16 febrero 2026

La medianoche del planeta Tierra

 


La periodista y académica filipina estadounidense María Ressa fue invitada por la Junta Científica y de Seguridad de Científicos Atómicos (SASB) a la presentación del informe anual del pasado 27 enero.

María Ressa es la fundadora y presidente ejecutiva de la web Rappler, un medio de periodismo de investigación que cuenta con participación ciudadana; sus informes periodísticos destaparon los crímenes contra la humanidad perpetrados por el estado de Filipinas durante el mandato de Rodrigo Duterte, hoy detenido por la Corte Penal Internacional de La Haya.

Ressa recibió el Premio Nobel de la Paz en 2021 por su esfuerzo en «proteger la libertad de expresión como condición previa a la democracia y una paz perdurable».

 

[Esta es la transcripción de la conferencia de Ressa en SASB [traducida del inglés]

 

María Ressa y Dmitry Muratov, premios Nobel de la Paz 2021

https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/ph/deed.en

«85 segundos para la medianoche»: nunca habíamos estado tan cerca del Fin del Mundo. Hemos escuchado sobre los peligros a los que nos enfrentamos: armas nucleares que van en aumento; cambios climáticos devastadores; riesgos biológicos por patógenos que se multiplican; la inteligencia artificial (IA) que va por encima de nuestra capacidad de ser controlada. Estos son solo los nuevos peligros que se activan y se suman a los problemas más antiguos, que hemos buscado abordar con los Objetivos de Desarrollo [Sostenible]. Sin embargo, a estas alturas todo eso queda en un sueño al mismo tiempo que las cosas empeoran.

Pero esta vez voy a referirme a lo que hace que todas estas amenazas sean aún más difíciles de abordar. Me refiero a la crisis que subyace a todas estas crisis que hemos repasado hasta aquí; por cierto, esto fue señalado por mí en la 85ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Estamos viviendo una situación de Armagedón informático (la guerra informativa del fin del mundo), que ha sido implantada por las tecnologías que gobiernan nuestras vidas, desde las redes sociales hasta la IA generativa. Ninguna de esas tecnologías se basa en los hechos. Nuestros chat bots son simplemente una máquina probabilista, aun cuando la tecnología se mueve desde la economía de la atención para pasar a enfocarse en la intimidad de las personas.

Los seres humanos hemos pasado a ser comercializados por una industria [de datos] predatoria y extractiva. Estas son las tres oraciones que no me canso de expresar desde el 2016: no existe (1) la verdad sin (2) hechos; si no hay veracidad no puede haber (3) confianza. Sin estos tres elementos no contamos con una realidad compartida, y así entramos en una situación en la que ya no es posible ni el periodismo ni la democracia.

Se hace imposible la colaboración radical que se requiere en estos momentos. Pensemos en que los hechos reales que compartimos son como un «sistema operativo» que posibilita la acción colectiva. La verdad es un elemento que permite tanto el funcionamiento de la ciencia como los de la democracia y la diplomacia. Si tenemos un sistema operativo corrupto todos los aplicativos fallan. Y así es como fracasan las negociaciones sobre el clima, el control de las armas y también la respuesta a las pandemias. Y esto no ocurre porque no contemos con soluciones sino por el hecho de no llegar a un acuerdo sobre cuáles son los problemas. El sistema operativo ha quedado corrupto deliberadamente y de manera sistemática con el fin de obtener ganancias.

Las plataformas digitales, a través de las cuales hoy recibimos información, fueron creadas con un modelo de negocio extractivo y predador. Nuestra atención se ha convertido en una mercancía y nuestra indignación es otro elemento de ese modelo. Durante mi conferencia al recibir el premio Nobel, lo denominé «fango tóxico» porque genera lo peor de la humanidad y nos dividen en lugar de conectarnos; con ello facilitan el colapso de la cooperación mientras surgen líderes iliberales que se aprovechan del caos. Según un informe de V-Dem del año pasado, el72% [de países] en el mundo está bajo gobiernos autoritarios.

