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23 junio 2020

Sobre arte, activismo y espacio público


Un resumen comentado de las ideas y reflexiones ofrecidas por Avram Finkelstein del Colectivo Gran Fury y miembro de ACT UP Nueva York

El espacio público ha sido el lugar idóneo para desarrollar las estrategias de comunicación que impulsan las más diversas causas sociales y políticas en democracia. Por supuesto, cuanto más obstáculos a los derechos fundamentales, mayor ha sido el riesgo de ver censurado el mensaje de una campaña, ya sea en los medios o en la calle; ello obliga a aplicar más ingenio en las tácticas empleadas. Evadir la represión es conseguir colocar el mensaje en la esfera pública con el fin de lograr los cambios sociales, económicos o políticos que se reclaman.

Han transcurrido tres meses desde que la pandemia del SARS-CoV-2 pusiera al planeta entero en emergencia sanitaria. A pesar de las restricciones a la movilidad de las personas, diversos movimientos continúan expresando su malestar frente a las diversas emergencias que parecen agravarse en tiempos de pandemia: Extinction Rebellion y su llamado a responder a la emergencia climática y ecológica; Black Lives Matter que exige poner fin al racismo institucional o la convocatoria #Niunamenos de lucha contra el feminicidio.

Los brotes simultáneos de la Covid-19 en el mundo han revelado la fragilidad de los sistemas de salud pública y su capacidad de hacer frente a un reto sanitario de dimensiones globales. No hay país que no haya enfrentado problemas en su infraestructura hospitalaria o en la creación de equipos de detección, preparación y respuesta a la pandemia desde la salud pública. A ello se añade la urgente necesidad de crear capacidades para seguir adelante con la investigación en pruebas diagnósticas, tratamientos y vacunas del coronavirus.

A inicios de mayo, se concretó un esfuerzo internacional en el marco del sistema de Naciones Unidas que permitirá obtener el acceso mancomunado a las tecnologías para hacer frente a la Covid-19. La iniciativa es imprescindible y del todo coherente con los acuerdos por conseguir a nivel mundial los Objetivos de Desarrollo Sostenible para el año 2030.

Activistas convocados por el Center for Artistic Activism (C4AA) y la Alianza de Universidades por los Medicamentos Esenciales (UAEM) han creado la campaña Liberar la vacuna para la Covid-19. La iniciativa cuenta con más de 300 activistas a nivel mundial con un objetivo ambicioso: conseguir que todas las tecnologías de diagnóstico, tratamientos y vacunas para el coronavirus que sean financiadas con dinero público tengan un precio asequible para los sistemas de salud y estén disponibles y suministradas sin coste alguno en el mundo entero.



Los organizadores de la campaña entrevistaron a Avram Finkelstein para conversar sobre colectivos de activistas y campañas públicas. Finkelstein fue uno de los fundadores de ACT UP, creada en Nueva York en 1987 como una organización de base comunitaria (ACT UP en español significa 'actúa', pero es a la vez el acrónimo de ʻAids coalition to unleash powerʼ - coalición del Sida para liberar el poder). El colectivo artístico Gran Fury también fue parte del activismo de esa época, como creadores de los carteles y las campañas más impactantes en las dos primeras décadas de lucha por la información y prevención del VIH/Sida, los tratamientos y los derechos del paciente en EE.UU.

A inicios de la década de 1980 aparecieron los primeros casos del entonces desconocido virus del SIDA en EE.UU. A medida que se fue haciendo conocida la alta letalidad y mutabilidad del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y sus formas de transmisión, las comunidades LGTBI — las más diezmadas por el virus — se organizaron en diversas ciudades del mundo con el fin de frenar la pandemia.

Desde entonces 35 millones de personas han muerto por causa del Sida desde 1981. Aunque hoy en día existen tratamientos inhibidores del VIH, todavía son muchos los países que luchan por el acceso a los medicamentos y tratamientos en sus sistemas de salud. Hasta la fecha no se ha conseguido crear ni fabricar una vacuna que prevenga la infección por VIH aunque hoy se puede conseguir una carga viral indetectable en las personas seropositivas.

