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16 febrero 2023

Tecnologías verdes para cuidar la Tierra


Jacob Sturm, Wikimedia Commons


Dos artículos de George Monbiot publicados en el diario británico The Guardian

George Monbiot es un periodista y naturalista británico comprometido con la biósfera planetaria y la vida en peligro de quienes la conforman y habitan. Es autor de La era del consenso: manifiesto para un nuevo orden mundial y un incansable denunciante de la crisis climática a la que nos ha llevado un sistema de capitalismo desbocado.
 
 
 
 
 
 

 

I. Lentejas sí, pero también sustitutos de la carne de ganado

George Monbiot, The Guardian 01/02/2023

¿Es usted de las personas que rechazan la idea de la carne artificial o cultivada? No extraña que sean los ganaderos los que a menudo se oponen de manera tajante a esta idea. Y lo más sorprendente aún es que algunas personas veganas también estén en contra: "¿Por qué la gente no puede comer tofu y lentejas, como hago yo?" Pero es preciso señalar que los nuevos productos cárnicos y lácteos de origen vegetal, microbiano o de cultivo celular no están pensados para el estilo de vida vegano sino para un número mucho mayor de personas que gustan del sabor y la textura propios de la dieta animal. Y muchas otras personas retrocedan por instinto ante la idea de un alimento que tenga una apariencia familiar sin serlo realmente.

Así que aquí va una pregunta para todos los escépticos: ¿Qué piensan hacer respecto a la creciente demanda mundial de productos animales y los devastadores efectos que esta comporta?

Actualmente, el ganado representa el 60% del peso total de los mamíferos de la Tierra. Los humanos constituyen el 36%, y los mamíferos salvajes son solo el 4%. En cuanto a las aves, el 71% corresponde a las aves de corral, y las especies salvajes son apenas el 29%. Mientras la población humana crece a un ritmo del 1% anual, la cabaña ganadera  lo hace a un 2,4%. El consumo medio mundial de carne por persona es de 43kg al año, pero se acerca rápidamente al nivel del Reino Unido: 82kg anuales. Esto se debe a la Ley de Bennett: conforme aumentamos nuestros ingresos, consumimos más proteínas y grasas en nuestra dieta, especialmente carne, huevos, leche y otras secreciones animales.

Entonces cabe preguntar a quienes no gustan de las nuevas tecnologías ¿qué solución proponen? Y cuando insisto en preguntar, la respuesta es furiosa o evasiva: "¡Estás haciendo la pregunta equivocada!" "¿Quién te paga?" "¿Quieres que comamos babas (o insectos)?"

Hasta ahora, entre todas las personas preguntadas, solo una ha respondido directamente: la defensora de los alimentos Vandana Shiva. "Estás difundiendo de manera acrítica la leyenda de que la gente come más carne a medida que se hace más rica. En la India las personas siguen siendo vegetarianas, incluso cuando tienen más ingresos. Las culturas alimentarias están conformadas por unos valores culturales y ecológicos". Sin embargo, el consumo de carne en la India está aumentando rápidamente, aunque muchas personas lo hacen en secreto. En otras palabras, a pesar de las prohibiciones religiosas que se aplican con vigilancia (y que en algunos casos llegan hasta el asesinato), la ley de Bennett sigue vigente.

Esto equivale a presionar a la gente para que quemen menos combustibles fósiles sin ofrecerles sustitutos como los de la energía solar, eólica, geotérmica o nuclear. Las granjas ganaderas presentan un problema tan, o incluso más urgente, pues ocasionan perjuicios en todos los sistemas ecológicos de nuestro planeta; son principalmente responsables de la destrucción de los hábitats y la pérdida de la vida salvaje; están provocando la muerte de los ríos  y de algunas zonas marítimas; generan más emisiones de gases de efecto invernadero que todo el transporte mundial en su conjunto; y se extienden por vastas extensiones del planeta, infligiendo enormes costes de oportunidad ecológicos y de carbono. Tanto en su historia colonial como en la actualidad, las granjas de ganado siguen siendo probablemente la actividad que más contribuye al acaparamiento de tierras y el desplazamiento de los pueblos indígenas. En pocas palabras, la carne está consumiendo el planeta.

Los sustitutos de los productos animales pueden reducir en gran medida estos daños puesto que permitirían la devolución de vastas zonas a los pueblos expulsados de su territorio  y de los ecosistemas que defendían.

La primera carne cultivada con células obtuvo recientemente la aprobación reglamentaria en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, el sabor y la textura de las alternativas vegetales han mejorado muchísimo. Recientemente he comido tres productos que son casi indistinguibles de los originales: un filete elaborado por una empresa eslovena llamada Juicy Marbles, un "filete de cordero" de la empresa israelí Redefine Meat, y (un plato de) sushi y "marisco" en tempura en el restaurante londinense 123V.

En respuesta, las corporaciones ganaderas de la carne (Big Meat) han intensificado su campaña de demonización. Aunque esto sea comprensible, se entiende menos el apoyo que la industria animal recibe de personas que afirman ser ecologistas, pero recitan alegremente su propaganda engañosa. El catedrático de política alimentaria y agrícola Robert Paarlberg compara esta alianza con la accidental coalición formada por la iglesia bautista y los contrabandistas de licores en EE.UU. el siglo pasado. Al presionar con éxito a favor de la prohibición del alcohol, los bautistas del sur abrieron la puerta a la mafia que comerciaba con bebidas más fuertes y peligrosas. Baste este ejemplo para decir que los verdaderos ecologistas tienen el deber de romper este consenso ultraconservador .

Es probable que la adopción de las nuevas tecnologías siga una curva en forma de S: lento, luego repentino. Al principio, la aceptación será baja y sufrirá repetidos reveses. Pero a medida que aumente la escala y bajen los precios, es probable que la penetración en el mercado alcance el 10% o más. Ese es el punto en el que el crecimiento lineal cambia repentinamente a crecimiento exponencial. Es la misma tendencia que ya hemos visto en docenas de tecnologías, desde los frigoríficos hasta los smartphones.