Como ocurrió en mi país, la República de Filipinas, pasamos por esta desinformación que facilitó una guerra brutal contra las drogas; los periodistas fueron atacados y yo fui arrestada por primera vez en 2019. La portada y el titular de nuestro periódico adaptó una cita de Martin Nemo que decía «primero vinieron por los periodistas y no sabemos lo que pasó después». Con los años transcurridos, he sido exculpada de diez de los once cargos por criminalidad abiertos a mi persona. Es por eso que digo en broma que en las Filipinas hemos pasado del infierno al purgatorio, mientras que muchos países en occidente están entrando en el infierno porque lo ocurrido en mi país no solo permaneció allí sino que ese libro de jugadas (playbook) se diseminó por todo el mundo.

En la [última] reunión de Davos, el primer ministro de Canada, Mark Carney, se pronunció de esta manera: «estamos en mitad de una ruptura y no en una transición. No veremos un retorno al viejo orden [mundial] y todo ello se ha visto acelerado por la destrucción de nuestro ecosistema de información pública». No podemos resolver problemas porque no hay acuerdo sobre su existencia. Es imposible cooperar más allá de las fronteras [multilateralismo] si no compartimos los mismos hechos.

Y si añadimos la IA generativa, los chat bots amenazan con acelerar este caos de manera exponencial. Nos llega un diluvio de desinformación sintética a un coste casi inexistente. La IA se derrama sobre millones de personas que son victimizadas y estafadas; y con ello queda sobrecargada la disfunción de nuestro ecosistema de información. Y además, al conectarse elimina nuestro medioambiente debido a los recursos que se requiere para funcionamiento.

Aun así, estamos ante algo más peligroso: la fusión del poder del estado con la oligarquía tecnológica. Quienes controlan las plataformas [digitales] y dan forma a lo que es creído por miles de millones; es decir, que las personas que controlan los gobiernos se han unido a los militares. [Para ellos], «el poder hace el derecho»; es el nuevo principio operativo, y son ellos los que tienen las herramientas para inventar el consenso o bien les basta con eliminar la disidencia.

La semana pasada, The Nerve dio a conocer una investigación sobre cómo el control de un ecosistema de información consolida el poder. El título [del estudio], “La guerra de los relatos y la descomposición de la realidad”, nos demuestra que en menos de un año lo que empezó como un meme se convirtió en una policía estatal y luego en una realidad cinética en Venezuela. Nos muestra un embudo en tres etapas: la guerra de los relatos fragmenta la realidad compartida; ello hace posible el desmontaje de las instituciones; y por último, el camino hacia la corrupción y la cleptocracia queda despejado. ¿Qué pasó en Venezuela, en la amenaza a Groenlandia, en la Mineápolis militarizada y en guerras que se multiplican y no terminan? Esto es lo que llega a ocurrir cuando se pierde la batalla por la honradez en la información.

Y mientras todo esto ocurre, el tictac del reloj sigue sonando: ha fracasado el control del arsenal de armas nucleares, que siguen en aumento; se destruyen los registros del clima mientras los EE UU declaran la guerra a las energías renovables. Se hace imposible la cooperación auténtica que se requiere para sobrevivir a la IA, a las pandemias o en el planeta. Los 85 segundos para llegar a la medianoche pueden seguir sonando, pero nosotros podemos conseguir que retrocedan.

Y para no dejarles deprimidos, sepan que ha llegado el momento de actuar. Nos hace falta una restructuración de las plataformas digitales/tecnológicas alrededor de los derechos humanos en lugar de las métricas de compromiso. Necesitamos un periodismo que sea financiado como infraestructura fundamental, así como una gobernanza de la IA que dé prioridad a la seguridad y no a la rapidez. Y también faltan poderes medianos – la sociedad civil y la ciudadanía – que actúen de manera conjunta. Tal como Canadá ha señalado: «si no estamos en la mesa estaremos en el menú».