Finkelstein compartió sus reflexiones sobre lo que él denomina la «producción cultural colectiva» en el activismo artístico. Para ello se centró en los carteles que formaron parte de campañas más extensas los años 80 y 90, encaminadas a lograr políticas públicas específicas en el ámbito de la salud: 'SILENCE = DEATH' (silencio = muerte), 'Enjoy AZT' (disfrute AZT) y 'Women don't get AIDS - They just die from it' (las mujeres no contraen el Sida, solo se mueren de él) .

Participaron en la conversación Steve Lambert, Rebecca y Merith Basey, impulsores de Free the Vaccine Covid-19.

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Para entender la forma en que un colectivo puede crear mensajes directos que inciten a la acción o despierten la conciencia), es preciso detenerse en el «cerebro colectivo» del grupo y en sus procesos colaborativos.

La escucha es tanto o más importante que la elaboración del mensaje propiamente dicho. Escuchar quiere decir entender cómo es el lenguaje corriente o llano; y ser capaz de reproducirlo en los mensajes que se busca difundir. La escucha atenta a lo que el colectivo diga en su proceso participativo nos permite entrever el mensaje. Y este puede surgir como un chispazo de ingenio, o bien como una frase de apariencia anodina pero significativa, rechazada o aplaudida por el grupo.

Por otro lado, los espacios públicos son el equivalente físico al diálogo civil: no solo se trata de emitir mensajes sino también de escuchar lo que dice la calle. En el espacio público se presupone la existencia de un público que escucha, y por eso se espera que éste responda a los mensajes lanzados, aunque ello no sea tan evidente de primera mano.

Para Finkesltein, «la escucha es también la clave de la producción cultural. Para que exista la colectividad, tiene que producirse primero un acto de equilibrismo en la cuerda floja que comporta saber cuándo hay que escuchar y cuándo posicionarse. Para entender cómo debemos construir un mensaje, se necesita tener el oído afinado».

Codificar las imágenes


Existen mensajes que pueden ser complicados de trasladar por el tipo de palabras que se emplean. En esos casos, la imagen codificada puede facilitar la comprensión del mensaje. Para describir este proceso, Finkelstein toma el ejemplo del cartel de campaña 'Enjoy AZT' (disfruta AZT) creado en 1988. Fue ideado para asemejar un anuncio que «ocupaba» la marca comercial de la Coca - Cola. La idea era explicar las complejas formas de acaparar riqueza que tiene la industria farmacéutica. Al mismo tiempo, el cartel reflexionaba sobre la eficacia del medicamento (se sabía que funcionaba solo en un 50 % de los pacientes, que era muy tóxico y tenía serios efectos secundarios).


Analizado en retrospectiva, Finkelstein considera que 'Enjoy AZT' no era un anuncio lo suficientemente fuerte para el espacio público: «Ocupábamos la marca de la bebida, pero en ese tiempo las compañías farmacéuticas no podían anunciarse en espacios comerciales. Por tanto, la historia del mensaje era doblemente compleja... porque los anuncios de medicamentos eran una novedad en el discurso público».

El cartel también incluía un texto en letra pequeña, en forma de réplica a la imagen: IS THIS HEALTH CARE OR WEALTH CARE? (cuyo mensaje en español se traduciría como: ¿cuidar la salud o cuidar la riqueza?). Al estar escrito en lenguaje llano, el público lector podía acceder a datos específicos de por qué el AZT debía importarles, y de cómo este podía afectar sus vidas.

Para ello se evitó el uso de cualquier clase de argot empleado en los ámbitos la política, la academia o la organización de campañas. «Es muy importante que el texto de cualquier campaña vaya siempre escrito en lenguaje llano», señala.

