Se estrena en Londres El Gesticulador, obra escrita en 1938 por el dramaturgo mexicano Rodolfo Usigli. La versión inglesa, traducida por la actriz y dramaturga Mary Ann Vargas, se presenta del 27 al 29 de marzo bajo el título The Impostor, con el elenco del Platform Theatre de la University of the Arts de Londres.
Son rasgos distintivos del teatro latinoamericano su querencia por la tradición oral, el humor introspectivo y la capacidad de apropiación y de absorción de las más diversas culturas. Cuando a finales del siglo pasado se difuminó la frontera trazada por los críticos entre el teatro universitario, "de pelucones", y el teatro de público serio, la dramaturgia latinoamericana alcanzó la síntesis que ha permitido la eclosión del actual panorama teatral del subcontinente, donde destacan dramaturgos y artistas de nivel extraordinario como Claudio Tolcachir en Argentina, Alberto Isola en Perú y la pléyade de centros de creación teatral que producen obras colectivas y de autor, y entre los cuales destaca el grupo Yuyachkani. Este movimiento creativo alcanza también para insuflar una nueva vitalidad a las composiciones musicales en formato de ópera u oratorio. A inicios del siglo XXI, obras como las del compositor Oswaldo Golijov (Aindamar, estrenada en el Festival de Tanglewood en 2003, y La Pasión según San Marcos, de 2008) o la ópera Manuela y Simón, del compositor ecuatoriano Diego Luzuriaga, estrenada en 2006, han iluminado el panorama de la lírica contemporánea.
Mary Ann Vargas afirma que, con la excepción del teatro del Siglo de oro, el teatro en lengua española es muy poco conocido en la lengua de Shakespeare, y de allí cobra fuerza la idea de traducir El gesticulador y traerla nuevamente a un público que desconoce la tradición teatral latinoamericana. Con 20 años de residencia en Londres, la actriz y dramaturga se ha propuesto dar a conocer al público anglosajón los clásicos del teatro latinoamericano contemporáneo, una tarea que ella inició en 1988 cuando tradujo al inglés Bodas de sangre, de Federico García Lorca, para el Asian Cooperative Theatre de la capital británica.
"No puedes traducir sin saber para quién traduces." En su trayectoria profesional, Vargas se ha planteado retos como el de trasladar el ritmo del verso isabelino de Shakespeare a la lengua española: "posiblemente la poesía de Nicanor Parra" nos puede dar la clave, afirma.
Escuche la entrevista con Mary Ann Vargas, autora de la versión inglesa titulada The Impostor, en ocasión de su estrenoen el Platform Theatre de la Universidad de las Artes de Londres. Fuente: Londres así
Kosmópolis11, la fiesta de la literatura amplificada, se presentó en su sexta edición del 24 al 26 de marzo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, con nuevos espacios ganados en la bicentenaria sede la Casa de la Caritat. Se celebraron, asimismo, encuentros en torno a la literatura y la edición mediante las nuevas tecnologías, en las sesiones y asesorías organizadas en torno al Bookcamp, coordinadas por profesionales, activistas del Copyleft y amantes del libro, el teatro, y la literatura oral y escrita; el contenido de las sesiones puede consultarse en su plataforma digital Wiki.
Dentro de los temas y espacios del Kosmópolis11, destacó la programación del Hall Proteu, en donde se presentó la exposición La Trieste de Magris, con la presencia del venerado escritor italiano Claudio Magris; la muestra (del 9 de marzo al 17 de julio) sigue la estela de lo que es ya la marca de prestigio del CCCB, con memorables exposiciones en su haber como las dedicadas a Borges y Buenos Aires, a Las Lisboas de Pessoa y a La Praga de Kafka. Las otras sesiones proteicas estuvieron a cargo del novelista Ian McEwan, con motivo de la publicación de su novela Solar, y de los escritores Enrique Vila-Matas y Eduardo Lago, que nos regalaron la anécdota de cómo encontraron la tumba de Moby Dick, con la inestimable ayuda de uno de los guardas de tan venerable monumento, en conexión por Internet desde el cementerio del Bronx donde Herman Melville sigue siendo visitado (pueden leer la anécdota, contada por Vila-Matas, en Aparición de Pynchon en Barcelona).
Pero lo que más atrajo mi atención fue escuchar la conferencia del dramaturgo libio-quebequés Wajdi Mouawad, el autor de la trilogía Litoral/Incendies/Forêts que en 2007 removió la escena del Festival de Teatro de Avignon por su actualización de las tragedias griegas de Sófocles, con las guerras y diásporas de Oriente Medio como trasfondo inmediato y actual. Incendies puede verse en una producción cinematográfica canadiense, dirigida por Denis Villeneuve, basada en la obra de Mouawad: un verdadero mazazo en forma de demoledor relato que nos presenta el testamento de una mujer y su intento de ordenar de manera póstuma aquello vivido y también el legado de su memoria, tarea que deja como misión a sus hijos sobrevivientes, y que conecta muy bien con el título de la conferencia que pronunció el autor en Barcelona: “El encanto de la transmisión”, donde dejó bien claro que la actual fiebre comunicadora de las nuevas tecnologías y la interactividad en tiempo real no implican necesariamente la capacidad de transmitir la emoción o el horror que necesita del lenguaje del arte para realizarse. Mouawad se mostró poco dispuesto a perder fragmentos de vida en conversaciones estériles (reales o virtuales) ni en sesiones filmadas de “small talk” sobre tópicos como la guerra o el exilio iniciado en su infancia. Más bien aprovechó el tiempo para dar una conferencia magistral sobre el proceso de creación-transmisión de una obra suya, de cómo aprovecha los fragmentos de memoria emergente para poetizar e incitarse a estructurar un relato dentro de los parámetros de la dramaturgia y el trabajo con sus actores.