La integridad de la información es la madre de todas las batallas, ya que no se puede funcionar en democracia sobre la base de un sistema operativo corrupto. Es imposible darle la vuelta al Juicio Final cuando la mitad del mundo no cree en la existencia de estos problemas. Pero ¿puede actuar cada una de las personas que vea esto? Pueden y mucho, pues el relato de la guerra de la información se centra en el nivel celular de una democracia. Y cada una de nosotras forma parte de la ciudadanía.

Tenemos tres cubos: tecnologías, periodismo y comunidad. Es necesario que se exija algo mejor de las compañías tecnológicas extractivistas y predatorias; segundo, unirse al interés público por la tecnología como nuestra aplicación de chat con protocolo Matrix, de código abierto, federada y cifrada de extremo a extremo; tercero, apoyar al periodismo independiente y crear comunidades de acción. En el peor de los tiempos, en Rappel nos hemos dirigido a nuestras comunidades y son ellas quienes se mostraron más exigentes. Hoy en Filipinas, los periodistas cooperan con la sociedad civil. Esto nos ayudó a poner en la cárcel a nuestro expresidente Rodrigo Duterte (cuando fue él quien quiso llevarme a mí a la cárcel); él fue acusado de crímenes contra la humanidad por la Corte Penal Internacional de La Haya. Y para llegar a esto se requirió un enfoque social al completo.

La destrucción se ha producido. Hoy estamos pisando los escombros de aquel mundo que alguna vez fue. Ahora es el momento de crear, de construir el mundo que deseamos, más compasivo, igualitario y sostenible. En estos 85 segundos para el Juicio Final, la pregunta no es si podemos sino que cada persona quiera hacerlo. ¿Qué es lo que está dispuesto a sacrificar [cada persona] en nombre de la verdad? Ha llegado el momento de actuar. Gracias.

18 marzo 2025

Ciencia de datos y agendas feministas en Barcelona

 

 
El pasado seis de marzo tuvo lugar en Barcelona la Jornada de Datos Abiertos 2025 organizada por la Iniciativa Barcelona Open Data (IOD), que forma parte de estos encuentros desde 2017 y cuenta con el apoyo de las instituciones de gobierno catalan (Generalitat, gobiernos locales y diputaciones) así como centros de estudios y universidades.

El Big Data (metadatos) se dio a conocer hace veinte años como el resultado de la digitalización y el almacenamiento de datos en los ámbitos de la economía y finanzas, las administraciones de los estados y las instituciones científicas, muchos de los cuales son datos de carácter público. 

En 2017 los gobiernos municipales de Barcelona y Madrid eran  las capitales que entendieron el potencial de los datos en marcos de código abierto y el avance que ello significaba para la acción de la sociedad organizada, la economía política y las reivindicaciones ciudadanas desde los diversos sectores y clases del tejido social.

Con el crecimiento exponencial del manejo y recopilación de datos en la sociedad global de la información, se hizo evidente que estos no debían ser entregados únicamente a los cinco gigantes mundiales de la tecnología (GAFAM); somos también los usuarios del internet quienes estamos contribuyendo con nuestros datos como material que las corporaciones tecno digitales extraen para seguir generando productos y bases de datos que hagan posible un consumo y un control infinito, según lo requieran sus clientes.

La iniciativa de Barcelona Open Data tiene como misión «transformar datos abiertos en información de valor social, económico y ciudadano que sirva a los retos sociales e institucionales». Entre sus objetivos figura el de «incorporar el valor de los datos abiertos a proyectos de transformación social, específicamente en el ámbito de la igualdad de oportunidades de las mujeres».

La jornada de este año tuvo por título «Mujeres que lideran en datos abiertos para la igualdad». Su principal interés es el de compartir los conocimientos y la creación de herramientas de tecnología de datos  abiertos, con el fin de abordar los retos en los derechos de las mujeres y mejorar la participación y los proyectos que promueven la igualdad.
 

Mujeres en el ecosistema de los datos abiertos

Las jornadas Open Data buscan «promover la creación de redes colaborativas y soluciones digitales con impacto social y perspectiva de género». En un ambiente de diálogo, diversos grupos exponen los usos que se da a los datos abiertos, con el objetivo de «crear aplicaciones, visualizaciones, publicar análisis y promover datos» de interés para sus comunidades. 
 