Rememorando las circunstancias de las revueltas ocurridas en 1988 en el East Village de Nueva York, Finkelstein opina que su colectivo no detectó el largo aliento que podían tener las campañas. Pero otras patrullas de activistas se dedicaron a coleccionar una serie de carteles colocados en calles y edificios para llamar la atención sobre los múltiples problemas que se vivían localmente. Además de las personas con VIH, estaba la situación de los usuarios de drogas inyectables, de las personas sin techo, los desplazados y el imparable avance de los proyectos de gentrificación inmobiliaria en Manhattan. Muchos de los integrantes de ACT UP vivían en ese mismo barrio.

Toda una generación de fotógrafos se dedicó a documentar los grafitis que la gente añadía a los carteles. Los activistas escucharon esos comentarios para afinar sus mensajes, mucho antes de la invención del muro de Facebook y otras redes sociales. Y en toda esa efervescencia que contenía denuncias y llamados a la acción, la clave parecía residir en elaborar mensajes universales en un lenguaje llano; llamar la atención sobre algo que formaba parte de un problema social más amplio.

El logo 'SILENCE = DEATH', que ilustra el histórico cartel de sensibilización sobre la pandemia del Sida, es un ejemplo de cómo, varias décadas después, la gente sigue utilizando el signo de igualdad (=) como una forma abreviada de lenguaje en el espacio público. «No sé si se nos ocurrió a nosotros primero, pero sí puedo decir que la idea de crear equivalencias morales de una manera visualmente compacta fue nuestra. Entonces decíamos, medio en broma, que habíamos creado la versión años ochenta de las 'caritas felices' (el smile o happy face del arte Pop americano de los sesenta). SILENCE = DEATH tiene un icono (el triángulo rosa que identificaba a los homosexuales en la Alemania nazi) y un mensaje. También contiene una réplica y un llamado a la acción».

El pie del cartel contiene cosas muy específicas, y además, prepara el terreno para el siguiente cartel, en una serie de tres, que era una invitación a la revuelta durante las elecciones al Congreso en 1988. Y fue por esa razón que nuestro trabajo se hizo de manera anónima. Pero al poco tiempo apareció ACT UP y empezamos a trabajar en coalición. En nuestras conversaciones combinábamos los temas del racismo, el sexismo y la homofobia. Y también se insinuaba el tema del genocidio».

Cada trabajo debe se considerado como una frase que da inicio a una conversación social más amplia. Es lo que permite que haya espacio para moverse y que tenga una mayor duración.


La narración en el contexto del capitalismo


En cualquier sociedad democrática, la esfera pública ha sido tradicionalmente el espacio para el relato. El uso de los espacios sociales y la dinámica que se crea en ellos ha sido objeto de estudio para los historiadores. Y en la fase tardía del capitalismo en que hoy nos encontramos, el relato se usa para vender productos, reputaciones y políticos.

Aquí cabe apuntar que en la era de la posverdad instaurada en nuestra sociedad de la información digital, se encuentra el poder que maneja los medios de producción de verdad en base a los denominados «hechos alternativos». Este puede preparar el terreno abonado con mentiras para influir con su propaganda en la opinión pública y hacerla maleable a sus intereses. Hoy son aún más vigentes que nunca las preguntas con las que Hannah Arendt abría sus reflexiones sobre verdad y política en 1967:

¿Qué clase de realidad puede atribuirse a la verdad, si esta es impotente en el ámbito público, el cual, más que ninguna otra esfera de la vida humana, garantiza la realidad de la existencia a los hombres que nacen y mueren?[...] ¿acaso la verdad impotente no es tan despreciable como el poder que no presta atención a la verdad?


