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18 marzo 2025

Ciencia de datos y agendas feministas en Barcelona

 

 
El pasado seis de marzo tuvo lugar en Barcelona la Jornada de Datos Abiertos 2025 organizada por la Iniciativa Barcelona Open Data (IOD), que forma parte de estos encuentros desde 2017 y cuenta con el apoyo de las instituciones de gobierno catalan (Generalitat, gobiernos locales y diputaciones) así como centros de estudios y universidades.

El Big Data (metadatos) se dio a conocer hace veinte años como el resultado de la digitalización y el almacenamiento de datos en los ámbitos de la economía y finanzas, las administraciones de los estados y las instituciones científicas, muchos de los cuales son datos de carácter público. 

En 2017 los gobiernos municipales de Barcelona y Madrid eran  las capitales que entendieron el potencial de los datos en marcos de código abierto y el avance que ello significaba para la acción de la sociedad organizada, la economía política y las reivindicaciones ciudadanas desde los diversos sectores y clases del tejido social.

Con el crecimiento exponencial del manejo y recopilación de datos en la sociedad global de la información, se hizo evidente que estos no debían ser entregados únicamente a los cinco gigantes mundiales de la tecnología (GAFAM); somos también los usuarios del internet quienes estamos contribuyendo con nuestros datos como material que las corporaciones tecno digitales extraen para seguir generando productos y bases de datos que hagan posible un consumo y un control infinito, según lo requieran sus clientes.

La iniciativa de Barcelona Open Data tiene como misión «transformar datos abiertos en información de valor social, económico y ciudadano que sirva a los retos sociales e institucionales». Entre sus objetivos figura el de «incorporar el valor de los datos abiertos a proyectos de transformación social, específicamente en el ámbito de la igualdad de oportunidades de las mujeres».

La jornada de este año tuvo por título «Mujeres que lideran en datos abiertos para la igualdad». Su principal interés es el de compartir los conocimientos y la creación de herramientas de tecnología de datos  abiertos, con el fin de abordar los retos en los derechos de las mujeres y mejorar la participación y los proyectos que promueven la igualdad.
 

Mujeres en el ecosistema de los datos abiertos

Las jornadas Open Data buscan «promover la creación de redes colaborativas y soluciones digitales con impacto social y perspectiva de género». En un ambiente de diálogo, diversos grupos exponen los usos que se da a los datos abiertos, con el objetivo de «crear aplicaciones, visualizaciones, publicar análisis y promover datos» de interés para sus comunidades. 
 
La séptima edición de la jornada presentó una mirada feminista a la construcción de las tecnologías de datos abiertos orientada a los derechos de la mujer. Lourdes Muñoz, directora de IOD, señaló la importancia de abordar las brechas de igualdad, digitales y salariales que afectan a las mujeres.
 

Los datos y la agenda feminista

La primera mesa de diálogo de la jornada fue dedicada a las instituciones públicas y la estrategia de datos para la agenda feminista. Centrándose en un repaso de las instituciones públicas y la disponibilidad de sus portales de datos, Ester Manzano, directora de servicios digitales y experiencia del uso ciudadano de la Generalitat de Catalunya, señaló que los conjuntos de datos más demandados son aquellos relacionados con la atención a la mujer, el reto de la garantías ciudadanas con perspectiva de género y la población LGBTI+.

Desde la dirección de servicios de apoyo de la Diputación de Barcelona, Sara Aguilar, explicó que los datos abiertos de mayor utilidad son los del buscador oficial de información y documentación CIDO desarrollado desde su institución; a éste acude el público durante su búsqueda de información para el empleo. Asimismo, existe una visión corporativa que apuesta por el desarrollo de más proyectos que tengan acceso a los datos públicos; para ello se están firmando más acuerdos entre las diversas instancias de gobierno y la Generalitat de Catalunya como gobierno autonómico.
 
En un diálogo centrado en los laboratorios de datos y la construcción de una práctica feminista para los tecno datos, Maribel Cárdenas y Lourdes Muñoz conversaron desde la perspectiva de las políticas de igualdad a nivel municipal. Estas políticas se vienen aplicando desde La Ciba, el espacio de recursos para mujeres, innovación y economía feminista que dirige Cárdenas en el Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona metropolitana), y que es considerado como un observatorio de género y datos abiertos desde el cual se ejecutan proyectos de innovación social. 

Ambas directoras coincidieron en que «no hay políticas públicas sin datos» y que, dentro de aquellas, todavía hay carencias en las políticas feministas y de igualdad que incorporen la construcción de herramientas comunicativas. Por último, señalaron que para «crear comunidad» es indispensable animarse a construir también más herramientas de datos que tengan una visión local y sean de fácil acceso. 

En la segunda mesa se abordó el tema de las iniciativas de reutilización en los proyectos basados en el uso de datos abiertos para la agenda feminista. Se presentaron proyectos digitales que hacen uso de datos abiertos para aportar soluciones en el ámbito de los derechos de las mujeres:

Eli Vivas es la cofundadora y actual directora de Storydata, una agencia especialista en la producción del periodismo de datos. Su intervención se centró en la investigación y análisis de los datos abiertos y su uso en el servicio de comunicación global; asimismo, presentó los datos de Wiki Women, un grupo de trabajo que tiene por objetivo cerrar la brecha de género en los proyectos de Wikipedia. 

Anna Higueras (Ideas for Change) se centró en el análisis de la diversidad, la equidad y la inclusión en los proyectos de Next Generation Internet, financiados por la Comisión Europea. Higueras señaló la importancia de tener datos que aumenten la diversidad y representen a las minorías, no sólo en términos de apertura, sino también en la conceptualización y diseño de herramientas tecnológicas que utilizan estos datos.
 


