medicamentos está ocasionando graves problemas de acceso para los pacientes a nivel mundial, lo cual tiene consecuencias perjudiciales para la salud y el bienestar de las personas.

Pero su diagnóstico va más allá todavía, pues advierten que existen «síntomas» que indican que estamos ante «un modelo de innovación averiado». Por esta razón, el estudio propone una serie de principios que dé lugar a un nuevo modelo de innovación en salud, incluyendo algunos arreglos que podrían hacerse sobre la marcha, pero también aspirando a ofrecer medidas de política pública para ser implementadas en el largo plazo; unas medidas cuyo objeto sería la creación conjunta en la formación de un sistema de salud que cumpla con el cometido de crear valor público.

Al analizar las prioridades de la Investigación y el Desarrollo (I+D), los expertos encontraron que éstas no se rigen por las necesidades en salud pública; se favorece más bien el desarrollo y la comercialización de medicamentos de imitación, lo cual reduce la investigación de tratamientos pioneros que son los más requeridos por las enfermedades que prevalecen en los países en desarrollo.

El informe señala, asimismo, la falta de transparencia y las dificultades para la colaboración en el ecosistema de la innovación biomédica. Aún cuando los derechos de propiedad intelectual (DPI) deberían ser considerados como un incentivo para la innovación, lo cierto es que cada vez se hace más difícil obtener licencias sobre las patentes; éstas ya no se limitan al sector de aplicación de las innovaciones y actualmente se otorgan extensiones a los DPI con demasiada facilidad. Actualmente, las reivindicaciones amplias de patentes representan un obstáculo para el aprendizaje, la difusión y la colaboración dinámica.


Por otro lado, si los precios de los medicamentos se fijan sin límite por lo alto, esto se debe a que no hay ninguna protección en el actual sistema de I+D para que estos sean asequibles a todos los pacientes que los requieran. Existe un monopolio de las patentes que anula la competencia comercial y a libertad a las compañías para regirse por el precio fijado por el mercado.


Por último, está la cuestión de la política cortoplacista y la financiarización de la industria farmacéutica. Al centrarse en obtener el máximo rendimiento financiero a corto plazo, las compañías recurren a la recompra de su propias acciones en el mercado financiero, logrando así un incremento en el valor de su participación accionarial. De este modo se consigue la captura de valor para el accionista, lo cual está ocurriendo a expensas de los avances en la salud y del interés público.


La reserva de patentes de medicamentos de MPP

La pandemia del coronavirus constituye una oportunidad para que la humanidad actúe de manera solidaria, haciendo que esta crisis sirva para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Desde el 3 de abril de 2020, la MPP ha extendido temporalmente su mandato con el fin de  incluir cualquier tecnología sanitaria que pueda contribuir a dar respuesta a la Covid-19 a nivel mundial.

La MPP tiene experiencia en facilitar el acceso a medicamentos y tecnologías médicas a través del mecanismo de licencias voluntarias; sus conocimientos en propiedad intelectual y licencias podrán ser aplicados en la identificación de productos y tecnologías con patentes que sirvan en la lucha contra la Covid-19, y asimismo, ponerlos a disposición de quienes más los necesiten.



1UCL Institute for Innovation and Public Purpose (2018) ‘The people’s prescription: Re-imagining health innovation to deliver public value’ [La receta del pueblo: repensar la innovación en salud desde el valor público], IIPP Policy Report, 2018-10. London: IIPP, Global Justice Now, Just Treatment, STOPAIDS. Disponible en: https://www.ucl.ac.uk/bartlett/public-purpose/publications/2018/oct/peoples-prescription




16 abril 2020

El procomún como estrategia de supervivencia



Construir el procomún como estrategia de supervivencia durante una pandemia

Por David Bollier


David Bollier en el Aspen Institute, 2009. Foto: Joi Ito from Inbamura, Japan / CC BY
David Bollier es fundador del Commons Strategies Group. Ha escrito numerosas obras sobre el nuevo paradigma económico, político y cultural de nuestro siglo: el procomún. Publicamos aquí una versión traducida y compendiada de un artículo suyo en el que reflexiona sobre los efectos económicos, políticos y sociales de la pandemia del SARS-CoV-2 y sobre la necesidad de actuar colectivamente.