El cartel de 'Women don't get AIDS'

Foto: Timothy P. Karr
«Este cartel fue producido en 1991. Es un buen ejemplo de lo importante que es tener una frase inicial para captar el tiempo suficiente la atención del público — algo que no siempre se consigue. Además, el texto está en lenguaje llano y es muy fácil de entender, lo cual hace que el lector reflexione: ʻ¡Oh, Dios mío! Esto no lo sabíaʼ. No se pretende hacer un análisis científico de los datos que justifican la necesidad de producir el cartel. El texto solo explica de una manera sencilla que existe un sesgo de género, tanto en la investigación científica como en el desarrollo de los medicamentos... y todo esto mientras alguien lee el cartel que está pegado en el paradero de su autobús. Ese es el objetivo. ¿Pero cómo se hace? ¿Cuál es el ʻganchoʼ?

«A continuación viene un texto expositivo que describe la complejidad del problema en dos o tres frases. Lo suficientemente claro y conciso para entender cómo les afecta esta cuestión.

«El cartel formó parte de una campaña desarrollada en múltiples facetas durante 4 años. Hay que pensar que todas las acciones previstas están relacionadas con esto. No fue solo el cartel lo que consiguió el objetivo de hacer que se cambiara la definición médica del VIH/Sida. Quienes consiguieron el cambio fueron las miles de personas que trabajaron durante años en la campaña. Y el cartel era un elemento explicativo más que hacía pública una realidad.


Al elaborar una imagen, lo que debe hacerse primero es definir el público receptor; lo segundo es definir la historia que les vamos a contar.


«El comité de mujeres de ACT UP en Nueva York había documentado una serie de realidades sobre el impacto del VIH en la población femenina. Pero el Centro de Control de Enfermedades (CDC, en inglés) no estaba incluyendo en su definición del Sida las manifestaciones de supresión de las defensas que afectaban comúnmente a las mujeres. Y así transcurrieron 12 años desde que se iniciara la pandemia. Tampoco se incluía a las mujeres en los ensayos clínicos ni se les hacía seguimiento en el sistema sanitario. Se pensaba que las mujeres no se infectaban con el virus.

«El comité de mujeres publicó un manual sobre mujeres y Sida, Women and Aids, y después una Agenda para la investigación y los tratamientos del VIH/Sida. Estos informes hicieron una crítica contundente de los principios de vigilancia epidemiológica que por entonces se manejaban en el CDC».

El colectivo como fuerza impulsora del cambio social


«La acción colectiva fue la que obligó al CDC a extender la definición del Sida. Con ello las mujeres y los usuarios de drogas intravenosas fueron incluidos como poblaciones afectadas. ACT UP entabló una demanda colectiva contra el Seguro Social en representación de las mujeres que no habían obtenido una indemnización al no ser reconocidas como enfermas de Sida. La demanda fue suscrita por el Colegio de médicos de EE.UU. (AMA, en inglés) y se hizo presión con una carta de adhesión que fue publicada en un anuncio a página completa en el New York Times.

«También es colectivo el pensamiento que impulsa las campañas. Las propuestas de campaña no se presentan como una maqueta o bosquejo que debe ser aprobado o rechazado por alguien. Hay un proceso de elaboración grupal que incluye un momento en el que se hace una lluvia de ideas — pero sin obsesionarse con ninguna idea en particularʼ, puntualiza Finkelstein. Se trata de mantenerse receptivos a lo que dicen los demás, de escuchar atentamente.

«Nos han educado a pensar en el espacio público como una instancia declarativa, cuando en realidad deberíamos pensar en cómo ese espacio nos interpela».

En tal sentido, el trabajo en equipo, las colaboraciones entre colectivos distintos, son importantes, pero también requieren un análisis crítico. Por ejemplo, el colectivo Gran Fury había sido una comisión de trabajo abierta dentro de ACT UP. En el primer proyecto había 50 personas trabajando que entraban y salían en cualquier momento. A la larga, el trabajo como comisión se hizo inviable por la dificultad para tomar decisiones. Sin embargo, Finkelstein reflexiona con satisfacción sobre el alto poder de comunicación que consiguió su grupo, y la efectividad de las dinámicas aplicadas en las reuniones de trabajo.