Finalmente, Martha Aymerich, directora del eHealth Center (Centro de salud electrónica) de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC), dio a conocer los resultados de un estudio sobre las «tijeras de género», que arrojan un resultado de menor participación de las mujeres en los investigaciones científicas, un efecto que perjudica a las mujeres para avanzar en su carrera científica.

Para las organizadoras de la Jornada de Datos Abiertos 2025, el encuentro ha puesto sobre la mesa la necesidad de un «enfoque digital y feminista en la creación y aplicación de datos abiertos. La jornada dejó claro que los datos abiertos no sólo son una herramienta técnica, sino también una herramienta clave para transformar la sociedad hacia la igualdad de género y en defensa de los derechos de las mujeres.


12 marzo 2021

La democracia en su encrucijada

Tres semanas después del asalto al Capitolio en Washington, mientras las cámaras parlamentarias se reunían para confirmar a Joseph Biden como presidente electo de los Estados Unidos, Shoshana Zuboff, autora de La era del capitalismo de la vigilancia (2019), publicaba un artículo en la edición dominical del New York Times, titulado «El golpe del que nadie habla».

 

Wikimedia Commons - Public Domain, 2011


Como profesora emérita e investigadora en la escuela de negocios de la Universidad de Harvard, Shoshana Zuboff ha estudiado la evolución y el crecimiento de las tecnologías digitales como la fuerza económica que ha impulsado nuestra vertiginosa transformación en una «civilización de la información». En su exhaustiva investigación del poder y la riqueza acumulados a lo largo de tres décadas, Zuboff, se refiere a los emporios de la tecnología digital nacidos en Silicon Valley, y a sus afinidades con la administración pública de los EE.UU. tras los atentados terroristas del 11 de setiembre de 2001. Su obra analiza las prioridades extractivas y predictivas del capitalismo de la vigilancia —y de los «mercados de futuros conductuales» resultantes—, diseccionando y anticipando las profundas consecuencias que este modelo de conexión digital totalizadora puede tener para las sociedades de nuestro siglo. 

En su artículo del Times, Zuboff menciona el programa Total Information Awareness de la agencia estadounidense de seguridad nacional (NSA), que en 2002 sentó las bases de lo que poco después conformaría el mecanismo de captura y análisis de datos sobre el cual se basa el «excedente conductual» que hizo posible el surgimiento del capitalismo de la vigilancia. 

«Los nuevos emporios han diseñado un golpe epistémico, fundamentalmente antidemocrático, que se caracteriza por una concentración de conocimientos sobre las personas nunca antes vista, lo cual les confiere un poder sobre el que no tienen que rendir cuentas a nadie», denuncia Zuboff. 

La gobernanza de los datos es hoy un tema recurrente en el debate público, a medida que se producen volúmenes cada vez mayores de información derivada de la vida digital de la población. ¿Cuál es el criterio que debería regir el uso, la custodia o el almacenamiento de estos datos?; cuestiones como la soberanía de datos deben atenderse en el ámbito de infraestructuras e instituciones públicas tan medulares como el National Health Service del Reino Unido, donde actualmente el gobierno está en conversaciones con empresas como Palantir (proveedora del servicio de inteligencia estadounidense) para hacerse con los datos de los usuarios de los servicios de sanidad sin que el público conozca el alcance que estos contratos pueden tener para sus derechos fundamentales. 

Zuboff insiste en la importancia de una gobernanza dentro de los márgenes de las instituciones democráticas. «En una civilización de la información, las sociedades quedan definidas por cuestiones relacionadas con el conocimiento: ¿cómo se distribuye ese conocimiento, qué autoridad debe gobernar su distribución y de qué poder está investida? ¿Quién tiene conocimiento? ¿Quién decide sobre quienes tienen conocimiento? ¿Quién decide sobre las personas que deben decidir acerca de quiénes tienen ese conocimiento? Los capitalistas de la vigilancia tienen ahora las respuestas a cada una de esas preguntas, aunque nunca fueron elegidos para gobernarnos. Esto es lo que, en esencia, es un golpe epistémico. Al afirmar que tienen derechos de propiedad sobre nuestros datos personales, se están atribuyendo la autoridad para decidir quién es el poseedor del conocimiento; y defienden esa autoridad a través del poder que tienen para ejercer control sobre sistemas e infraestructuras esenciales». Este poder se extiende hoy sobre los propios medios de comunicación, que han sido históricamente uno de los pilares sobre los cuales se asienta la democracia liberal.

 

Una verdad insoportable

Zuboff constata que, al igual que la postura adoptada por los EE.UU., la mayoría de las democracias liberales del mundo han cedido la titularidad del ámbito digital —y la capacidad de operar en él— a la economía política del capitalismo de la vigilancia privado; éste rivaliza hoy con la democracia sobre cuáles son los derechos y principios fundamentales que habrán de definir nuestro orden social en el presente siglo. 
 
Este golpe representa una amenaza para cualquier sociedad democrática. Se puede optar por tener o bien una democracia, o bien una sociedad de la vigilancia, pero ambas a la vez no son posibles. «Una sociedad de la vigilancia que sea democrática es un imposible existencial y político», advierte Zuboff. Estamos en una batalla por la esencia misma de nuestra civilización de la información, y en esta circunstancia estamos entrando en la tercera década de despliegue de esta versión más reciente del capitalismo.

Shoshana Zuboff habla de:

La seguridad global y sus patrocinadores

[…] «Tras la tragedia del 11-S, se produjo un cambio dramático en el enfoque de Washington: los debates sobre las leyes federales de privacidad fueron sustituidos por la obsesión de tener acceso ilimitado a la información [de las personas].  


[…] «El carácter revolucionario del capitalismo de la vigilancia tiene sus raíces en una doctrina política que ha sido informalmente establecida mediante el excepcionalismo otorgado a la vigilancia. El excepcionalismo permite pasar por alto los controles democráticos y, fundamentalmente, da licencia a las nuevas empresas de internet para que éstas sustraigan la experiencia humana y la transformen en datos de su propiedad».