2/4/2020

La pandemia que hoy se extiende por nuestro planeta es un evento histórico destinado a cambiar muchas de las premisas de la vida moderna. Debemos actuar con rapidez para hacer frente a las emergencias, pero también aprovechar la oportunidad de reflexionar sobre un cambio de sistema a largo plazo. Si hay algo que la pandemia permite constatar (en tándem con el cambio climático) es que se deben producir profundas transformaciones en nuestros actuales sistemas políticos y económicos. Ya hemos visto que lo único que nuestras autoridades tienen previsto es el rescate de este sistema disfuncional y que, entre sus prioridades, no contemplan ningún cambio genuino.

Sin embargo, las pandemias son difíciles de ignorar, y algunas de las ideas que alguna vez fueron apartadas o descartadas por la «gente seria» —como las políticas de transición ecológica, la construcción del procomún, la acción climática, la relocalización, la soberanía alimentaria, el decrecimiento, las finanzas postcapitalistas, el ingreso básico universal, y muchas cosas más—, se nos revelan hoy como propuestas muy convincentes y de sentido común.

Aun cuando la pandemia ha sido espantosa, seamos sinceros: también ha servido para trastocar el quehacer político habitual y dar validez a nuevas e imaginativas posibilidades.

Hay muchas cosas que han dejado de ser discutibles. Para empezar, que nuestro actual sistema para el desarrollo de nuevas medicinas debería ser reformado para que los monopolios de las grandes corporaciones no puedan abusar de nosotros con precios exorbitantes y dando preferencia a los fármacos que tienen valor de mercado en vez de a la innovación. Semejante desprecio por las necesidades en salud pública es inaceptable. Y si hablamos de nuestros sistemas de atención sanitaria, es evidente que estos deben ser accesibles a todos, pues la pandemia está demostrando que el bienestar de cada persona está íntimamente relacionado con la salud colectiva. Por último, se hace patente que debemos poner coto a la destrucción de los ecosistemas si no queremos desencadenar una mayor destestabilización del planeta con la aparición de virus, la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de los ecosistemas y otras cosas parecidas.

En este sentido, el Covid-19 está volviendo a familiarizarnos, en tanto que ciudadanos modernos, con algunas realidades humanas básicas que habíamos negado por largo tiempo:

  • Los seres humanos dependemos de sistemas vitales y biológicos a pesar de que tenemos la pretensión de haber triunfado sobre la naturaleza y sus límites materiales.

  • Somos profundamente interdependientes unos de otros, aún cuando presumimos, según la doctrina central de le economía moderna y la democracia liberal, de haber alcanzado la soberanía individual y dejado de lado las necesidades colectivas. Tal como lo expresó la premier británica Margaret Thatcher: «La sociedad no existe; solo existen los individuos».

Por más que hayamos adoptado estos supuestos generales de la vida moderna, los seres humanos estamos descubriendo que en realidad estamos programados para ayudarnos cuando nos enfrentamos a un desastre. La escritora Rebeca Solnit lo relató en su libro A Paradise Built in Hell (Un paraíso en el infierno): los terremotos, los huracanes y las explosiones de gas empujan a los seres humanos a la auto organización y a la ayuda mutua, a menudo de maneras absolutamente asombrosas y hermosas.

Este impulso humano ha sido confirmado en las historias contadas por el periodismo desde los inicios del Covid-19. Al igual que el movimiento Occupy se movilizó para prestar asistencia básica tras el paso del huracán Sandy por la ciudad de Nueva York, las redes de ayuda mutua están nuevamente surgiendo en numerosos barrios en todo el mundo, según informa el New York Times.

[...]


Cartel sobre la gripe española, EE.UU., 1918 - Wikimedia Commons

[...]

La cultura dominante prefiere referirse a la ayuda que entre sí se prestan las personas como «voluntariado» o «altruismo». Para ser más exactos, la ayuda entre iguales consiste en un acto de construcción del procomún porque en él se registra un mayor compromiso, el cual subyace en su carácter colectivo y no es lo mismo que «hacer el bien», un término más bien paternalista. Y no debe sorprendernos que esta ayuda entre iguales pueda a veces producir desacuerdos que deben ser resueltos, pero que pueden terminar por fortalecer al procomún.

Un reflexivo artículo sobre el papel que juega el anarquismo como forma de supervivencia en la pandemia señala que la ayuda mutua consiste en la «práctica descentralizada del cuidado recíproco mediante la cual las personas que participan de una red se aseguran de que todos obtengan lo que necesitan; de este modo, todos tienen una buen razón para invertir en el bienestar de los demás. No se trata de un intercambio como compensación sino más bien de un intercambio de cuidados y recursos que crea una suerte de blindaje y resistencia frente a las adversidades que podría tener que enfrentar una comunidad». 