Los mayores obstáculos serán políticos. Si los gobiernos se ven presionados por las grandes empresas cárnicas, plantearán el tipo de obstáculos que, en el Reino Unido y Estados Unidos, han retrasado el despliegue de la electricidad renovable. En el Reino Unido, el gobierno está considerando la posibilidad de prohibir que los productos vegetales se denominen “leche” o “mantequilla”. No se sabe cómo harán con la denominación de la leche de coco y la mantequilla de maní. En el Reino Unido no se aplica el IVA a la carne o la leche, pero la mayoría de las alternativas vegetales deben pagar un 20%.

Los organismos reguladores que podrían aprobar los nuevos productos suelen estar desbordados, pues el Brexit ha supuesto una enorme carga de trabajo para la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido y su presupuesto está muy por debajo de lo que necesita. Al mismo tiempo, la agencia se ha visto inundada de solicitudes de productos de CBD (cannabidiol) y es posible que transcurran muchos años antes de que les llegue el turno a las proteínas alternativas.

Ninguna de estas cuestiones debe dejarse en manos de la industria y el gobierno. Los defensores del medio ambiente no deberían trabajar para destruir las alternativas ecológicas, sino para garantizar que se regulen adecuadamente, y mediante leyes antimonopolio eficaces, se evite la concentración en manos de unas pocas empresas, como ocurre con el comercio de la carne. Como siempre, esta será una lucha tanto política como tecnológica sobre la tenemos que decidir en qué equipo nos alineamos.

·        George Monbiot es columnista del diario británico The Guardian


 

II. Las tecnologías limpias podrían ser nuestra salvación

George Monbiot, The Guardian 24/11/2022

Entonces ¿qué hacemos ahora? Después de 27 cumbres del clima (COP) sin haber visto ninguna acción efectiva, parece que el verdadero propósito era el de seguir con el parloteo. Si los gobiernos hubieran tomado en serio la prevención del colapso climático desde la primera COP, las veintisiete cumbres sucesivas no se habrían celebrado. La COP habría resuelto las principales cuestiones, tal como fue tratada la crisis del agotamiento de la capa de ozono: en una sola cumbre celebrada en Montreal.

Ya nada se puede conseguir sin protestas masivas cuyo objetivo, como el de los movimientos de protesta anteriores, es alcanzar la masa crítica que desencadene un punto de inflexión social. Pero esto es solo una parte del reto, como bien saben las personas que protestan. También es necesario traducir nuestras demandas en acciones, lo cual requiere cambios políticos, económicos, culturales y tecnológicos; todos ellos son necesarios, pero ninguno es suficiente. Estos solo pueden constituir el cambio requerido si se aplican en conjunto.

Centrémonos por un momento en la tecnología. Concretamente, la que podría ser la tecnología ambiental más importante desarrollada hasta la fecha: la fermentación de precisión. Se trata de una forma refinada de elaboración de la cerveza y un medio de multiplicación de microbios que sirven para crear productos específicos. Muchos medicamentos y aditivos alimentarios son producidos de este modo desde hace años. Pero ahora contamos con científicos que trabajan en varios laboratorios, y en un puñado de fábricas, desarrollando lo que podría ser una nueva generación de alimentos de primera necesidad.

Las noticias más interesantes anuncian la no utilización de material agrícola primario. Los microbios cultivados se alimentan de hidrógeno o metanol, lo cual puede producirse con electricidad renovable y en combinación con agua, dióxido de carbono y una mínima cantidad de fertilizante. Con ello se produce una harina que contiene aproximadamente un 60% de proteínas, lo que representa una concentración muy superior a la que puede alcanzar cualquier cultivo agrícola importante (por ejemplo, las habas de soja contienen un 37% y los garbanzos, un 20%). Cuando los microbios se cultivan para producir proteínas y grasas específicas, estos pueden crear sustitutos de la carne, el pescado, la leche y los huevos de mucha mejor calidad que cuando se emplean productos vegetales. Además, tienen el potencial de hacer dos cosas asombrosas.

La primera es reducir hasta un grado notable la huella de carbono en la producción de alimentos. Según un artículo publicado, se estima que la fermentación de precisión con metanol necesita 1.700 veces menos tierras que los medios agrícolas más eficaces en la producción de proteínas, basados en la soja cultivada en EE.UU. Esto sugiere que podría utilizarse 138.000 y 157.000 veces menos tierra en comparación con el medio menos eficiente: la producción de carne de vacuno y de cordero, respectivamente. Dependiendo de la fuente de electricidad y de las tasas de reciclaje, también pueden conseguirse drásticas reducciones en el uso del agua y en las emisiones de gases de efecto invernadero. Al tratarse de un proceso autónomo, se evita que los residuos y los productos químicos ocasionados por la actividad agrícola sean vertidos en el ambiente.

Si la producción ganadera es sustituida por esta tecnología, estaríamos ante lo que podría ser la última gran oportunidad para evitar el colapso de los ecosistemas de la Tierra gracias a la restauración ecológica a gran escala. Mediante la resilvestración de vastas extensiones de tierra ocupadas actualmente por el ganado (con mucho, el mayor de todos los usos humanos de la tierra), o por los cultivos utilizados para alimentarlo –así como los mares totalmente destruidos por las redes de deriva o la pesca de arrastre–, y con la restauración de los bosques, humedales, sabanas, praderas naturales, manglares, arrecifes y fondos marinos, podríamos detener la sexta extinción masiva de especies (actualmente en curso) y reducir gran parte del carbono que hemos liberado en la atmósfera.