Los lobbies

[…] «Esta licencia para robar [los datos de experiencia humana] ha tenido un precio. Por una parte, los ejecutivos de las empresas recibieron el patrocinio continuado de los reguladores y los funcionarios electos; por otra, la ignorancia sostenida, o cuando menos, la resignación aprendida por parte del público usuario. A fin de cuentas, se trataba de una doctrina política que, para ser defendida, requería la posibilidad de maniobrar políticamente en un ambiente conciliador, participativo, donde prevaleciera el espíritu inversor».

La auto regulación de la vigilancia extractiva

[…] «Pedir a una empresa de la vigilancia extractiva que descarte los contenidos [de sus plataformas digitales y sus redes sociales] es como exigir a la actividad minera que rechace sus contenedores llenos de mineral por ser demasiado sucios. Es por esta razón que la moderación de contenidos constituye un último recurso, una operación de relaciones públicas parecida a la que puso en marcha Exxon-Mobil con sus mensajes de responsabilidad social. El caso del triaje de datos de Facebook es un ejemplo de cómo se busca o bien reducir el riesgo de bajas entre los usuarios, o bien evitar las sanciones políticas. Ambas actuaciones están dirigidas a incrementar los flujos de datos, no a disminuirlos. Este imperativo extractivo actúa en combinación con la indiferencia radical observada en la carrera por crear sistemas que aumentan sin cesar el nivel de participación de los usuarios, sin importar qué tipo de contenidos sea el que atraiga su atención». 
 
Analizando los efectos destructivos de las operaciones comerciales de las redes [anti]sociales, su efecto en la democracia estadounidense y el «caos epistémico» creado durante la plaga del Sars-CoV-2 en ese país, Zuboff se muestra muy crítica con quienes los describen como el precio a pagar por la defensa de la libertad de expresión. 


El artículo de Zuboff, publicado en el Times, es un llamado a la acción; en él propone la adopción de tres principios con los que se debería iniciar la tercera década de la civilización de la información:

Tres principios para la tercera década

«En nuestra era digital, los EE.UU. y el resto de democracias liberales están quedando huérfanas de una visión política coherente que promueva los valores, los principios y los gobiernos democráticos.  


  «El lugar que debería ocupar la democracia ha quedado vacío. Llevamos dos décadas navegando con unos sistemas de vigilancia y control conductual que escapan a las obligaciones establecidas por la gobernanza democrática. Nos encontramos en la etapa final del camino que conduce a un golpe epistémico, el cual ha despojado a nuestras democracias de las cartas de derechos, de los marcos jurídicos y las formas institucionales que son necesarias para asegurarnos un futuro digital en consonancia con las aspiraciones de una sociedad democrática.
  

«Cómo hacer frente a los daños del golpe epistémico

«Primero, debemos ir al origen del flujo [o suministro] de datos para poner fin a las operaciones de recogida de datos destinadas a la vigilancia comercial.
  
«Segundo, necesitamos leyes en las que la recogida de datos esté vinculada a los derechos fundamentales, y el uso de los datos esté al servicio del público; todo ello con el fin de atender las necesidades reales de las personas y las comunidades.
 
«Por último, deben desarticularse los incentivos financieros que premian la economía de la vigilancia».


Los principios que propone Zuboff están siendo recogidos por las instituciones democráticas. La Comisión Federal de Comercio de los EE.UU. (FTC, en inglés) ha solicitado recientemente un estudio sobre las empresas de redes sociales y streaming de video, casi al mismo tiempo en que se abría un expediente judicial a Facebook en relación con sus operaciones internas. Según los funcionarios de la FTC que están investigando a las compañías de tecnología digital, las actividades de vigilancia y monetización a partir de las vidas de las personas se están realizando de manera peligrosamente opaca. 
 
Por último, Zuboff señala que ya se han presentado propuestas de ley innovadoras en la Unión Europea y en el Reino Unido que podrían incorporar los tres principios referidos. Con el marco legislativo de la UE para los servicios digitales se podría establecer una gobernanza democrática de las operaciones internas de las empresas digitales; éstas deberían ser sometidas a una auditoría integral según como lo ordenen las autoridades responsables. De este modo, «a medida que los legisladores insistan en un entorno online que sea seguro, predecible y fiable, se evitará que los derechos fundamentales y el Estado de derecho se evaporen en las ciberfronteras».

31 enero 2019

Ciudades y soberanía digital


Foro EUROCITIES


Del 23 al 25 de enero tuvo lugar en Barcelona el Foro de la Sociedad del Conocimiento*, que reunió a personas expertas en tecnología digital y responsables de la administración pública para debatir en torno al tema “Dinero Público - Código Público”. 
 



Atendiendo al crecimiento demográfico y la incesante urbanización, el siglo veintiuno es considerado como el siglo de las ciudades. En su conjunto, estas representan apenas el 2% de la superficie terrestre, pero albergan a más de la mitad de la población del planeta (3.600 millones de personas) y consumen el 75% de los recursos producidos por la economía mundiali.

En el marco global de la sociedad del conocimiento y de la sostenibilidad planetaria, ¿cómo se están replanteando su papel los gobiernos municipales y las administraciones públicas? ¿Y de qué manera están contribuyendo o reclamando los ciudadanos su participación en un ecosistema y una economía política en rápida transformación? De ello se ocupan instituciones como la red EUROCITIES, cuyos miembros forman parte de los gobiernos de las 140 ciudades de Europa que la integran, y son responsables del bienestar de 130 millones de habitantes.

