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25 septiembre 2014

Réquiem por la biblioteca pública

En el año 2013 se publicó Génesis, un hermoso libro de fotografías de la editorial Taschen que recoge los trabajos del fotógrafo brasileño Sebastião Salgado. Como ya ocurrió en pasadas entregas (por ejemplo, tras la publicación de Éxodos en el año 2000), de modo simultáneo a la aparición del libro, Salgado ha programado exposiciones de sus trabajos en diversas capitales del mundo, y en esta ocasión se estrena además la película que el director Wim Wenders dedica a la figura del fotógrafo y su trabajo, que fue premiada en el Festival de Cannes de este año.

En una década en que la industria editorial está migrando hacia el eBook, --un cambio sin precedentes en la industria del libro y en los hábitos de consumo de las obras culturales impresas--, Salgado aún apuesta por el libro de arte. Por supuesto, éste solo sería accesible a unos cuantos privilegiados (el precio de la edición de artista de este libro en el mercado alcanza los 8 500 euros, con una selección de tres de sus fotos en impresión de gelatina de plata) si no existieran bibliotecas públicas como la Tecla Sala en mi barrio de l’Hospitalet, ciudad vecina a Barcelona que forma parte de la red de bibliotecas municipales de la Diputación Provincial de Barcelona.

Esto me lleva hacer un apunte sobre la biblioteca pública en España, y que en Cataluña es una institución civil que nos ha dejado un fabuloso legado cultural; sus profesionales de la biblioteconomía no cesan de revalorizarla en su incansable labor de defensa, custodia y conservación de dicho patrimonio. Con la introducción de su catálogo digital Aladino, los fondos bibliográficos y de películas y grabaciones se han hecho más accesibles, mejor clasificados y disponibles a un extenso número y variedad de usuarios, además de añadir una serie de recursos digitales muy bien organizados y consultables online

La antigua fábrica de hilados de Tecla Sala en l'Hospitalet, reconvertida en biblioteca y centro de arte.

¿Derechos de autor a costa de recortar un servicio público?


El sistema de bibliotecas populares en España se enfrenta ahora al cambio de paradigma en el uso y disfrute de las obras como consecuencia de la aplicación de la Ley del libro y de la Ley de Propiedad Intelectual (que a su vez responden a una transposición de la normativa europea). El Real decreto recientemente promulgado que regula la remuneración para autores por el préstamo público de libros físicos establece que las bibliotecas se verán obligadas a pagar un canon anual en concepto de derechos de autor que reducirá dramáticamente los ya de por sí magros presupuestos para la adquisición de nuevos libros y la renovación de sus fondos. Dicho canon no goza de la aprobación de los bibliotecarios y las administraciones que gestionan las bibliotecas públicas, pues estas dudan que dicha remuneración sea únicamente en beneficio de los autores sino que se compensará por decreto a las empresas editoriales que se encuentran en plena reestructuración de su industria por el proceso de cambio en los hábitos de consumo de libros al introducirse el libro digital en el mercado.

No hay duda de que la remuneración por derechos de propiedad intelectual, cuando se aplica correctamente, contribuye a la difusión y la creación del conocimiento y la cultura. El problema en España reside en el recelo que inspiran las entidades gestoras de dichos derechos y en lo oneroso que puede resultar el cálculo de la remuneración para las administraciones a cargo de las bibliotecas. Por ejemplo, desde el año 2011 la justicia española y la Agencia tributaria vienen investigando a la junta directiva de la Sociedad General de Autores y Editores (artistas y profesionales de la industria musical y del audiovisual) por haber montado un entramado societario que desvío más de 30 millones de euros de los fondos de la entidad. Cuando se destapó el caso, ya eran de conocimiento público --y tema de chistes-- los excesos por el cobro de derechos de autor que llegaban a encarecer incluso los permisos para poner música grabada en fiestas de boda y otros eventos privados.

La Ley de Propiedad Intelectual fue fuertemente contestada por la opinión pública en España y constituyó un quebradero de cabeza para el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, lo cual finalmente condujo a dar carpetazo al canon digital. En un país con el segundo coste más alto de Europa para el acceso a la banda ancha de Internet, los usuarios no perciben que sea un delito o conducta reprobable hacerse con películas, series o música desde las Webs de descargas gratuitas. Pero volviendo al tema de los libros y las bibliotecas públicas, las mencionadas entidades de gestión han decidido oponerse a la LPI que ahora se tramita en el Senado y pedir su retirada, entre otras razones, por la insistencia de la Ley en exigir la compensación por copia privada y porque no se tuvo en cuenta a sus recomendaciones.