Tenemos además una segunda y asombrosa posibilidad de romper con la enorme dependencia que muchas naciones tienen de los alimentos enviados desde lugares lejanos. Las naciones de Oriente Próximo, el norte de África, el Cuerno de África y Centroamérica no poseen suficiente tierra fértil ni agua para cultivar sus propios alimentos en cantidades suficientes. En otros lugares, sobre todo en el África subsahariana, la degradación del suelo, el incremento de la población y los cambios en la dieta impiden que aumente el rendimiento de sus cosechas. Sin embargo, todas las naciones más vulnerables a la inseguridad alimentaria son ricas en algo: la luz solar. Esta es precisamente la materia prima requerida para sostener la producción de alimentos a base de hidrógeno y metanol.

La fermentación de precisión se encuentra en la cima de su curva de precios y tiene un gran potencial para su reducción. El cultivo de organismos pluricelulares (plantas y animales) se encuentra en la parte inferior de su curva de precios, llevando estos hasta sus límites, y en ocasiones superándolos. Si la producción se realiza de modo distribuido (algo que considero esencial), cada ciudad podría tener una planta microbiana autónoma dedicada a la fabricación de alimentos de bajo costo, ricos en proteínas y adaptados a los mercados locales. En muchos países, esta tecnología podría garantizar la seguridad alimentaria de manera mucho más eficaz que la agricultura.

Existen, sin embargo, cuatro objeciones principales a esta idea. La primera se expresa en "¡Qué asco, bacterias!" Bien, pero actualmente las comemos en todas las comidas y añadimos deliberadamente bacilos vivos en alimentos como el queso y el yogur. Y demos un vistazo a las plantas de cría intensiva de animales que producen la mayor parte de la carne y los huevos de nuestra dieta y a los mataderos donde se procesan; con la nueva tecnología, ambos podrían quedar desfasados.

La segunda objeción es que las harinas producidas por fermentación directa podrían utilizarse para elaborar alimentos ultra procesados. Y es cierto que se podría, tal como hoy se hace con la harina de trigo. Pero también pueden utilizarse para reducir radicalmente el proceso de elaboración de sustitutos de productos animales, sobre todo si los microbios se modifican genéticamente para producir proteínas específicas.

Esto nos lleva a la tercera objeción. Ciertos cultivos genéticamente modificados, como el maíz Roundup Ready, presentan grandes problemas. Su principal objetivo era ampliar el mercado para el uso de un herbicida patentado y así asegurar el dominio de la empresa que lo producía. Sin embargo, los microbios modificados genéticamente están siendo utilizados sin controversia en la fermentación de precisión desde la década de 1970, concretamente en la producción de la insulina, del sustituto de la quimosina para fabricar el queso y en las vitaminas. Lo cierto es que donde sí se registra hoy una crisis terrible de contaminación genética es en la industria alimentaria, aunque esto se atribuye a que seguimos actuando como siempre: la propagación de los genes resistentes a los antibióticos que provienen de los tanques de purines del ganado que se filtran a la tierra, y desde allí, entran en la cadena alimentaria y en los seres vivos. Resulta paradójico que sean los microbios modificados genéticamente los que nos ofrecen la mejor esperanza de detener la contaminación genética.

La cuarta objeción tiene más peso: la posibilidad de que estas nuevas tecnologías queden en manos de unas pocas empresas. Esto representa un riesgo al que debemos enfrentarnos de inmediato, exigiendo una nueva economía de los alimentos que sea radicalmente distinta de la que tenemos en la actualidad, pues en ella se ha producido una concentración extrema (de los intereses corporativos). No se trata de un argumento contra la tecnología en sí; tampoco creemos que la peligrosa concentración del comercio mundial de cereales (el 90% en manos de cuatro empresas) sea un argumento contra el comercio de cereales, sin el cual miles de millones de personas morirían de hambre.

Considero que el verdadero punto de fricción está en la “fobia de lo nuevo”. Conozco a gente que no quiere tener un horno microondas porque cree que este perjudicará su salud (no es así), pero que tiene una estufa de leña, que sí lo hará. Tenemos tendencia a defender lo viejo y vilipendiar lo nuevo, cuando las más de las veces, debería ser al revés.

He dado mi apoyo a una nueva campaña denominada Reboot Food (en inglés, reiniciar los alimentos)  cuyo objetivo es defender las nuevas tecnologías que podrían ayudarnos a salir de nuestra espiral de desastre. Esperamos que sea el fermento de una revolución.

·        George Monbiot es columnista del diario británico The Guardian

23 junio 2020

Sobre arte, activismo y espacio público


Un resumen comentado de las ideas y reflexiones ofrecidas por Avram Finkelstein del Colectivo Gran Fury y miembro de ACT UP Nueva York

El espacio público ha sido el lugar idóneo para desarrollar las estrategias de comunicación que impulsan las más diversas causas sociales y políticas en democracia. Por supuesto, cuanto más obstáculos a los derechos fundamentales, mayor ha sido el riesgo de ver censurado el mensaje de una campaña, ya sea en los medios o en la calle; ello obliga a aplicar más ingenio en las tácticas empleadas. Evadir la represión es conseguir colocar el mensaje en la esfera pública con el fin de lograr los cambios sociales, económicos o políticos que se reclaman.

Han transcurrido tres meses desde que la pandemia del SARS-CoV-2 pusiera al planeta entero en emergencia sanitaria. A pesar de las restricciones a la movilidad de las personas, diversos movimientos continúan expresando su malestar frente a las diversas emergencias que parecen agravarse en tiempos de pandemia: Extinction Rebellion y su llamado a responder a la emergencia climática y ecológica; Black Lives Matter que exige poner fin al racismo institucional o la convocatoria #Niunamenos de lucha contra el feminicidio.

Los brotes simultáneos de la Covid-19 en el mundo han revelado la fragilidad de los sistemas de salud pública y su capacidad de hacer frente a un reto sanitario de dimensiones globales. No hay país que no haya enfrentado problemas en su infraestructura hospitalaria o en la creación de equipos de detección, preparación y respuesta a la pandemia desde la salud pública. A ello se añade la urgente necesidad de crear capacidades para seguir adelante con la investigación en pruebas diagnósticas, tratamientos y vacunas del coronavirus.