A partir de este marco institucional, se han puesto en marcha proyectos como DECODE, que tiene por objetivo asegurar el control de los datos digitales por parte de la ciudadanía. DECODE responde a problemas derivados de los riesgos que presenta Internet para la identidad digital, el monopolio de los datos en manos de un puñado de empresas tecnológicas o un ecosistema digital fragmentado; problemas que impiden al usuario final tener control sobre sus datos en Internet o decidir cómo crear soluciones y servicios beneficiosos para la comunidad a partir de los datos públicos.

Los proyectos piloto de DECODE, previstos entre 2018 y 2019, están siendo simultáneamente desarrollados en las ciudades de Ámsterdam y Barcelona. [el acrónimo DECODE significa Ecosistemas de datos digitales de titularidad ciudadana y descentralizada]

Por otro lado, están las actividades de fundaciones y comunidades académicas, profesionales y ciudadanas que promueven el software libre y el uso del código abierto tal como este ha sido tradicionalmente empleado en los proyectos científicos desde finales del siglo pasado. En el encuentro de Barcelona participaron Fundación del Software Libre de Europa (FSFE) y la Fundación por el Código Público (FFPC), dos instituciones vinculadas a centros de investigación académica y de I+D.

El panel internacional de expertos abrió el debate apuntando a la inversión en código abierto (OS, open source) emprendida por el Gobierno municipal de Barcelona, según lo previsto en su Plan de transformación digital. El objetivo del Plan es conseguir lo que genéricamente se denomina (como la) soberanía digital de la ciudad, algo que persiguen en su conjunto los 80.000 ayuntamientos que hoy se cuentan en los países de la Unión Europea, según refirió Esteve Almirall, director del Máster en Business Analytics de ESADE. 

En nuestro siglo, las ciudades buscan cooperar antes que competir; y también compartir el conocimiento e integrarse en una Europa de las regiones más allá de los estados nacionales, con el fin de estar mejor preparadas para enfrentarse a los desafíos políticos, económicos y sociales de la globalización.

Infraestructura como código

Como responsable del desarrollo de programas digitales en el Instituto Municipal de Informática de Barcelona, Xavier Roca presentó el concepto de Infraestructura como código (IaC), un tipo de abstracción de la tecnología informática gracias a la cual los paquetes tecnológicos son proporcionados y gestionados por profesionales mediante software en lugar de instalar sistemas de hardware. La IaC puede emplearse en el suministro de sistemas de nube y también para virtualizar diferentes entornos del software (es decir, sin necesidad de instalarlos en los discos duros de nuestras computadoras).

Esto ha permitido, por ejemplo, la adopción de Linux (sistema operativo de código abierto) en las estaciones de trabajo del Ayuntamiento de Barcelona, lo cual ha comportado un importante cambio de cultura. Con ello se ha conseguido romper los llamados ‘vendor lock-ins’ (monopolios comerciales) y también ahorrar en licencias de software. Asimismo, se ha hecho público el código abierto del software creado y se ha participado en proyectos como DECODE y FLOSSBCN; esta última es una plataforma abierta para debatir, compartir experiencias y fomentar eventos en torno al software libre.

Como prioridades, Roca apuntó a la necesidad de exigir interfaces y protocolos de comunicación en código abierto que permitan una mejor gobernanza de estas comunidades. Esto les ayudaría a estar mejor preparadas para incorporarse en uno de los objetivos de proyecto DECODE: facilitar las bases y criterios para que las PyMES puedan participar en las ofertas para la contratación pública de los servicios digitales a nivel municipal.

Campañas por el software libre y el código abierto


Alexander Sander, responsable de políticas públicas de la FSFE, explicó las razones de Public Money – Public Code, una campaña que reclama leyes para que el software financiado públicamente –desarrollado para el sector público– sea también de acceso público mediante una licencia de Software Libre o de código abierto. Gracias a ello habría un mayor ahorro en tecnología (incluyendo la recaudación fiscal) y existiría más colaboración entre las administraciones y la ciudadanía; todo ello contribuiría a generar servicios públicos innovadores y ágiles en la infraestrucutura digital.

La fundación también ha lanzado la Campaña para defender la posibilidad de compartir código. Este cuestión es mencionada en el artículo 13 de la Directiva para la reforma de los derechos de autor de la Unión Europea. A la campaña también se han adherido gigantes de las techs digitales como Google, aunque es difícil saber si lo hacen por las mismas razones y propósitos que la comunidad del software libre; lo cierto es que el control y bloqueo de los contenidos protegidos por el artículo 13 afectaría a los repositorios de código abierto como GitHub y WikiData y, por ende, el trabajo de desarrolladores y empresas que dependen del ecosistema del software libre y el código abierto.

Boris van Hoytema, director de la FFPC, señaló la necesidad de tener más personas programadoras en código abierto y de avanzar en la creación de un ecosistema a nivel de los gobiernos. Por esta razón, la Fundación se ha abocado a la tarea de ofrecer herramientas prácticas en diversos aspectos como los de la fiabilidad, el aseguramiento de la calidad y la seguridad, así como en los ensayos, la gobernanza del modelo financiero, la organización y el apoyo comunitario. La Fundación busca, asimismo, convertirse en el referente histórico que permita a las instituciones públicas mantener el control de su infraestructura digital.

Eduardo Romero presentó un resumen del plan del Ayuntamiento de Zaragoza y su hoja de ruta en tres fases para migrar su plataforma ofimática corporativa hacia el software libre:

  1. Adopción del código abierto en las Apps
  2. Uso del Libre Office como software de ofimática
  3. Código abierto en todo el sistema operativo

El administrador describió las ventajas de los llamados ‘formatos abiertos’, que permiten conservar y recuperar los archivos a lo largo de muchos años, una cuestión indispensable cuando se trata con el histórico de documentos de las administraciones públicas. La administración local constituye un entorno en el que es preciso considerar los condicionantes provocados por el temor, la incertidumbre y la duda; en la administración, nunca se sanciona a un funcionario por su inacción, pero sí cuando este actúa y toma las decisiones equivocadas.