Para curarme de tanto espanto por el desaguisado jurídico-legal, me encaminé a la biblioteca de Tecla Sala y allí me instalé en una de sus confortables butacas, donde pude disfrutar del magnífico libro de Salgado que saqué de la sección de Fotografía y Arte. En otro apunte les contaré mis experiencias de viaje con el maravilloso libro. 

01 marzo 2011

Barcelona en blanco y negro


El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona anunció a finales del mes de febrero la incorporación del archivo fotográfico de Xavier Miserachs a los fondos de su Centro de Estudios y Documentación (CEDOC), gracias a un acuerdo de depósito alcanzado con las hijas del fotógrafo, Arena y Mar Miserachs. El archivo consta de 80.000 negativos y 24.000 hojas de contacto que abarcan 44 años de la vida profesional del fotógrafo y se puede visitar on-line.

Como integrante de la vanguardia fotográfica que surgió en los años 50 y 60 del siglo pasado, el trabajo de Miserachs (1937-1998) fue decisivo para situar a Barcelona, a Cataluña y a España en el mapa de la modernidad. A través de sus imágenes, esta ciudad empezó a ser identificada como el polo cultural de una España que salía de los años grises de la posguerra y se abría al mundo tras veinte años de aislamiento internacional.

Con solo 17 años, Miserachs se hizo con el primer premio otorgado en el II Saló Nacional de Fotografia Moderna en 1954 y pasó a formar parte de la “nueva vanguardia fotográfica” junto con Oriol Maspons y Jorge Ribalta. En 1961 Miserachs instala su estudio profesional, donde produce y edita los tres libros de referencia sobre la modernidad de Cataluña y Barcelona: Barcelona blanc i negre (1960), Costa Brava show (1966) y Los cachorros (1967). El primero de éstos es, según el crítico Jorge Ribalta, “un libro sobre el pueblo que emerge, que retrata Barcelona. Un nuevo modelo de inmigración, de turismo y de consumo.”

Los temas y caracteres que recoge e ilustra el trabajo de Miserachs ayudaron a acuñar el concepto de modernidad que se asocia a Barcelona y a la pujante Cataluña de los años sesenta. Sus imágenes nos muestran las grandes transformaciones sociales que vivió Barcelona, a través de un variado catálogo de tipos humanos y de su quehacer cotidiano: estibadores del puerto, prostitutas, aficionados taurinos, gitanos, turistas, marineros americanos, placeros, inmigrantes andaluces o extremeños, autoridades militares, municipales y eclesiásticas, estudiantes y deportistas. Son los actores de situaciones que se presentan al espectador en contextos eminentemente urbanos, que invitan a reflexionar sobre algunos elementos objetuales protagónicos (el medio de transporte, el ritual, la masificación) organizados temáticamente alrededor de pares opositivos: ocio/trabajo, viejo/moderno, escaso/afluente, original/ estereotipado, extranjero/local, penuria /abundancia y así sucesivamente.

Las fotos de Barcelona documentan especialmente la realidad de las migraciones internas que por entonces se produjeron en la península hacia los centros industriales de Cataluña. Nos muestran las zonas urbanas degradadas del centro histórico de la ciudad, con escasos servicios básicos para sus residentes, quienes vivían hacinados en los barrios más populares, en los que la vida emergía entre solares abandonados, los cascotes y las ruinas de los bombardeos, apenas torpemente remendados tras la Guerra Civil; o las zonas fabriles rodeadas de barracas donde residían los gitanos del Somorrostro, Pueblo Nuevo y Montjuich, así como modernos complejos de viviendas en construcción en la periferia de la ciudad en la que los trabajadores de las fábricas alcanzaban el difícil sueño de tener una vivienda propia. Una realidad que también plasmó Francisco Rovira Beleta en la película Los Tarantos (1963), protagonizada por la bailaora Carmen Amaya y un jovencísimo Antonio Gades; su argumento es una adaptación del Romeo y Julieta de Shakespeare que transcurre en Barcelona y se entremezcla con la vida de sus gentes de carne y hueso, en localizaciones que hoy son inexistentes o bien son ya célebres postales, como es el caso de las Ramblas barcelonesas.
La fotografía y el cine de vanguardia contribuyeron así a difundir las imágenes de una España que se abría al mundo tras veinte años de autarquía franquista. Los Tarantos fue la primera película española nominada a los Oscars, y ello sin duda contribuyó a dar a conocer unas señas de identidad, aquello que hoy los publicistas llaman la marca país, con un concepto que emergiera de ciertos tópicos reconocibles por el público y que permitiese la proyección internacional de España al mundo.