A inicios de mayo, se concretó un esfuerzo internacional en el marco del sistema de Naciones Unidas que permitirá obtener el acceso mancomunado a las tecnologías para hacer frente a la Covid-19. La iniciativa es imprescindible y del todo coherente con los acuerdos por conseguir a nivel mundial los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030.

Activistas convocados por el Center for Artistic Activism (C4AA) y la Alianza de Universidades por los Medicamentos Esenciales (UAEM) han creado la campaña Liberar la vacuna para la Covid-19. La iniciativa cuenta con más de 300 activistas a nivel mundial con un objetivo ambicioso: conseguir que todas las tecnologías de diagnóstico, tratamientos y vacunas para el coronavirus que sean financiadas con dinero público tengan un precio asequible para los sistemas de salud y estén disponibles y suministradas sin coste alguno en el mundo entero.



Los organizadores de la campaña entrevistaron a Avram Finkelstein para conversar sobre colectivos de activistas y campañas públicas. Finkelstein fue uno de los fundadores de ACT UP, creada en Nueva York en 1987 como una organización de base comunitaria (ACT UP en español significa 'actúa', pero es a la vez el acrónimo de ʻAids coalition to unleash powerʼ - coalición del Sida para liberar el poder). El colectivo artístico Gran Fury también fue parte del activismo de esa época, como creadores de los carteles y las campañas más impactantes en las dos primeras décadas de lucha por la información y prevención del VIH/Sida, los tratamientos y los derechos del paciente en EE.UU.

A inicios de la década de 1980 aparecieron los primeros casos del entonces desconocido virus del SIDA en EE.UU. A medida que se fue haciendo conocida la alta letalidad y mutabilidad del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y sus formas de transmisión, las comunidades LGTBI — las más diezmadas por el virus — se organizaron en diversas ciudades del mundo con el fin de frenar la pandemia.

Desde entonces 35 millones de personas han muerto por causa del Sida desde 1981. Aunque hoy en día existen tratamientos inhibidores del VIH, todavía son muchos los países que luchan por el acceso a los medicamentos y tratamientos en sus sistemas de salud. Hasta la fecha no se ha conseguido crear ni fabricar una vacuna que prevenga la infección por VIH aunque hoy se puede conseguir una carga viral indetectable en las personas seropositivas.

Finkelstein compartió sus reflexiones sobre lo que él denomina la «producción cultural colectiva» en el activismo artístico. Para ello se centró en los carteles que formaron parte de campañas más extensas los años 80 y 90, encaminadas a lograr políticas públicas específicas en el ámbito de la salud: 'SILENCE = DEATH' (silencio = muerte), 'Enjoy AZT' (disfrute AZT) y 'Women don't get AIDS - They just die from it' (las mujeres no contraen el Sida, solo se mueren de él) .

Participaron en la conversación Steve Lambert, Rebecca y Merith Basey, impulsores de Free the Vaccine Covid-19.

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Para entender la forma en que un colectivo puede crear mensajes directos que inciten a la acción o despierten la conciencia), es preciso detenerse en el «cerebro colectivo» del grupo y en sus procesos colaborativos.

La escucha es tanto o más importante que la elaboración del mensaje propiamente dicho. Escuchar quiere decir entender cómo es el lenguaje corriente o llano; y ser capaz de reproducirlo en los mensajes que se busca difundir. La escucha atenta a lo que el colectivo diga en su proceso participativo nos permite entrever el mensaje. Y este puede surgir como un chispazo de ingenio, o bien como una frase de apariencia anodina pero significativa, rechazada o aplaudida por el grupo.

Por otro lado, los espacios públicos son el equivalente físico al diálogo civil: no solo se trata de emitir mensajes sino también de escuchar lo que dice la calle. En el espacio público se presupone la existencia de un público que escucha, y por eso se espera que éste responda a los mensajes lanzados, aunque ello no sea tan evidente de primera mano.

Para Finkesltein, «la escucha es también la clave de la producción cultural. Para que exista la colectividad, tiene que producirse primero un acto de equilibrismo en la cuerda floja que comporta saber cuándo hay que escuchar y cuándo posicionarse. Para entender cómo debemos construir un mensaje, se necesita tener el oído afinado».

Codificar las imágenes


Existen mensajes que pueden ser complicados de trasladar por el tipo de palabras que se emplean. En esos casos, la imagen codificada puede facilitar la comprensión del mensaje. Para describir este proceso, Finkelstein toma el ejemplo del cartel de campaña 'Enjoy AZT' (disfruta AZT) creado en 1988. Fue ideado para asemejar un anuncio que «ocupaba» la marca comercial de la Coca - Cola. La idea era explicar las complejas formas de acaparar riqueza que tiene la industria farmacéutica. Al mismo tiempo, el cartel reflexionaba sobre la eficacia del medicamento (se sabía que funcionaba solo en un 50 % de los pacientes, que era muy tóxico y tenía serios efectos secundarios).


Analizado en retrospectiva, Finkelstein considera que 'Enjoy AZT' no era un anuncio lo suficientemente fuerte para el espacio público: «Ocupábamos la marca de la bebida, pero en ese tiempo las compañías farmacéuticas no podían anunciarse en espacios comerciales. Por tanto, la historia del mensaje era doblemente compleja... porque los anuncios de medicamentos eran una novedad en el discurso público».

El cartel también incluía un texto en letra pequeña, en forma de réplica a la imagen: IS THIS HEALTH CARE OR WEALTH CARE? (cuyo mensaje en español se traduciría como: ¿cuidar la salud o cuidar la riqueza?). Al estar escrito en lenguaje llano, el público lector podía acceder a datos específicos de por qué el AZT debía importarles, y de cómo este podía afectar sus vidas.

Para ello se evitó el uso de cualquier clase de argot empleado en los ámbitos la política, la academia o la organización de campañas. «Es muy importante que el texto de cualquier campaña vaya siempre escrito en lenguaje llano», señala.