Algunas ideas surgidas durante el panel


Si los últimos proyectos en los ámbitos de la Inteligencia Artificial (IA) y el Aprendizaje Automático han sido desarrollados con código abierto, ¿por qué no ocurre lo mismo con los proyectos digitales de las administraciones públicas? Esto podría estar relacionado con la estructura jerárquica que caracteriza a las administraciones, a diferencia de la horizontalidad que es propia de la cultura de los equipos científicos. Además, los funcionarios suelen ser reacios a situarse fuera de territorio conocido y adoptar algo distinto a lo que ya ha sido previamente ensayado y usado. Por otro lado, el bajo índice de adopción del código abierto podría deberse al alto coste en recursos humanos que implicaría la formación de todo un cuerpo de funcionarios, sin garantías de que estos no se vean abrumados por las novedades relacionadas con la plataforma ofimática y la interfaz de atención al ciudadano(burocracia lenta vs. tecnología rápida).

¿Es posible plantear un modelo federativo para las plataformas digitales de las administraciones públicas municipales? Quizá en Europa estemos más preparados a dar ese salto que nos lleve de los Centros de datos al uso a las nuevas plataformas digitales en la nube en que se pudiera crear “un ecosistema de los procesos de poder para que estos funcionen en beneficio de todos” (Boris van Hoyten).

En un contexto político-administrativo en el que los niveles de gobierno no suelen coincidir, quizá haya que prestar atención a los proyectos que proponen Digital Europe (la principal asociación comercial europea que representa a las industrias transformadoras en el ámbito digital), el proyecto FLOSSBCN, la plataforma de participación ciudadana Barcelona Decidim y la comunidad Metadecidim; quizás sus propuestas nos estén dando las claves para la creación de un mercado que adopte las soluciones de software libre y el código abierto en la gobernanza democrática de nuestras ciudades; un mercado abierto que relacione sus iniciativas más allá de las fronteras nacionales y los territorios, de un modo distinto al de los grandes monopolios corporativos.

*El encuentro también acogió la presentación de la recientemente creada Coalición por los derechos digitales.



i Lamas, A. (2015), Blog de ciudades sostenibles, Banco Interamericano de Desarrollo

09 marzo 2017

Evgeni Morozov y Brian Eno en conversación en el CCCB






Del 23 de febrero al 8 de junio se presenta un ciclo de conferencias sobre Tecnologías, Soberanía y Globalización en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Se trata de una iniciativa de colaboración estratégica propuesta por el Internet Interdiscliplinary Institute/UOC, dirigido por el sociólogo Manuel Valls, y el Institut de Govern i Polítiques Públiques de la Universidad Autónoma de Barcelona, en la que participa una red de académicos y activistas procedentes de diversos movimientos sociales que comparten una visión estratégica en el uso de las tecnologías digitales avanzadas en favor de una agenda política, social y económica para la ciudad.

Para Francesca Bria, Comisionada de tecnología e innovación digital del Ayuntamiento de Barcelona, estas conferencias buscan arrojar luz sobre el lado oscuro del desarrollo tecnológico y su relación con el poder político y económico. La apertura al debate busca “dar forma a alternativas y posibilidades para recuperar la soberanía tecnológica” que hoy estamos perdiendo aceleradamente y sin advertirlo.

 

¿Qué clase de sociedad digital? 

En nuestra relación con las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y los datos recogidos y almacenados por las instituciones públicas y el sector privado, la pregunta que debemos hacernos es ¿qué clase de sociedad digital queremos, y cómo visualizamos nuestras vidas en relación con estas tecnologías?

Cuando las últimas investigaciones en el mundo laboral estiman que unos diez millones de trabajadores serán pronto reemplazados en Europa por la economía robotizada, hoy debatimos la posibilidad de instaurar el ingreso mínimo de subsistencia para todas las personas. Según Bria, existen dos perspectivas sobre los datos que produce nuestra economía digital: desde una de ellas, los datos deben ser considerados como un bien común de la ciudadanía; desde la otra, lo ideal sería perpetuar el modelo de la apropiación privada a través del “extractivismo de datos” agregados (término atribuido al periodista Evgeny Morozov) que permiten a las corporaciones digitales posicionarse como intermediarias de las infaestructuras clave de nuestra economía.


Frente al 'extractivismo de datos', hay que establecer un nuevo pacto social sobre los datos digitales y un genuino régimen público para su titularidad
Es el momento de preguntarse por el papel que hoy cumplen las cinco grandes corporaciones de tecnología digital en nuestra economía globalizada: Amazon, Microsoft, Facebook, Apple, Google. Una reflexión ciudadana e informada nos permitirá “establecer un nuevo pacto social sobre los datos digitales y un genuino régimen público para su titularidad”, sostiene Bria.

Evgeny Morozov, autor de El desengaño de Internet (Destino, 2012), abrió la conversación refiriéndose a los vaivenes, al flujo y reflujo de datos que alimenta la jerarquía en toda clase de intervenciones digitales; asimismo, definió la casi olvidada ciencia cibernética (precursora de la inteligencia artificial y de nuestra sociedad tecnológica actual) como el anclaje desde el cual ha sido posible difundir la idea de una “mano invisible del mercado”, que es alimentada por la ideología neoliberal desde finales del siglo XX.

Para el músico Brian Eno, precursor de la música algorítmica, no existe una dicotomía real entre ese supuesto libre mercado y el modelo comunista-socialista que no ofrece variedad de productos en sus estanterías: “Hoy nadie cree en el libre mercado absoluto”, señaló.