Además del esperado estreno de su obra en el Festival Grec de Barcelona del verano próximo, Mouawad dio detalles sobre un fascinante proyecto internacional de formación teatral para actores adolescentes en torno a una serie de temas que serán trabajados anualmente en el marco de cinco ciudades del mundo: la lectura (que se celebrará en la ciudad de Atenas), la escritura (en las imprentas de la ciudad francesa de Lyon), el cómputo (en el campo de exterminio nazi de Auschwitz en Polonia), la expresión oral (en una ciudad de un país árabe por determinar) y la reflexión o el pensamiento (en una travesía marítima que llevará los actores a las costas de un país africano).
Eugenio Barba, director del Odin Teatret, entrevista en 1977 a la folklorista peruana Victoria Santa Cruz y filma una performance sobre la condición de mujer y negra.
El hallazgo de un documental sobre Victoria Santa Cruz, realizado en 1977 por Eugenio Barba y el Odin Teatret, sirve de punto de partida para esta memoria del ambiente cultural peruano de finales de los años setenta.
En el verano de 1978 el Campo de Marte de Lima fue tomado por el son de los diablos negros y las melodías de los danzantes de tijeras. A ellos se sumaba una comitiva de fantasmales figuras y máscaras medievales que avanzaban sobre zancos, agitando sus esqueletos bajo capas negras en una danza que reflejaba el ambiente festivo de la cultura de la calle, recuperada tras diez años de dictadura militar. La “invasión” de danzantes y saltimbanquis era una acción teatral colectiva del Conjunto Nacional de Folklore y el Odin Teatret, que inauguraban así el programa del Encuentro Internacional de Teatro de Ayacucho celebrado ese año.
Victoria Santa Cruz dirigía entonces el Conjunto Nacional de Folklore, desde donde presentaba sus investigaciones y propuestas sobre los ritmos negros del Perú, cuyas letras venía recopilando su hermano, el periodista y compositor Nicomedes Santa Cruz. A esta época pertenece esta entrevista en la que Victoria narra su experiencia del racismo y la génesis de su texto dramatizado Me llamaron negra, que recitó ante las cámaras. En consonancia con el espíritu y las inquietudes de la época, las preguntas de Barba apuntan a la cuestión de la identidad racial y los postulados del feminismo. Con la propuesta de articular nuevos lenguajes de ruptura en el ámbito de la cultura, se buscaba incidir en la corriente eurocéntrica que era todavía predominante en la sociedad peruana.
La inmediatez y contundencia de las imágenes creadas a partir de un lenguaje performativo fueron un revulsivo para muchos jóvenes capitalinos de mi generación. ¿De dónde salían estos demonios con cuernos y máscaras pintadas de rojo sobre sus pieles negras? Extrañas melodías pentafónicas ejecutadas por arpas y violines acompañaban a los danzantes andinos y precedían la llegada de una compañía de actores llegados de Europa. Durante las semanas del encuentro de teatro celebrado ese año en Ayacucho, compartieron sus artificios y lenguajes escénicos con actores y dramaturgos del país en una serie de talleres y presentaciones en los que participaba un público fascinado. Como muchos universitarios de esa época, fui testigo del despliegue de un mundo fantástico que aparecía materializado gracias al trabajo de actores y músicos que tocaban las fibras más profundas con su expresionismo europeo, con las influencias del “tercer teatro” del Odin Teatret, el método Stanislawski, las enseñanzas de Dario Fo en el Piccolo Teatro de Milán y de la escuela de teatro pobre del polaco Jerzy Grotowski. Mi descubrimiento de los mecanismos y posibilidades del mundo del arte --cuasi mágicos a los ojos de un profano-- estuvo marcado por la fascinación con el espectáculo teatral, por las posibilidades de la imagen y el juego de los significados, sentidos y mensajes ocultos que ofrecía ese lenguaje.
Dos obras teatrales capitales en la memoria cultural de Lima en esos años son El beso de la mujer araña, la adaptación teatral de los inolvidables actores peruanos Alberto Montalva y Pipo Ormeño sobre un texto del escritor argentino Manuel Puig, y La empresa perdona un momento de locura del venezolano Rodolfo Santana, que en 1979 dirigió Jorge Chiarella con el grupo Telba. El beso de la mujer araña fue sin duda el escándalo de ese año en Lima. Por primera vez se presentaba en un escenario a dos hombres desnudos en una situación de intimidad… en la celda de una prisión. Montalva y Ormeño consiguieron con su trabajo teatral transmitir toda la fuerza del afecto y la atracción homoerótica en un luminoso diálogo entre dos seres marginales, con claras resonancias del perturbador erotismo que emanaba del film Chant d'amour sobre un texto de Jean Genet (1950).
Unos años después, Montalva y Ormeño fundaron junto con la actriz Margot López la compañía Teatro del Sol, con la que viajaron por Europa mostrando sus creaciones colectivas: la más famosa, su adaptación del cuento Los cachorros de Mario Vargas Llosa. Nuevamente la fuerza de unas imágenes cargadas de sexualidad, presentadas como un misterio por resolver tras los velos de la moral y las costumbres sociales, marcó mi historia personal en esos años de despertar al amor erótico.