Rememorando las circunstancias de las revueltas ocurridas en 1988 en el East Village de Nueva York, Finkelstein opina que su colectivo no detectó el largo aliento que podían tener las campañas. Pero otras patrullas de activistas se dedicaron a coleccionar una serie de carteles colocados en calles y edificios para llamar la atención sobre los múltiples problemas que se vivían localmente. Además de las personas con VIH, estaba la situación de los usuarios de drogas inyectables, de las personas sin techo, los desplazados y el imparable avance de los proyectos de gentrificación inmobiliaria en Manhattan. Muchos de los integrantes de ACT UP vivían en ese mismo barrio.

Toda una generación de fotógrafos se dedicó a documentar los grafitis que la gente añadía a los carteles. Los activistas escucharon esos comentarios para afinar sus mensajes, mucho antes de la invención del muro de Facebook y otras redes sociales. Y en toda esa efervescencia que contenía denuncias y llamados a la acción, la clave parecía residir en elaborar mensajes universales en un lenguaje llano; llamar la atención sobre algo que formaba parte de un problema social más amplio.

El logo 'SILENCE = DEATH', que ilustra el histórico cartel de sensibilización sobre la pandemia del Sida, es un ejemplo de cómo, varias décadas después, la gente sigue utilizando el signo de igualdad (=) como una forma abreviada de lenguaje en el espacio público. «No sé si se nos ocurrió a nosotros primero, pero sí puedo decir que la idea de crear equivalencias morales de una manera visualmente compacta fue nuestra. Entonces decíamos, medio en broma, que habíamos creado la versión años ochenta de las 'caritas felices' (el smile o happy face del arte Pop americano de los sesenta). SILENCE = DEATH tiene un icono (el triángulo rosa que identificaba a los homosexuales en la Alemania nazi) y un mensaje. También contiene una réplica y un llamado a la acción».

El pie del cartel contiene cosas muy específicas, y además, prepara el terreno para el siguiente cartel, en una serie de tres, que era una invitación a la revuelta durante las elecciones al Congreso en 1988. Y fue por esa razón que nuestro trabajo se hizo de manera anónima. Pero al poco tiempo apareció ACT UP y empezamos a trabajar en coalición. En nuestras conversaciones combinábamos los temas del racismo, el sexismo y la homofobia. Y también se insinuaba el tema del genocidio».

Cada trabajo debe se considerado como una frase que da inicio a una conversación social más amplia. Es lo que permite que haya espacio para moverse y que tenga una mayor duración.


La narración en el contexto del capitalismo


En cualquier sociedad democrática, la esfera pública ha sido tradicionalmente el espacio para el relato. El uso de los espacios sociales y la dinámica que se crea en ellos ha sido objeto de estudio para los historiadores. Y en la fase tardía del capitalismo en que hoy nos encontramos, el relato se usa para vender productos, reputaciones y políticos.

Aquí cabe apuntar que en la era de la posverdad instaurada en nuestra sociedad de la información digital, se encuentra el poder que maneja los medios de producción de verdad en base a los denominados «hechos alternativos». Este puede preparar el terreno abonado con mentiras para influir con su propaganda en la opinión pública y hacerla maleable a sus intereses. Hoy son aún más vigentes que nunca las preguntas con las que Hannah Arendt abría sus reflexiones sobre verdad y política en 1967:

¿Qué clase de realidad puede atribuirse a la verdad, si esta es impotente en el ámbito público, el cual, más que ninguna otra esfera de la vida humana, garantiza la realidad de la existencia a los hombres que nacen y mueren?[...] ¿acaso la verdad impotente no es tan despreciable como el poder que no presta atención a la verdad?


El cartel de 'Women don't get AIDS'

Foto: Timothy P. Karr
«Este cartel fue producido en 1991. Es un buen ejemplo de lo importante que es tener una frase inicial para captar el tiempo suficiente la atención del público — algo que no siempre se consigue. Además, el texto está en lenguaje llano y es muy fácil de entender, lo cual hace que el lector reflexione: ʻ¡Oh, Dios mío! Esto no lo sabíaʼ. No se pretende hacer un análisis científico de los datos que justifican la necesidad de producir el cartel. El texto solo explica de una manera sencilla que existe un sesgo de género, tanto en la investigación científica como en el desarrollo de los medicamentos... y todo esto mientras alguien lee el cartel que está pegado en el paradero de su autobús. Ese es el objetivo. ¿Pero cómo se hace? ¿Cuál es el ʻganchoʼ?

«A continuación viene un texto expositivo que describe la complejidad del problema en dos o tres frases. Lo suficientemente claro y conciso para entender cómo les afecta esta cuestión.

«El cartel formó parte de una campaña desarrollada en múltiples facetas durante 4 años. Hay que pensar que todas las acciones previstas están relacionadas con esto. No fue solo el cartel lo que consiguió el objetivo de hacer que se cambiara la definición médica del VIH/Sida. Quienes consiguieron el cambio fueron las miles de personas que trabajaron durante años en la campaña. Y el cartel era un elemento explicativo más que hacía pública una realidad.


Al elaborar una imagen, lo que debe hacerse primero es definir el público receptor; lo segundo es definir la historia que les vamos a contar.


«El comité de mujeres de ACT UP en Nueva York había documentado una serie de realidades sobre el impacto del VIH en la población femenina. Pero el Centro de Control de Enfermedades (CDC, en inglés) no estaba incluyendo en su definición del Sida las manifestaciones de supresión de las defensas que afectaban comúnmente a las mujeres. Y así transcurrieron 12 años desde que se iniciara la pandemia. Tampoco se incluía a las mujeres en los ensayos clínicos ni se les hacía seguimiento en el sistema sanitario. Se pensaba que las mujeres no se infectaban con el virus.

«El comité de mujeres publicó un manual sobre mujeres y Sida, Women and Aids, y después una Agenda para la investigación y los tratamientos del VIH/Sida. Estos informes hicieron una crítica contundente de los principios de vigilancia epidemiológica que por entonces se manejaban en el CDC».