 

Restricciones, parámetros y diseño social

Evgeny Morozov: Algo interesante de pensar es si las restricciones de cualquier clase son las que permiten la propiedad de los flujos de datos y de su retroalimentación, o de si estas ocurren también en la práctica musical, si a lo mejor se nos escapa su carácter benéfico o creativo, no solo por su importancia para la creatividad sino también para la democracia. Si queremos dotar de sentido al ideal de la “soberanía tecnológica” tenemos que pensar en aquello frente a los cual queremos ser protegidos por esta. ¿Qué piensas acerca de las restricciones como algo positivo, aplicable por ejemplo a tu trabajo creativo?

Brian Eno: No existe una dicotomía real entre ese supuesto libre mercado y el modelo comunista-socialista que no ofrece variedad de productos en sus estanterías. “Yo pienso que es un hecho que hoy nadie cree en un libre mercado absoluto. En la práctica es inexistente. Si existiera, terminaríamos por justificar el trabajo infantil y el despido de muchos aunque ello ocasionara el hambre de sus familias. Sabemos que las restricciones a los mercados existen aunque en realidad no las aceptemos. Incluso los partidarios del libre mercado (en su inmensa mayoría) están de acuerdo en prohibir el trabajo infantil o en hacer que las condiciones de trabajo no comporten daños físicos, algo que no era así hace 250 años, por ejemplo, en las minas de carbón.

“Pero, en el otro lado del espectro, tampoco ha existido nunca un mercado comunista absoluto. Aunque Rusia fuese en teoría una economía planificada, su comportamiento era capitalista cuando lo necesitaba. No era posible administrar una economía planificada de una manera ortodoxa.

Así que la elección no es entre dos polos, sino del punto en que nos situamos en ese espectro. Al disolverse la polaridad nos damos cuenta de que siempre estamos en movimiento, de que se trata de una cuestión dinámica, y que nos vamos ubicando en distintos puntos de ese espectro dependiendo de la situación. Podríamos aceptar la idea de tener un mercado libre en la pintura contemporánea, pongamos por caso, pero no nos gustaría esa misma clase de mercado en la atención sanitaria o la educación. Porque entre estos se pueden argumentar muy distintas razones para limitar esa libertad de mercado. ¿Qué razón puede haber para limitar el mercado del arte? El arte puede ser todo lo demencial y capitalista que le venga en gana, pero eso mismo no estaría bien en los sistemas de salud o educación pública. 


He pasado muchos años intentando establecer unos sistemas que hagan música para mí… Sé qué clase de materiales y sistemas funcionan para eso. (Brian Eno)
 “En el campo musical, he pasado muchos años intentando establecer unos sistemas que hagan música para mí, podríamos decirlo así… Tengo la experiencia necesaria para saber qué clase de materiales y sistemas funcionan para eso (no utilizo los “old bits and pieces”). Luego observo esos sistemas y me dedico a corregirlos continuamente. Una de las premisas de la música experimental de los años 60 era la de diseñar un sistema y luego dejarlo funcionar por sí mismo sin intervenir en ellos. Por ejemplo, lo que hacían John Cage, Steven Reich en sus inicios, era trabajar de un modo no intervencionista, la música resultaba del sistema, se dejaba que ocurriera libremente. Yo trabajo de otra manera. Yo creo un sistema, y después paso tiempo escuchándolo y reflexiono sobre qué partes me gustan o no. Siempre me pongo a rectificar las reglas, a intervenir… pero con el mínimo de intervención, con el criterio de ser económicos con el material empleado y con las intervenciones realizadas. Alguien me dijo una vez que a eso se le llama minarquismo”.

EM: Una de las ideas políticas que emergen de tu trabajo creativo es el cuestionamiento de las jerarquías. Las jerarquías están presentes en los espacios musicales y artísticos, y tu crítica apunta a la unidireccionalidad de los flujos de información en una institución clásica como puede ser la de una orquesta, por ejemplo. Presentas una actitud muy democrática e igualitaria en este sentido, la cual yo comparto. Al mismo tiempo, en una de tus charlas recientes te refieres al sistema británico de salud pública (NHC) y a la BBC como ejemplos de buena ingeniería social. Dos instituciones diseñadas de una manera bastante jerárquica y con un propósito específico, el de mejorar las vidas de todos en cierto modo (cada una en su campo ha garantizado derechos fundamentales y también la equidad entre los ciudadanos de ese país). Pero si analizamos de cerca estas instituciones (muchos pensadores de la derecha lo han hecho), se puede percibir un elitismo en su interior, una crítica que fue recogida por el New Labour y muchos otros... El gran reto de hoy en día es diseñar instituciones que ofrezcan a los ciudadanos protección de un modo no jerárquico –es decir, evitando los males de la ingeniería social pero manteniendo sus virtudes. Añadiría a esto que hubo gente que se opuso al NHC y la BBC con el apoyo de los economistas o expertos neoliberales aun cuando ellos mismos habían sido afines a la ingeniería social a pesar de las críticas que se le hacían. Esto casi no se ve, pero ellos hablan del diseño o la ingeniería de mercado, que es una forma de ingeniería social aplicada a los mercados, algo que ni siquiera Hayek hubiera reconocido hace 50 años. Aunque finalmente la idea de un mercado que nos gobierna a todos ya no prevalece entre ellos hoy día… fue abandonada; ahora ellos creen que los mercados están para ser diseñados y construidos, y que con los nuevos flujos de información de datos y la conectividad es posible crear un mercado para cualquier cosa: el aire, la conectividad de Internet, el agua, la vivienda, los viajes en taxi, el trabajo temporal, cualquier cosa… Se produce entonces una tensión interesante en la que el campo neoliberal maneja su propia idea de ingeniería social, que también es antielitista porque todo se hace por medio de un mercado y su justicia implícita, algo que me suena perverso pero que en último caso es la visión que ellos tienen. Y por otro lado, quienes se oponen a esa idea tienen muchas dificultades en articular una visión también igualitaria pero al mismo tiempo no jerárquica. Me pregunto si en tu trabajo filosófico o creativo has entrevisto una manera de salir de este dilema.