«Por ejemplo, la lluvia de ideas y el enfoque en la escucha al poner las ideas sobre la mesa. El trabajo empieza cuando se tiene todo dicho y cada participante se deja empapar por las ideas, algunos toman notas y empieza la labor de edición. El colectivo debe trabajar como un organismo en el que cada integrante tiene su función. Sin embargo, el desorden es también parte de cualquier trabajo creativo, o incluso de las tareas del activismo. Y no hay que asustarse ante la perspectiva del fracaso».

Un elemento de cohesión para el trabajo del activismo creativo es que los miembros del colectivo se consideren como parte de una familia en la que todos están involucrados en la construcción de un texto. También es posible poner en práctica el «cross-editing» en que, agrupadas en parejas, las personas se revisan mutuamente el texto o la frase que se les ha ocurrido. Luego se vuelve al grupo y se comparte. También sirven los grupos de tareas concretas, que después deben comunicar lo realizado a todo el grupo para tomar una decisión como colectivo.

La democracia interna del colectivo


Se puede seguir el consenso general cuando hay desacuerdo entre los miembros. Es un consenso más informal. Pero también se debe pensar en las estrategias de votación. Y estas deben ser acordadas en el momento en que el grupo inicia su actividad.

Los votos o sondeos por mayoría, si son a mano alzada, pueden ser problemáticos para las relaciones comunitarias; algunas personas podrían resistirse a revelar su opinión personal. Sin embargo, la mano alzada funciona para personas con menos compromiso en el grupo. Este es el caso de quienes solo participan en algún aspecto concreto del proyecto. Hay que tener en cuenta que los niveles de participación pueden ser variables aunque exista un compromiso general con el proyecto.

El voto por mayoría presenta algunos problemas cuando hay diferencias de poder; cuando una minoría es excluida por un grupo mayoritario. Y por supuesto, siempre es mejor que el número de participantes en el colectivo sea impar.

Algunas alternativas para evitar los diferenciales de poder son: el voto múltiple o por preferencia, que permite proceder por reducción de opciones en los supuestos que se discuten. Esta votación ayuda a adoptar una decisión de una manera más rápida cuando se producen tensiones acerca de un contenido concreto.

Por último, se puede recurrir a las votaciones por vueltas, en la que las opciones que alcanzan la puntuación más alta vuelven a votarse.

Steve Lambert propuso una modalidad adicional, recogida en una experiencia propuesta por Mabel De Gries en otro colectivo de activismo artístico de San Francisco: el derecho a reclamar una «voto apasionado». Cada persona tiene la posibilidad de proponer una votación adicional que puede incluso anular un Sí o un No previamente votado. No es obligatorio proponerlo, sino como recurso cuando alguien piensa que el grupo está adoptando un camino errado. Solo debe usarse en un grupo cohesionado donde exista confianza mutua.

11 marzo 2010

Las controversias entre climatólogos debilitan su credibilidad














Una reciente acción de piratería informática en un centro de investigaciones británico aviva la polémica entre los partidarios del IPCC(Grupo intergubernamental de expertos sobre el cambio climático) y los escépticos frente a la teoría del cambio climático. El semanario francés Le Nouvel Observateur incluyó en diciembre de 2009 un reportaje de Claude Weill sobre la guerra de datos científicos y las reacciones del público.

Una operación de espionaje científico ha desencadenado un terremoto en el mundo de la investigación sobre el calentamiento global. Este desastre de piratería informática ocurrió el 19 de noviembre y fue bautizado por los expertos como el “Clima-gate”, cuando un misterioso pirata informático consiguió penetrar en el servidor de la unidad de investigaciones sobre el cambio climático (CRU, en inglés) de la universidad británica de East Anglia y después distribuyó desde un sitio Web ruso 1 079 mensajes de correo electrónico y 72 ficheros intercambiados entre las personas responsables del CRU y sus corresponsales en la comunidad científica a lo largo de 13 años.