El colectivo como fuerza impulsora del cambio social


«La acción colectiva fue la que obligó al CDC a extender la definición del Sida. Con ello las mujeres y los usuarios de drogas intravenosas fueron incluidos como poblaciones afectadas. ACT UP entabló una demanda colectiva contra el Seguro Social en representación de las mujeres que no habían obtenido una indemnización al no ser reconocidas como enfermas de Sida. La demanda fue suscrita por el Colegio de médicos de EE.UU. (AMA, en inglés) y se hizo presión con una carta de adhesión que fue publicada en un anuncio a página completa en el New York Times.

«También es colectivo el pensamiento que impulsa las campañas. Las propuestas de campaña no se presentan como una maqueta o bosquejo que debe ser aprobado o rechazado por alguien. Hay un proceso de elaboración grupal que incluye un momento en el que se hace una lluvia de ideas — pero sin obsesionarse con ninguna idea en particularʼ, puntualiza Finkelstein. Se trata de mantenerse receptivos a lo que dicen los demás, de escuchar atentamente.

«Nos han educado a pensar en el espacio público como una instancia declarativa, cuando en realidad deberíamos pensar en cómo ese espacio nos interpela».

En tal sentido, el trabajo en equipo, las colaboraciones entre colectivos distintos, son importantes, pero también requieren un análisis crítico. Por ejemplo, el colectivo Gran Fury había sido una comisión de trabajo abierta dentro de ACT UP. En el primer proyecto había 50 personas trabajando que entraban y salían en cualquier momento. A la larga, el trabajo como comisión se hizo inviable por la dificultad para tomar decisiones. Sin embargo, Finkelstein reflexiona con satisfacción sobre el alto poder de comunicación que consiguió su grupo, y la efectividad de las dinámicas aplicadas en las reuniones de trabajo.

«Por ejemplo, la lluvia de ideas y el enfoque en la escucha al poner las ideas sobre la mesa. El trabajo empieza cuando se tiene todo dicho y cada participante se deja empapar por las ideas, algunos toman notas y empieza la labor de edición. El colectivo debe trabajar como un organismo en el que cada integrante tiene su función. Sin embargo, el desorden es también parte de cualquier trabajo creativo, o incluso de las tareas del activismo. Y no hay que asustarse ante la perspectiva del fracaso».

Un elemento de cohesión para el trabajo del activismo creativo es que los miembros del colectivo se consideren como parte de una familia en la que todos están involucrados en la construcción de un texto. También es posible poner en práctica el «cross-editing» en que, agrupadas en parejas, las personas se revisan mutuamente el texto o la frase que se les ha ocurrido. Luego se vuelve al grupo y se comparte. También sirven los grupos de tareas concretas, que después deben comunicar lo realizado a todo el grupo para tomar una decisión como colectivo.

La democracia interna del colectivo


Se puede seguir el consenso general cuando hay desacuerdo entre los miembros. Es un consenso más informal. Pero también se debe pensar en las estrategias de votación. Y estas deben ser acordadas en el momento en que el grupo inicia su actividad.

Los votos o sondeos por mayoría, si son a mano alzada, pueden ser problemáticos para las relaciones comunitarias; algunas personas podrían resistirse a revelar su opinión personal. Sin embargo, la mano alzada funciona para personas con menos compromiso en el grupo. Este es el caso de quienes solo participan en algún aspecto concreto del proyecto. Hay que tener en cuenta que los niveles de participación pueden ser variables aunque exista un compromiso general con el proyecto.

El voto por mayoría presenta algunos problemas cuando hay diferencias de poder; cuando una minoría es excluida por un grupo mayoritario. Y por supuesto, siempre es mejor que el número de participantes en el colectivo sea impar.

Algunas alternativas para evitar los diferenciales de poder son: el voto múltiple o por preferencia, que permite proceder por reducción de opciones en los supuestos que se discuten. Esta votación ayuda a adoptar una decisión de una manera más rápida cuando se producen tensiones acerca de un contenido concreto.

Por último, se puede recurrir a las votaciones por vueltas, en la que las opciones que alcanzan la puntuación más alta vuelven a votarse.

Steve Lambert propuso una modalidad adicional, recogida en una experiencia propuesta por Mabel De Gries en otro colectivo de activismo artístico de San Francisco: el derecho a reclamar una «voto apasionado». Cada persona tiene la posibilidad de proponer una votación adicional que puede incluso anular un Sí o un No previamente votado. No es obligatorio proponerlo, sino como recurso cuando alguien piensa que el grupo está adoptando un camino errado. Solo debe usarse en un grupo cohesionado donde exista confianza mutua.

11 mayo 2020

Entrevista a Claudia Vaca González


Entrevista a Claudia Vaca González, directora del Centro de Pensamiento sobre Medicamentos, Información y Poder de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) 

 

Foto: David Morales

El reciente llamado del presidente Alvarado Quesada de Costa Rica, a crear una reserva de patentes a nivel mundial frente a la pandemia de Covid-19 motivó que pidamos las opiniones de actores de América Latina en temas de salud y medicamentos. 
Preguntamos a Claudia Vaca sobre su participación en DIME, un proyecto que ofrece a los tomadores de decisiones en salud una información validada, comparada e independiente sobre precios, cobertura, competencia, uso racional y evaluación de las tecnologías sanitarias (ETES) y los medicamentos.


 


¿Qué es el proyecto DIME? 


Muchas gracias por habernos contactado. Eso significa que estamos llegando a una comunidad que está interesada en informarse. DIME es una iniciativa que involucra tres elementos que yo creo que deberían promocionarse para mejorar el acceso a los medicamentos y las tecnologías de la salud, para que el derecho universal del acceso a la salud se haga realidad.