La séptima edición de la jornada presentó una mirada feminista a la construcción de las tecnologías de datos abiertos orientada a los derechos de la mujer. Lourdes Muñoz, directora de IOD, señaló la importancia de abordar las brechas de igualdad, digitales y salariales que afectan a las mujeres.
 

Los datos y la agenda feminista

La primera mesa de diálogo de la jornada fue dedicada a las instituciones públicas y la estrategia de datos para la agenda feminista. Centrándose en un repaso de las instituciones públicas y la disponibilidad de sus portales de datos, Ester Manzano, directora de servicios digitales y experiencia del uso ciudadano de la Generalitat de Catalunya, señaló que los conjuntos de datos más demandados son aquellos relacionados con la atención a la mujer, el reto de la garantías ciudadanas con perspectiva de género y la población LGBTI+.

Desde la dirección de servicios de apoyo de la Diputación de Barcelona, Sara Aguilar, explicó que los datos abiertos de mayor utilidad son los del buscador oficial de información y documentación CIDO desarrollado desde su institución; a éste acude el público durante su búsqueda de información para el empleo. Asimismo, existe una visión corporativa que apuesta por el desarrollo de más proyectos que tengan acceso a los datos públicos; para ello se están firmando más acuerdos entre las diversas instancias de gobierno y la Generalitat de Catalunya como gobierno autonómico.
 
En un diálogo centrado en los laboratorios de datos y la construcción de una práctica feminista para los tecno datos, Maribel Cárdenas y Lourdes Muñoz conversaron desde la perspectiva de las políticas de igualdad a nivel municipal. Estas políticas se vienen aplicando desde La Ciba, el espacio de recursos para mujeres, innovación y economía feminista que dirige Cárdenas en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona metropolitana), y que es considerado como un observatorio de género y datos abiertos desde el cual se ejecutan proyectos de innovación social. 

Ambas directoras coincidieron en que «no hay políticas públicas sin datos» y que, dentro de aquellas, todavía hay carencias en las políticas feministas y de igualdad que incorporen la construcción de herramientas comunicativas. Por último, señalaron que para «crear comunidad» es indispensable animarse a construir también más herramientas de datos que tengan una visión local y sean de fácil acceso. 

En la segunda mesa se abordó el tema de las iniciativas de reutilización en los proyectos basados en el uso de datos abiertos para la agenda feminista. Se presentaron proyectos digitales que hacen uso de datos abiertos para aportar soluciones en el ámbito de los derechos de las mujeres:

Eli Vivas es la cofundadora y actual directora de Storydata, una agencia especialista en la producción del periodismo de datos. Su intervención se centró en la investigación y análisis de los datos abiertos y su uso en el servicio de comunicación global; asimismo, presentó los datos de Wiki Women, un grupo de trabajo que tiene por objetivo cerrar la brecha de género en los proyectos de Wikipedia. 

Anna Higueras (Ideas for Change) se centró en el análisis de la diversidad, la equidad y la inclusión en los proyectos de Next Generation Internet, financiados por la Comisión Europea. Higueras señaló la importancia de tener datos que aumenten la diversidad y representen a las minorías, no sólo en términos de apertura, sino también en la conceptualización y diseño de herramientas tecnológicas que utilizan estos datos.
 


Finalmente, Martha Aymerich, directora del eHealth Center (Centro de salud electrónica) de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), dio a conocer los resultados de un estudio sobre las «tijeras de género», que arrojan un resultado de menor participación de las mujeres en los investigaciones científicas, un efecto que perjudica a las mujeres para avanzar en su carrera científica.

Para las organizadoras de la Jornada de Datos Abiertos 2025, el encuentro ha puesto sobre la mesa la necesidad de un «enfoque digital y feminista en la creación y aplicación de datos abiertos. La jornada dejó claro que los datos abiertos no sólo son una herramienta técnica, sino también una herramienta clave para transformar la sociedad hacia la igualdad de género y en defensa de los derechos de las mujeres.