El golpe de estos hackers no fue producto del azar, pues el CRU es el centro de referencia en materia de climatología a nivel mundial. Junto con el Hadley Centre británico y el Goddard Institute de la Nasa, este organismo proporciona los datos esenciales y los modelos sobre los que se basan todos los informes del GIEC. Sus trabajos de investigación constituyen la base de la teoría del calentamiento global de origen humano (Anthropogenic Global Warming) que ha dictado la agenda de Copenhague.

Todas las personas apasionadas por los debates en torno al clima se han interesado por el resultado inesperado de este saqueo de información en Internet y cuya lectura generó un estado de perplejidad e inquietud en vísperas de la Cumbre sobre el cambio climático de Copenhague. Los correos reflejan las feroces controversias existentes entre investigadores en relación con la curva de Mann (así llamada en honor al científico Michael Mann de la Universidad de Virginia, quien efectuó un modelo de reconstrucción del clima planetario desde al año 1000 de nuestra era, y que es objeto de controversia entre los climatólogos a favor del IPCC y los que están en contra). Ante la solicitud del editor de un blog escéptico del cambio climático ClimateAudit de que se dieran a conocer los datos meteorológicos reunidos por el CRU invocando las leyes sobre la libertad de la información, el director del CRU, Phil Jones, escribía en uno de sus mensajes: “preferiría destruir el fichero antes que enviarlo a nadie”. Existen otros correos que apuntan a posibles actos de revisión de esos datos a fin de “equilibrar las necesidades de la ciencia con las del IPCC, que no han sido siempre las mismas”, según escribe un asistente de Jones en abril de 2007.

Para los escépticos del cambio climático no cabe duda de que existen “conspiradores” que han metido las manos en la masa y que han trucado las teorías que da a conocer el IPCC. Por ello piensan que este “clima-gate” es “el último clavo en el ataúd de la teoría del calentamiento global de origen humano”, en palabras de los bloggers anti IPCC. Por su parte, los investigadores de la Universidad de East Anglia y su rector minimizan dichos cuestionamientos al declarar que las publicaciones del CRU son “de muy alta calidad investigativa e interpretativa en el ámbito científico”; la revelación de las comunicaciones pirateadas, según ellos, sólo buscan desviar la atención sobre la urgencia del cambio climático. Por su parte, Phil Jones lamenta que unos mensajes escritos en el fragor de la polémica científica sean utilizados para sembrar la confusión y la consternación.
Al margen de si se trata de un escándalo científico o de una campaña orquestada para hacer ruido, el asunto dice mucho acerca del ambiente de sospecha y de odio acendrado que reina entre los especialistas del clima. No es tranquilizador saber que algunos quieran dar por concluido el debate científico en torno al cambio climático, como si esto fuera alguna vez posible en algún ámbito de las ciencias.

No obstante, ningún trabajo científico ha conseguido extinguir de modo concluyente la así bautizada “guerra” entre los defensores del IPCC y los que se llaman a sí mismos “escépticos” (sus adversarios los denominan, más bien, “negacionistas”); por el contrario, el conflicto se ha visto acentuado a medida que se aproximaba la fecha de la cita de Copenhague. Expertos enfrentados a expertos, curvas que cuestionan otras curvas, peticiones contra peticiones, posiciones enfrentadas en Blogs. Pero se trata de una guerra asimétrica. No olvidemos que el IPCC recibió el premio Nobel en 2007; sus publicaciones cuentan con la aprobación unánime de 192 países representados en la comunidad internacional y por 40 sociedades científicas y academias nacionales de ciencias. Sin embargo, sus detractores opinan que esto no demuestra nada, pues la verdad científica no se rige por las reglas de la mayoría ni tampoco las del consenso.

Sean prudentes o combativos, lo cierto es que los escépticos del cambio climático siguen afirmando que no existe un calentamiento acelerado por causa de las emisiones de CO² que nos esté llevando directamente a la catástrofe. Se trata de una elevación temporal de la temperatura, que de otro lado se ha interrumpido desde hace una década, lo cual es un fenómeno muy probablemente no atribuible al hombre, sino sobre todo debido a causas naturales (particularmente, los ciclos de actividad solar) que no justifican en absoluto que se toque la campana de alarma.