En primer lugar, DIME es una comunidad de prácticas integrada por personas independientes que trabajan en temas de acceso, políticas farmacéuticas, investigación clínica, evaluación y análisis económico. Participan en esta comunidad personas de más de 8 países de la región latinoamericana que se dedican a la enseñanza universitaria, la academia o la investigación. También hay funcionarios de gobierno, responsables de la toma de decisiones en políticas públicas desde una perspectiva técnica, y personas que trabajan con las ONG en estos temas.

 

Pero ¿DIME es también un repositorio de conocimiento del sector biomédico?


Desde nuestra comunidad de prácticas hemos desarrollado una plataforma digital con información que se pone a disposición para [alimentar] las discusiones y aproximaciones y para informar según la misión de DIME: ofrecer información comparada, validada e independiente, que permita las tomas de decisiones en el sector salud relativas a los precios y otros aspectos de evaluación de las tecnologías sanitarias o los medicamentos.

Por último, DIME se encarga de elaborar piezas o documentos de política pública, recomendaciones, informes analíticos y reseñas sobre normativas (policy briefs) para facilitar la toma decisiones en cada país.


«El tema del acceso al conocimiento se vuelve relevante cuando hablamos de monopolios como las patentes».

Nuestro trabajo se basa en la gestión del conocimiento, y en el caso de Covid, estamos volcados en tratar de hacer disponibles los repositorios de información independientes que no tengan sesgos de financiación o de conflicto de intereses. Tenemos un repositorio de evidencias sobre diferentes temas: medicamentos, pruebas diagnósticas, intervenciones no farmacológicas, para que las personas que toman las decisiones encuentren toda la información sobre esto. Y en particular, sobre los precios, que es un tema muy relevante sobre el cual la gente y los gobiernos pueden tener acceso. Y dentro de los precios, el tema determinante fundamental es evaluar o valorar cuándo hay competencia o cuándo hay monopolio.

El tema del acceso al conocimiento se vuelve relevante cuando hablamos de monopolios como las patentes. Por eso el tema de la propiedad intelectual, las patentes y la declaración del presidente de Costa Rica se volvió un asunto de nuestro más grande interés y lo movilizamos mucho a través de nuestra plataforma de internet.


 Sobre la pandemia en la región ¿cuál es la situación actual en América Latina?


Los brotes y la incorporación del coronavirus en América Latina, tardaron por un tema de fronteras, de traslado, a pesar de lo acelerado de su expansión en un mundo global. Ocurrió con sus tiempos y sus movimientos.

Hay suficientes barreras entre Asia y nuestra región para que los aprendizajes que se dieron tanto en Europa como en Asia los pudiéramos masticar con más tiempo. Pero estamos hablando de unidades de tiempo aceleradísimas y las cosas pueden cambiar radicalmente de una semana a otra. En principio tenemos una llegada de la pandemia que está retrasada con respecto a Asia y otros países. Pero la forma como se ha extendido y la forma como han respondido los países varía muchísimo. Creo que esto tiene un elemento de economía política grande. Los gobiernos de derechas y los negacionistas tuvieron una aproximación completamente diferente a la de los gobiernos que eran un poco más abiertos o que decidieron optar por equipos asesores técnicos para manejar la pandemia, y esa es la diferencia grande entre los países. Y bueno, también están las capacidades de los sistemas de salud, que es un factor que no se tiene que olvidar nunca.


A inicios de mayo se conformó una alianza internacional para la covid-19 impulsada por Noruega, Italia, Alemania, Francia y la UE ¿qué papel pueden y deben jugar los gobiernos, la sociedad civil y la comunidad científica de América Latina en un momento en también se prevé una fuerte recesión en las economía emergentes?


La noticia del acelerador de herramientas para la Covid-19 impulsado por la OMS es como un solaz, como una tranquilidad de un esfuerzo de coordinación frente a una pandemia que nos está tocando a todos. Es decir, las respuestas individuales y aisladas tal vez no tienen sentido cuando nos estamos enfrentando a la problemática de una pandemia global. Y cuando pareciera que hubiese ausencia de instrumentos y de esfuerzos de coordinación, aparece esto, creo que por esfuerzos del Gobierno de Costa Rica, como el acelerador fundamental, como respuesta a las decisiones de algunos países como EE. UU., de tratar de ponerle un ultimátum a la OMS, que sería el único organismo 
—con todas sus críticas o sus fallas—  el único organismo capaz de generar esa coordinación.

Yo creo que sí es un solaz, una luz de aliento sobre la coordinación. Pero creo y me temo que los países de América Latina no están jugando un rol determinante en este espacio, me parece que hay una supremacía, un elemento dominante de los países del Norte y de la UE en general que hace que preocupe la ausencia de países del Sur, tanto de América Latina como de África y algunos países que están con complicaciones muy fuertes con respecto a la pandemia, como India u otros países de Asia.

Entonces esa es la preocupación más grande: no veo al Sur presente, no veo a los organismos de los países del Sur presentes ahí... y creo que América Latina, por la fragmentación de las posturas, y también por la diversidad del desarrollo de las respuestas y de las capacidades de investigación y desarrollo, es difícil que se incorpore. Creo que habría que buscar algún espacio latinoamericano que a su vez haga un lobby en la OMS para que sean más escuchados y sean más consideradas esas capacidades de la región.


Sobre el tema del acceso a pruebas diagnósticas del coronavirus en América Latina. ¿Qué importancia tiene el acceso a la prueba y cuáles son las posibles estrategias que se están considerando para la región?