BE: No hay una sola respuesta para eso. Siempre tenemos que buscar una manera de hacer ajustes en cada situación, ¿sabes? Por ejemplo, ajustar la relación existente entre las influencias de las dinámicas “top down” (de arriba hacia abajo) y las “bottom up” (de abajo hacia arriba)… y en parte esto depende de qué tan histórica sea la situación, de cuánta historia haya implicada en ella, y por tanto, de definir cuánta experiencia se necesita transferir para hacer que funcione. Y esto marca una gran diferencia porque implica que quizá vas a necesitar que participen personas que tienen buena parte del conocimiento que está siendo desarrollado para asegurarte de que todo funcione. Pero hay otras situaciones en las que esto no será necesario, situaciones que pueden ser continuamente rediseñadas a medida que se avanza (ensayo y error?). … de hecho, cuando la gente se pone a diseñar todos esos mercados de los que hablas, estoy seguro de que las reglas son ligeramente diferentes en cada caso... aunque reclamen que es todo un mismo proceso, en realidad no lo es, hay una variedad de procesos distintos, y todo depende del enfoque de cada mercado particular.

Arte, intuición e ingeniería social

 

Franciszka Themerson, Cybernetic Serendipity, 1968

 


BE: Volviendo a lo que yo hago, que es una mezcla curiosa de trabajo intuitivo y de análisis de lo realizado por mí, lo cual representa un equilibrio interesante… Yo trabajo de un modo muy intuitivo en el sentido de que por lo general solo respondo a mis oídos. Y después paso mucho tiempo preguntándome por qué he dado preferencia a una cosa sobre la otra, lo que equivale a decir que el lado analítico sigue con el trabajo y prepara la siguiente etapa, estableciendo cómo voy a seguir procediendo… Por supuesto, esta manera de trabajar no es admisible en la mayoría de situaciones de la vida pública. Estamos obligados a tener un programa, a declarar por anticipado qué es lo que vamos a hacer. ¡Yo estaría muerto si hiciese eso! No sería capaz de hacer esa clase de declaración (de intenciones). Bueno, a veces lo hago para las entrevistas, pero son todo mentiras, puros argumentos inventados, en realidad. Uno de los problemas con esto es que las personas con la clase de responsabilidades que los artistas no tenemos, se ven forzadas a ser demasiado específicas en sus declaraciones sobre aquello que piensan hacer, y creo que eso es un problema real, en parte atribuible a una demanda de los medios de comunicación por escuchar declaraciones detalladas, haciendo que las personas responsables deban rendir cuentas, y señalándolas cuando estas han cambiado de opinión. Es un hecho que debemos establecer unos procesos que admitan la posibilidad de que se produzca un cambio de parecer en su desarrollo interno, que no vamos a seguir adelante con el programa y pasar por alto la aparición de nuevas evidencias. Así que me parece que estoy abogando por volver a dignificar la intuición en la vida pública. Así evitaremos el quedar atascados con manifiestos que nos empujan a estrellarnos directamente contra los icebergs que flotan en mitad del océano Atlántico.

EM: Para ampliar esto un poco más, ¿cómo ves que esto funcione en la arena política? Donde, por una parte, tenemos una nueva raza de políticos, algunos de ellos que se reclaman populistas, otros que rechazan la etiqueta, pero todos exigen –y también prometen– más responsabilidad (accountability), su sueño utópico o su visión de la política consiste en hacer una declaración de intenciones exhaustiva a la que todos puedan tener acceso, y que se puede incluso subir al Blockchain para que el público verifique qué promesas han mantenido y qué promesas han traicionado. Supuestamente, con eso se conseguiría mantener bajo control a los políticos porque si ellos no se comprometen con su agenda sus gobiernos serán secuestrados por los lobbyistas, los bancos de inversión y otros. Algo que no creo que sea un temor infundado… Por otro lado, parece obvio que no queremos que nuestros cargos electos no tengan espacio para maniobrar, algo para lo que al parecer tendremos que visualizar un camino medio... ¿Cómo ves esto funcionando en el espectro político? Porque mi temor es que si se les da más espacio para maniobrar a los actores políticos, ese espacio no será llenado por su búsqueda intelectual o creativa sino por la agenda que les imponen los lobbyistas u otros actores políticos.

BE: En parte eso es un problema de los medios de comunicación, ¿verdad? En Inglaterrra tenemos fundamentalmente unos medios lobbyistas, ellos son el lobby, 85% de los cuales presionan por la misma cosa desde hace 40 años: más neoliberalismo. Esta es una dificultad real. Nos hemos acostumbrado a pensar que las noticias sean gratis, pero yo le digo a la gente que, de hoy en adelante, si quieren noticias veraces, profesionales, como las del Guardian o la BBC, van a tener que pagar por ello o sino conformarse con consumir mierda barata. Por ejemplo, yo estoy suscrito a unas veinte organizaciones y webs de noticias en mi país, en EE.UU., Canadá y Australia; tenemos que apoyarlas para que hagan bien su trabajo y no desaparezcan. Debemos aceptar que si las noticias son gratuitas, muy probablemente no serán las noticias que buscamos leer. 





EM: Estoy de acuerdo contigo. Volviendo a la pregunta anterior de entender el equilibrio entre ingeniería social e instituciones que se preocupan —y de mantenerlas controladas al mismo tiempo—, algo debe haber fallado en ese sistema… porque la idea de pagar una cuota anual por los medios con financiación pública, de tener una TV pública, era conseguir unos contenidos que conlleven un propósito nacional, la idea de crear una nación que tenga una idea compartida de lo que es el bien común. Cuando se abandona ese camino, solo nos queda la solución neoliberal de dejar de tener instituciones públicas financiadas públicamente y que la gente deba pagar por todo. Bajo esa misma lógica nuestras obras de infraestructura correrían a cargo de nosotros, lo cual estaría bien si no tuviéramos que pagar además la cuota de la TV y el resto en impuestos. Aquí vemos un desafío… tenemos que reconocer que algo se ha roto allí pero que la salida no pasa necesariamente por financiar nuevos contenidos sino nuevos intermediarios como WikiLeaks, por ejemplo, que han cambiado el panorama de los medios de comunicación de una manera muy significativa. ¿Qué opinas? 