El epicentro de la batalla

En los EE UU el debate se ha hecho más visible que en Europa y en este país se ubica el epicentro de la batalla. Los escépticos del clima no forman un grupo homogéneo; existen entre ellos diversidad de matices e incluso divergencias marcadas. Entre sus miembros se cuenta a eminencias científicas con un currículo académico impresionante y a 32 000 científicos militantes provenientes de todas las disciplinas que han firmado la Petición de Oregon.

Los escépticos han publicado artículos y libros; cuentan con sus investigadores de referencia y sus sitios de Internet. Incluso han producido un film anti Gore “The Great Global Warming Swindle” (la gran estafa del calentamiento global), dirigido por Martin Durkin, que fue difundido por la cadena británica Channel 4 a 2,5 millones de espectadores y desencadenó una ola de protestas (igual que hicieron los escépticos ante los tribunales británicos cuando apareció el documental de Al Gore). Los escépticos del cambio climático están en contra del GIEC y se articulan en torno a la Comisión Internacional no gubernamental sobre el cambio climático (NIPCC). Cuentan con un contra informe al IPCC publicado por el Heartland Institute bajo la dirección de Fred Singer en 2008 (y que sostiene que el clima está determinado por la naturaleza y no por la actividad humana). El instituto celebra incluso su propia conferencia internacional sobre el cambio climático, cuya tercera edición se celebró en 2009 en Washington. Heartland es un centro de estudios ultraliberal con sede en Chicago que recibe financiación de una serie de fundaciones conservadoras y grandes empresas. En este combate participan por lo general más activamente los miembros del ala derecha del Partido Republicano americano, así como los círculos, periódicos y Webs ultraliberales y "libertarios" (los partidarios de un Estado mínimo). Para éstos, las políticas que buscan reducir las emisiones de CO² forman parte de una ofensiva estatista contra la libertad del mercado. Gran parte de estas instituciones tienen vínculos reconocidos con los grupos de la industria del petróleo. Por ejemplo, la multinacional Exxon Mobil financió al Instituto Heartland con $ 560 000 entre 1998 y 2005; por su parte, Singer reconoce haber recibido cheques “no solicitados” por valor de $ 10 000. Estos datos han convencido a los medios ecologistas de que los “negacionistas” del calentamiento global están siendo financiados por el lobby del carbono, la industria petrolífera y los fabricantes de automóviles o las compañías de electricidad. Pero la generalización es cuando menos abusiva, pues no se tienen evidencias de que la mayoría de estos científicos escépticos hayan sido financiados por estas empresas, ni tampoco de que estén al servicio del ultraliberalismo. Entre sus filas se cuentan a ambientalistas convencidos y hay algunos que están notablemente alineados en la izquierda, como Freeman Dyson, eminente físico americano. Para muchos de ellos, la instrumentalización que la extrema derecha y sus lobbys hacen de sus trabajos es más bien considerada un estorbo que una utilidad.

Enfoque militar

Frente a la oposición de los escépticos del clima, los defensores del IPCC han optado desde el CRU por marginar a los investigadores heterodoxos, por cerrarles el acceso a los datos e impedir su presencia en las páginas de las grandes publicaciones expertas en la materia. Esto puede ser considerado como un enfoque más bien defensivo, de tipo más bien militar y no tanto científico. No se sabe con certeza si esta táctica ha sido la más conveniente, pues ha contribuido a alimentar la sospecha de que la climatología oficial trabaja en círculos cerrados, encerrada en sus propias certezas y sin reparar en cualquier hipótesis que pudiera ser climatológicamente incorrecta. Ello ha contribuido finalmente a alimentar el escepticismo, como lo atestiguan el sinnúmero de Blogs y publicaciones sobre el clima con una tendencia escéptica. Estas se han hecho eco en la opinión pública. Según una encuesta realizada por el Pew Research Center, un centro de estudios de Washington de reputación neutral, sólo un 36 % de los americanos consideran que existe una “prueba sólida” del calentamiento global debido a la actividad humana, frente a un 47 % que así lo creía en abril de 2008. Y sólo un 35 % piensa que el calentamiento global es un problema “muy grave” (frente a un 44 % en 2008).