Cuando el estado, el mercado o la monarquía no alcanzan a asegurar las necesidades básicas, es la gente común la que da un paso adelante para idear sus propios sistemas de ayuda mutua.

 
La cuestión, por el momento problemática, es saber si el poder del estado estará en disposición de apoyar en el largo plazo las iniciativas de ayuda mutua, pues ésta podría ser vista como una amenaza para su autoridad y para los mercados. O si otros políticos, inspirados en la figura de Trump, utilizarán este momento de miedo para consolidar el control del estado, incrementar la vigilancia y anular las instancias de la gobernanza distribuida entre iguales [surgida en las últimas décadas con el advenimiento de las redes de Internet P2P].

Otra cuestión importante en el corto plazo es saber si podremos ganar el suficiente apoyo institucional para construir el procomún de manera que este movimiento no se diluya en el tiempo a medida que se disipe la consciencia de que estamos en alerta roja. Para esto, recomiendo el libro que escribí con Silke Heferich, Free, Fair and Alive (Libre, justo y de todos). Y también se puede dar una hojeada a la caja de herramientas para la gobernanza de Community Rule, o visitar Sociocracy for All [N. del T.: sobre el mismo tema, en el ámbito de España, se han creado diversas plataformas de participación ciudadana que emplean el software libre Decidim].

A lo largo de la historia, la construción del procomún ha sido una estrategia de supervivencia esencial que no tendría por qué dejar de serlo en esta ocasión. Cuando el estado, el mercado o la monarquía no alcanzan a asegurar las necesidades básicas, es la gente común la que da un paso adelante para idear sus propios sistemas de ayuda mutua.
 

Al hacerlo, están arrojando luz sobre las deficiencias estructurales de los mercados convencionales y del poder estatal. Vemos cómo las agendas políticas y la especulación a menudo han estado por delante de otras prioridades como la salud pública o las políticas de igualdad. Y ello se hace evidente en el proyecto de ley aprobado en el Congreso estadounidense para financiar el rescate de la economía con 2,2 billones de dólares. No hay más que pensar cuántas de las corporaciones tienen hoy como prioridad recoger los beneficios de su eficiencia económica al encargar la fabricación de mascarrillas quirúrgicas en el extranjero, o cerrar cualquier posibilidad de acceso a los medicamentos genéricos a precios asequibles.

Son muchos los observadores de esta pandemia que señalan que esto es solo el principio de otras crisis que ocurrirán en el futuro. No se ha dicho lo suficiente que la Covid-19 es, en parte, el resultado de una excesiva invasión demográfica en los sistemas naturales del planeta. Según Inger Andersen, directora del programa para el medio ambiente de la ONU, si los patógenos de origen animal están saltando con más facilidad a los seres humanos, ello es así por la pérdida de la biodiversidad y el hábitat en nuestro planeta.

También el ecologista Stephen Harding ha escrito un fantástico artículo sobre cómo Gaia (el planeta Tierra) pareciera estar tratando de enseñarnos sobre los peligros del comercio global sin límites: «Hoy vemos cómo una red sobreconectada puede verse alterada por la aparición local de un virus mortal que después se extiende y amplifica con rapidez por todo el sistema planetario, poniendo en jaque su resiliencia y aumentando la posibilidad de un colapso».



United Nations / CC BY-SA


Son muchos y cruciales los dilemas que enfrentamos en esta coyuntura. Debemos decidirnos por reconstruir nuestros sistemas de abastecimiento bajo criterios ecológicos y de resiliencia, desechando todas las fantasias neoliberales que pregonaban un crecimiento ilimitado de la economía y unos mercados globales estrechamente coordinados. Es el momento de desarrollar nuevos (y también viejos) modelos de agricultura, comercio y comunidades que sean sostenibles.

Todo esto requiere que consideremos honestamente la manera en que volveremos a conceptualizar y representar el poder del estado. Tal como Yuval Harari, el autor de Sapiens, lo ha expresado en el New York Times: «Nuestra primera elección será decidir entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano; la segunda, entre el aislamiento entre fronteras nacionales y la solidaridad global», advierte.

La humanidad tiene que tomar una decisión. ¿Tomamos la senda de la desunión o adoptamos el camino de la solidaridad global? Si eligimos le desunión, no sólo prolongaremos la crisis, sino que probablemente veamos catástrofes aún peores en el futuro. Si optamos por la solidaridad global, saldremos victoriosos de la lucha contra el coronavirus y también de futuras pandemias y crisis que podrían cernirse sobre la humanidad en el siglo veintiuno.