Las pruebas diagnósticas tal vez están en su momento más crítico a nivel global, no solamente en términos de acceso y disponibilidad. Es un tema de los países de América Latina, de EE.UU. y muchos países del Norte que no han podido acceder rápidamente a las pruebas, pero ya se está supliendo el mercado global un poco. No hay coordinación de América Latina, pero existen por lo menos tres países que están desarrollando capacidades propias en la aplicación de pruebas: es decir, importación, aplicación, desempeño y testeo de los pacientes: Colombia, Chile y Argentina; los países de la CAN también, pero tenemos menos información. Quizás haya otros laboratorios que testeen y que tengan capacidad de importación de pruebas, pero además, Colombia en particular, ha realizado esfuerzos por producir ciertos reactivos diagnósticos que son determinantes para el desarrollo de las pruebas; es decir, no es suficiente con importar el test que se vaya a hacer, sea molecular o sea serológico. También en algunos casos se requiere por un lado la validación de las pruebas serológicas, y por el otro lado, producir ciertos reactivos para poder realizar el análisis final de las muestras. Colombia está desarrollando estas capacidades. Al respecto, DIME ha emitido una nota sobre disponibilidad de precios y de datos sobre la oferta y el resultado de pruebas diagnósticas en América Latina; también publicaron un resumen sobre lo que Colombia está haciendo para la producción de reactivos diagnósticos, que me parece que también es válido porque esto querría decir que las barreras grandes de dependencia tecnológica podrían superarse si se logra rápidamente poner a punto estas capacidades de producción propias.



¿Y estar en condiciones de desplegar las pruebas diagnósticas en los sistemas de salud pública?


Bueno sí, pero esto revela que hay unas capacidades de investigación y desarrollo tecnológico, que en un momento de pandemia se logran. Digamos que es una muestra de que existen capacidades y que es posible responder a una circunstancia de salud pública priorizando los recursos de la I+D, con menos intereses comerciales y más prioridades de salud pública.

 
    Criba de resultados en laboratorio. Foto: Daniel Soñé Photography / CC BY

 

Existen kits de detección y diagnóstico molecular PCR, como el desarrollado por el hospital universitario de La Charité en Berlín, con protocolos ya disponibles en el repositorio europeo de virus EVAg. ¿Sabe si están siendo desarrolladas estas pruebas en la región?


No conozco sobre ese test en particular. Pero nosotros estamos llamando, desde la nota del DIME sobre pruebas diagnósticas, a que se haga una disponibilidad completa de datos abiertos para garantizar la producción tanto de las enzimas que se requieren para hacer el procesamiento de las muestras en PCR como el acceso a los propios tests; y que se facilite que los países puedan desarrollar sus propias capacidades. En dos boletines de DIME se ha puesto en público conocimiento lo que han logrado los países con las empresas, en especial con [los laboratorios] ROCHE, lo que no ha sido por voluntad específica de ellos, sino por presión de los gobiernos, que advirtieron sobre las posibles sanciones por mantener secretos comerciales sobre una información que es de interés público. Y esto ha dado paso a que algunas otras empresas como 3M pusieran a disposición
en un repositorio abierto todos sus diseños de respiradores patentados por ser considerados también insumos esenciales en estos momentos de la pandemia.


En especial los gobiernos de Holanda y Alemania advirtieron a ROCHE, que protegía el secreto industrial de sus productos, sobre posibles sanciones por competencia desleal y daño a la comunidad. Aún así, parece que ROCHE no puso a disposición los últimos modelos, sino los diseños anteriores, lo cual posiblemente no fuera tan útil. Pero esto es un ejemplo de la importancia de hacer pública esta información, que es precisamente lo que pedía Costa Rica desde el principio.



«Las fisuras  y fallas del modelo de innovación basado en patentes: el monopolio que da la patente como un incentivo no fue útil para la pandemia».

 

¿Cree que, a partir de la emergencia del SARS-CoV-2, habrá un cambio en las estrategias para fijar el precio de los medicamentos?


Pues a partir de la pandemia, ya son siete los países que han declarado que todos los medicamentos y todos los insumos y tecnologías médicas son de interés público, y que los gobiernos están dispuestos a emitir licencias obligatorias tanto sobre las patentes conseguidas como sobre las patentes que se vienen. Esto incluye a Alemania, a países del Norte que tenían unas posturas bastante proteccionistas sobre la propiedad intelectual. Es una señal interesante sobre las fisuras, las fallas que tiene el modelo de innovación basado en patentes porque eso significaría que el monopolio que da la patente como un incentivo a la innovación no fue útil para la pandemia; que incluso los países que han establecido esquemas rigurosos están siguiendo esquemas de flexibilidades [bajo los ADPIC de la Organización Mundial del Comercio], o incluso de excepciones. Yo creo que eso es una señal ya de por sí muy interesante. Ahora bien, que eso sea real y que se traduzca en precios bajos, está por verse.


El pulso que se viene no es por el anuncio de la declaración de flexibilidades o de excepciones a las patentes... el pulso va a estar en cómo se van a subir los precios. Esas decisiones de los países fueron tomadas porque anticipaban el hecho de que varios de los medicamentos y dispositivos que iban a requerirse en la pandemia estaban siendo protegidos por patentes; o sea que fue una salvaguarda rápida de los países para que estos productos no estuvieran sujetos a un monopolio.


Hay indicios sobre posibles registros, de un medicamento de Gilead que se llama remdesivir, que no está registrado en ninguna parte del mundo. El viernes pasado la FDA (agencia estadounidense del medicamento y la alimentación) le dió el registro de emergencia rápida. Una empresa que no se ha destacado por tener precios justos ni por ceder frente a sus patentes... ha sido bastante agresiva en sus estrategias de patente. La primeras estimaciones que se hacen sobre este producto — que todavía no sabemos si sirve o no —, hablan de 4.500 dólares por tratamiento que podría usarse en pacientes
graves de Covid-19, un precio inaccesible para el volumen en que se requeriría, a juzgar por el número de pacientes que están ingresando en los hospitales, y que pudieran complicarse.


O sea que estamos en el primer paso para declarar flexible el monopolio y todavía hay un trecho para saber si los precios van a ser justos o no. Y no sabemos qué tanto se va a mover fuerte Gilead para que acepte liberar el producto y hacerlo de acceso disponible sin derechos de exclusividad en todos los países. Estamos en la mitad del camino y en los picos de la pandemia...en la cresta de la ola de la pandemia y en la mitad del camino sobre el acceso. Esto es muy complejo porque estamos retrasados en las decisiones en el avance de la pandemia.