Al parecer, el problema de base consiste en incrementar la credibilidad de la climatología ante la opinión pública. Según la climatóloga Judy Curry, “los científicos deberán examinar con gran atención los argumentos de los escépticos y decidir o bien refutarlos o bien aprender de ellos”. Pero para muchos otros climatólogos extenuados por esta guerra del clima, la lección que se debe extraer de este “clima-gate” es la de que ya es hora de ser más transparentes, permitiendo un libre acceso a los datos y al debate abierto.

20 enero 2010

Para leer a Freud: cien años después















Transcurrido el año de Charles Darwin, el padre del Evolucionismo, este año las obras de Sigmund Freud cumplen cien años y entrarán en el dominio público. Ello contribuirá sin duda a que durante 2010 aparezcan en Europa nuevas ediciones de la obra del padre del psicoanálisis; confiemos en que ello también nos traiga nuevas traducciones al español, muy probablemente de Argentina, desde donde tradicionalmente ha irradiado la ciencia psicoanalítica a todo el ámbito hispano.

El diario francés Libération publicó el sábado 2 de enero un especial sobre la obra de Freud que incluía las sugerencias de Robert Maggiori para una lectura neófita de las obras del padre de los psicoterapeutas:

Para acceder a la obra de Freud

No conviene iniciarse en el psicoanálisis con la Introducción al psicoanálisis (Alianza), pues es una obra harto difícil. Un recorrido más llevadero de la obra de Freud debería comenzar por Mi vida y el psicoanálisis y Sigmund Freud por sí mismo, que dejan ver la imbricación prácticamente total que existe entre el “destino” de Freud y la historia del psicoanálisis. También puede empezarse por Psicopatología de la vida cotidiana, en donde se analizan hechos con los que todos tenemos experiencia, como los actos fallidos, los olvidos de nombres o los lapsus.
En una segunda etapa, se incluiría la lectura de Tres ensayos sobre la teoría de la sexualidad, Metapsicología, Ensayos de psicoanálisis, y después, Cinco lecciones sobre psicoanálisis, que recoge las conferencias (muy accesibles) pronunciadas por Freud en 1909 durante su visita a los EE UU. Antes de seguir con el compendio que representa La interpretación de los sueños, deberíamos detenernos en Los sueños y su interpretación o en Sobre el sueño. A partir de este punto, estaríamos preparados para leerlo todo sobre Freud: El chiste y su relación con lo inconsciente, Tótem y tabú, El porvenir de una ilusión, que constituye una dura crítica de la religión, y El malestar en la cultura, Moisés y la religión monoteísta, Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, etc.
De gran interés es la Correspondencia de Freud, especialmente la que mantiene con Carl Gustav Jung –quien debió convertirse en su delfín, pero que terminó siendo el jefe de las filas del “otro psicoanálisis”—y con Karl Abraham, Arnold y Stefan Zweig, Wilhelm Fliess y Lou Andreas Salomé.
Entre las obras introductorias más accesibles se encuentran: Sigmund Freud: un tragique a l’age de la science, de Pierre Babin (Gallimard) o Freud, de René Major y Chantal Talagrand (Folio). También hay una exigente “biografía psicoanalítica” escrita por Gérard Huber, Si c’était Freud, de reciente aparición en la editorial Le Bord de l’eau.
Y si quiere conocerlo todo sobre el psicoanálisis y la profesión del analista, puede dedicar... treinta y tres horas al visionado de los catorce DVD que contiene el estuche Etre psy de Editions Montparnasse.

¡Buena lectura y buena inmersión en los mundos del subconsciente!