Resulta obvio que yo pienso que el procomún puede contribuir en mucho al empoderamiento de la gente y la solidaridad global. La esperanza reside en la capacidad de construir, de abajo hacia arriba, nuevos sistemas de abastecimiento y cuidados que sean sostenibles, con gobernanza distribuida y participativa, equidad e inclusividad. Podemos depositar nuestras esperanzas en la posibilidad de federar los distintos procomunes de manera que estos puedan coordinarse y llegar a más personas, y hacerlo con responsabilidad, flexibilidad, efectividad y resiliencia.

Quizá las instituciones del estado podrían tener un papel positivo, principalmente ofreciendo normas de carácter general, así como su experiencia y la infraestructura. Pero además deberían centrarse en el empoderamiento de la gente y en la gobernanza a pequeña escala con el fin de generar confianza en la acción colectiva.

Todavía no sabemos cómo se desarrollará y resolverá esta pandemia. Hay demasiadas variables complejas que nos impiden predecir sus muchos efectos. Sin embargo, lo que sí ha quedado bastante claro es que la pandemia pone en cuestión MUCHOS de los elementos que el orden neoliberal asigna al estado y el mercado. Sus instituciones y liderazgo político están demostrando ser o bien disfuncionales o bien carentes de todo compromiso con la atención a las necesidades públicas. Y no es sólo cuestión de los políticos como individuos sino de un sistema que resulta problemático. No obstante, aún no han cristalizado los rudimentos de un sistema nuevo y coherente que ofrezca mejores posibilidades.

Esta puede ser nuestra ambiciosa tarea de avance. Las personas que se identifican como la gente del común y sus movimientos aliados, liberales y socialdemócratas desilusionados, y personas de buena voluntad, están llamadas a desactivar los peligros que amenazan con surgir bajo la apariencia del miedo. Pero al mismo tiempo, debemos también ser capaces de demostrar que existen nuevas formas de construir el procomún, las infraestructuras, las finanzas y las asociaciones público-comunes. Son raras las ocasiones como esta, en que vemos la perfecta alineación de necesidades y oportunidades.

Temas relacionados:

El concepto del procomún explicado por Guerrilla Translation:
El procomún en pocas palabras

Cómo se expande el virus en nuestro mundo globalizado e hiperconectado.  Conferencia en Youtube: Virus,de Adelaida Sakhadian (ISG)
Retransmisión on-line del Institut Europeu d'Humanitats, 14/03/2020

Cómo están preparándose las economías emergentes para la recesión económica: CELAG: La economía está desnuda - Pablo Wahren


23 marzo 2020

Epidemia de coronavirus en España


Epidemia de coronavirus en España

Barcelona, 23 de marzo

En España, estamos entrando en la tercera semana de la pandemia del corona virus (SARS - CoV2), que está azotando muy especialmente a los países de Europa desde que se produjo el brote epidémico en Italia a principios de marzo. Las autoridades españolas declararon el Estado de alarma el 14 de marzo; también el cierre de las fronteras, y que muchos países del Área Schengen han ido adoptando con otras medidas similares en los días siguientes. Hasta la fecha, los casos de infección en España ya sobrepasan los 33.000 (4.517 registrados en las últimas 24 horas). Los pacientes hospitalizados son 18.374. Hay 3.355 pacientes recuperados y el número de fallecimientos llega a 2.182.

El país entero está luchando por romper la cadena de contagios, siguiendo las órdenes de confinamiento que se han ido cumpliendo de modo más estricto a medida que aumentaba la conciencia entre la población de la magnitud de esta epidemia, y también las multas y detenciones para los infractores. El aislamiento sanitario puede ser de distinto grado, según la gravedad que revista la epidemia en cada lugar; por ejemplo, en el caso de Igualada (foco de la epidemia en la provincia de Barcelona) no se permiten entradas ni salidas de personas en toda la comarca, como está ocurriendo también en zonas de Italia. 