Del neorrealismo poético al Pop
Según J. M. Martí Font, el trabajo de Miserachs encarna el tránsito desde lo popular (o el neorrealismo poético) hasta la preocupación por lo iconográfico que propone el Pop Art de los años sesenta. Tanto Maspons como Miserachs se desenvolvieron en los ámbitos de la publicidad, la prensa y los encargos editoriales, lo que en opinión del crítico Cirici Pellicer permitió sentar las bases de una profesionalización del oficio de fotógrafo y dotarlo de unas sólidas bases estéticas y técnicas. Se curten también como reporteros de las revoluciones juveniles de mayo del 68 y de la Primavera de Praga.

Como ejemplo del trabajo de Miserachs en el campo editorial, destaca la edición de la novela corta Los Cachorros, de Mario Vargas Llosa, editada por Lumen en 1967 para su colección Palabra e Imagen, con diseño del arquitecto Oscar Tusquets. El relato de aprendizaje escrito por Vargas Llosa sobre unos adolescentes de la clase media peruana del barrio de Miraflores de los años cincuenta era ilustrado con fotos de jóvenes españoles que bailaban a ritmo de twist, vitoreaban a sus equipos y héroes deportivos o se dedicaban al ocio playero en los largos y dulces veranos de la Costa Brava, mientras resonaba el marcado dialecto local del texto escrito por el autor peruano, y sin que ello afectara a la comprensión de ambos textos por separado y en conjunto. Palabra e Imagen fue una apuesta sin duda revolucionaria para la España de aquellos años, en la que la retina y la memoria de toda una generación de lectores se vio influenciada por series de representaciones paralelas (texto fotográfico y texto escrito), “orientadas por unos motivos comunes pero que en ningún caso intentan repetirse”, dada su naturaleza distinta, según lo explicaba el editor Carlos Barral en el prólogo de Los Cachorros.

[Izquierda: foto de portada de Los Cachorros, Lumen, Barcelona, 1967]




De esta época son, no solamente los audaces proyectos editoriales de Lumen, sino también los premios Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral, que dieron a conocer internacionalmente a los que en los años sesenta eran jóvenes autores iberoamericanos: Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante o Carlos Fuentes, y que contribuyeron también a la difusión del “Boom” literario latinoamericano. Palabra e Imagen prefiguró la creatividad multidisciplinar que cincuenta años después congrega de manera fluida a profesionales de las artes gráficas, la arquitectura, la moda y la gastronomía para trabajar en proyectos compartidos en alguno de los exitosos laboratorios de ideas para el buen vivir de los que Barcelona se ufana en el sector “industrias culturales”. Son ejemplo de ello el estudio del diseñador gráfico y de interiores, Javier Mariscal, valenciano pero barcelonés de adopción, las propuestas de restauración y alimentación del chef mundialmente aclamado Ferran Adrià, o las firmas de diseño arquitectónico entre las que el arquitecto Oriol Bohigas oficia como adalid de la cultura del Mediterráneo y de la (a veces) feliz fusión de modernidad y tradición.

El acuerdo alcanzado entre la familia de Miserachs y el museo es por 25 años renovables y no prevé ningún tipo de transacción económica, según precisó el director del Macba, Bartomeu Marí. La titularidad del archivo continuará siendo de la familia, que recibirá los derechos que se deriven de su explotación comercial. El museo se encargará de la limpieza, restauración y clasificación del material, así como de la digitalización de las imágenes y de la programación de una exposición antológica para el 2013. Para Marí, este acuerdo es un modelo sostenible que no prevé el desembolso de cantidades de dinero importantes en tiempos de crisis. El Macba y su centro de documentación constituyen una opción ideal para depositar un archivo de esta naturaleza, al ser un museo que se centra en la segunda mitad del siglo XX, momento en el que se produce la gran eclosión del arte conceptual, un género en el que el archivo reviste tanta importancia como la obra en sí misma.