WikiLeaks ha manejado alrededor de 11,5 millones de documentos y Eduard Snowden también filtró una cantidad similar. Es lógico que surja un segundo nivel de análisis periodístico
BE: En realidad, ¡Me gustaría escuchar lo que opinas tú sobre eso! Porque este es un tema del cual tú conoces mucho más que yo. ¿Podrías ampliar ese tema un poco más?

EM: Julian Assange tiene una teoría que pienso que vale la pena debatir… Él nos propone creer en un periodismo científico. Con ello se refiere a la necesidad de abrirse paso a través de la confusión que el periodismo añade a los documentos filtrados y que el público no puede ver… y ya que son los periodistas los que los dan a conocer en base a unos archivos que son evidencia a la que el público no tiene acceso, la teoría de Assange es plausible. Por supuesto, allí hay una intermediación de los medios de comunicación, aunque hoy se argumente que también sería posible dar a conocer [directamente] al público los documentos primarios para que sea este el que les dé una interpretación en uno u otro sentido. Pero esto no tiene por qué ser tan directo, se puede tener un segundo nivel de grupos de noticias que se dediquen a analizar esos documentos y su narrativa. Sin embargo, creo que se ha producido un cambio importante, en parte atribuible a WikiLeaks, en cuanto a la búsqueda de documentos primarios. Y pienso que si hay una desconfianza cada vez mayor hacia los medios, ésta se justifica por lo que hemos visto una y otra vez en los últimos 12 meses (elecciones de Trump). Las encuestas se construían en base a narrativas de los medios, e iban muy desencaminadas respecto a lo que los votantes sentían o pensaban.

BE: Si tenemos en cuenta que WikiLeaks ha manejado alrededor de 11,5 millones de documentos y que Eduard Snowden también filtró una cantidad similar, es lógico que surja ese segundo nivel de análisis periodístico. ¿No estamos ante un nuevo periodismo, no es ese el futuro del periodismo? Ya no se trata de personas que cuentan historias que, muy a menudo, de alguna manera se inventaban.

EM: Pero no es solo una cuestión del periodismo sino también del mundo académico. WikiLeaks estaba pidiendo la colaboración de muchos investigadores para darle sentido a los cables aportando una perspectiva más de largo plazo en relación a la política exterior de EE. UU. Claro que también se puede transformar el ámbito académico, pero existen otros problemas en su interior… que impiden que sus investigadores tomen parte activa en este asunto.

El caso Snowden es mucho más interesante, porque ellos no quisieron dar a conocer todos los documentos filtrados, lo cual ha sido un motivo de disputa entre ambos. Esto llevó a que se asociaran con un medio para dar a conocer los documentos, pero de manera gradual, y una de las críticas que se hace a esta iniciativa es que el público tiene un interés en ver todos los documentos lo más pronto posible y no delegar el análisis a un grupo de editores periodísticos para que estos decidan cuáles se deben publicar. Creo que debería alentarse la búsqueda de esos documentos primarios, porque si la gente se muestra escéptica acerca de cómo son los medios actualmente, la única manera de salir de eso es inspeccionando esos documentos que son el material de base para la noticia que se cocina. Por supuesto, todo esto debilita aun más la confianza en los medios, lo cual puede ser bueno o malo, no sé...

BE: Estaba hablando con un amigo del mundo de las utopías tecnológicas y la conversación se centró en Assange, a quien él calificó como “el más grande impuesto a la confianza”. Gente como Assange y Snowden han hecho que deje de ser posible un espacio de confidencialidad entre los diplomáticos. ¿Qué piensas de eso? ¿Cómo podría la gente disponer de un espacio protegido en el que puedan decir cosas… o a sonrojarse, digámoslo así?

EM: Es curioso, extraño... porque puede decirse que las revelaciones de Snowden constituyen una especie de impuesto a las personas que trabajan en inteligencia... que estas ya no pueden mantener una conversación abierta y franca... pero es que las revelaciones tratan de cuánto se sabe de nosotros, los ciudadanos de a pie, y de cuánta información es recogida. ¿Y la única reacción legítima a todo eso es la de hablar menos…?

Hablando con gente que ha visto la película de Oliver Stone sobre Edward Snowden, me cuentan que han puesto plastilina en las webcams de sus ordenadores como única manera de preservar su privacidad al ver esa película. Así que en ese sentido, estoy dispuesto a aceptar que se haya incomodado a los diplomáticos, a los agentes de la seguridad nacional. No debemos olvidar que todo eso ha sido posible porque, en lo fundamental, se ha confundido al público, se le ha mentido sobre el alcance de esta vigilancia que ha sido puesto en marcha. Todo esto ha llevado a los políticos afectados por las vigilancia (Merkel en su relación con Donald Trump) a iniciar investigaciones parlamentarias (se espera que presenten sus conclusiones en abril), lo cual conduce a un debate que es saludable para todas las sociedades.

BE: Dado el actual impulso que tiene el movimiento de vigilancia, ¿Cabe la posibilidad de que alguien se eche atrás? Porque produce mucho miedo ver que todo eso no va a ser desmantelado con facilidad… El edificio construido por la NSA en Utah es la estructura más grande jamás construida en ese país. Y no creo que se vayan a arrepentir de la idea y decidirse a ofrecer el lugar a los artistas para que estos instalen allí sus estudios…