Coronavirus SARS-CoV-2 aislado en un paciente en EE. UU. Fuente: NIAID CC / BY Wikimedia Commons

Se teme (y esto ya se ve en algunos lugares) el colapso de los sistemas sanitarios debido a que la curva de nuevos casos es muy pronunciada y la estrategia de contención y aislamiento aún no ha tenido el efecto esperado: hacer que la curva de contagios y de ingresos se suavice y permita atender a todos los pacientes hospitalizados con SARS CoV-2 sin desatender a otros pacientes que requieren atención en urgencias y en cuidados intensivos. Con esta estrategia, las autoridades sanitarias esperan que muy pronto las personas infectadas y con síntomas agudos empiecen a llegar de manera más escalonada en el tiempo, y no de golpe como ahora.

Las autoridades nos dicen que la semana del 23 al 29 de marzo será crucial, cuando se pongan a prueba las medidas ya implementadas (medidas de higiene, distanciación social y suspender los actos públicos o de grandes grupos para contener la propagación). Sigue trabajando en la calle el personal esencial en las cadenas de suministros (desde alimentos y medicamentos hasta servicios básicos como luz, agua, gas y seguridad pública). En los hospitales el personal sanitario es especialmente vulnerable al contagio. Sin embargo, ambos grupos están haciendo su trabajo de manera heroica. A veces no alcanzan los equipos protectores individuales y las mascarillas quirúrgicas y de infectados. Ante esta situación, los profesionales de la salud están demostrando una entereza y una voluntad de servicio admirable en los cuidados y en las unidades de cuidado intensivo (UCI). En estos momentos atienden a tres veces el número de pacientes que normalmente pueden admitir, y el nivel de contagio del personal alcanza el 12% del total de infecciones.


En IFEMA habilitan 150-160 camas para personas sin hogar que no muestran síntomas. Fuente: Ayuntamiento de Madrid - CC BY 4.0 Wikimedia Commons

Durante el fin de semana se han puesto en marcha los diagnósticos rápidos del virus con la prueba PCR, a razón de 15.000 tests diarios y el gobierno ha asegurado la adquisición de cerca de un millón de nuevos kits para conseguir extender el número de pruebas diagnósticas a 35.000 diarias.

Por todo el país, efectivos de la Unidad Militar de Emergencia (UME) desinfectan calles, estaciones de tren y autobús o centros sanitarios. Ellos ponen a disposición del personal clínico la logística necesaria para la creación de más camas y el apoyo para medicalizar las residencias geriátricas donde han fallecido ancianos a causa del contagio del virus, lo que ha disparado el alto índice de letalidad entre los ancianos.

Bajo la dirección de médicos de las fuerzas armadas de España, la UME está adaptando con rapidez grandes superficies civiles para que estas funcionen como hospitales de campaña. Los cinco pabellones de la Feria de Madrid (1.500 camas), o de los hoteles de la capital (hoy vacíos de turistas) han sido acondicionados para atender a los pacientes de SARS de diverso grado, y así cumplir la función de descongestionar las urgencias de los hospitales. Funcionan como centros clínicos y de atención a los pacientes que muestran los primeros síntomas , y se les hace un seguimiento tras haber sido diagnosticados.


Hospital Universitario La Paz de Madrid, donde se concentra la atención a los casos más graves. Fuente: Luis García CC-BY-SA 3.0 Wikimedia Commons


Las autoridades han solicitado el regreso al trabajo del personal sanitario y médico jubilado en los dos últimos años. Asimismo, se está pidiendo a los estudiantes de medicina y enfermería de último año de carrera, y a los internistas residentes, que se incorporen al servicio.

En resumen, esta epidemia está todavía lejos de remitir en Europa, pero se está enfrentando con lo mejor que puede ofrecer la gente, profesional y cívicamente hablando: coraje, cuidados y mucha dedicación, cada cual desde su área de actividad. Y también lo hacen quienes siguen las indicaciones quedarse en casa días y días, adaptando su vida cotidiana a esta situación excepcional sin perder la esperanza.

Es verdad que también ha habido algunos comportamientos de masa muy nocivos, como el de irse en tropel a la casa de la playa para aislarse, sin tener en cuenta que podemos estar propagando el virus al hacerlo; o acumular productos de primera necesidad a pesar de que estos se están reponiendo con toda normalidad. Aún así, estos episodios no son generalizados y aunque a veces los mensajes de algunos políticos y de la prensa partidista suenan a propaganda, el espíritu de unión que esta sociedad está demostrando es el de personas que son ciudadanas, vecinas, profesionales y familias que se sobreponen, se protegen y se ayudan mutuamente en retos tan letales e inéditos como el de esta epidemia. Y por descontado, transcurrida esta emergencia, hablaremos de un antes y un después en la sociedad española y en cómo nos planteamos la economía en el planeta entero.