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23 abril 2021

Elecciones peruanas de 2021: La democracia en suspenso

 

Han transcurrido apenas 10 días desde que se conocieran con suficiente certeza los nombres de los dos candidatos ahora proclamados para competir en una segunda vuelta electoral por la presidencia del Perú prevista para el seis de junio próximo. Pedro Castillo, de Perú Libre, obtuvo los votos del 10,9 por ciento, mientras que por la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, votó el 7,6 por ciento del electorado peruano. Estas cifras revelan que ambos candidatos han obtenido una proporción ínfima de los votos  de los electores hábiles, cuyo número total este año la oficina de procesos electorales (ONPE) cifra en 24.520.719 electores.
 
Un análisis comparativo de Gustavo Gorriti sobre los resultados de las cinco últimas elecciones generales (desde el año 2001) señala que: «En patente contraste con todas las elecciones anteriores, el ganador y el segundo puesto de la primera vuelta de 2021 sumaron apenas el 18,5% de todos los electores hábiles en el país. En cualquier otra elección, esos porcentajes no les hubieran dado más allá del tercer o cuarto puesto de la contienda electoral, dependiendo del número de candidatos».

¿Cómo se eligen los dirigentes políticos en el Perú? ¿Por qué salen tantos candidatos postizos»?
El dilema al que los electores peruanos se enfrentan en la segunda vuelta tiene que ver con la representación, que desde el año 2001, es dudosa y sufriente. Dos de cada tres personas no se sienten representadas por las personas que conforman el Congreso, el cual es hoy un parlamento unicameral, producto de la interrupción de la democracia con el autogolpe de Alberto Fujimori en 1992. Ahora, esa crisis de representación se extiende y afecta a la propia contienda por la presidencia de la república, en circunstancias agravadas por la crisis sanitaria y humanitaria del SARS-CoV-2 que se ha cebado en el Perú y en muchas ciudades de América Latina.

El analista político Percy Medina explica cómo, cuando se le pregunta a las personas por la satisfacción en relación con su voto, muchas señalan no sentirse satisfechas con lo que votaron. Al final, «solo uno de cada tres votantes elige el Congreso. [...] La gente no tiene opciones relevantes entre las cuales elegir. La oferta que dan los partidos no es adecuada (según estudios cualitativos sobre temas de representación política). Nuestros partidos colapsaron en los años 90 y no nos hemos querido dar cuenta», sostiene el experto. «En 40 años no han surgido organizaciones políticas relevantes que tengan vida interna, relación con la ciudadanía o con las organizaciones sociales, que seleccionen las candidaturas en elecciones internas, no en unas elecciones de lista única porque allí no hay competencia ni democracia interna. ¿Cómo se eligen los dirigentes políticos en el Perú? ¿Por qué salen tantos candidatos postizos»?

Llegados a este punto crítico, Gorriti opina que el proceso de las elecciones generales del 11 de abril ha sido irregular, pues ninguno de los dos candidatos ha llegado a sacar una mayoría de votos aceptable respecto al resto del pelotón de candidatos presidenciales (19); tal como se nos plantea la segunda vuelta electoral, en realidad ésta puede ser una trampa. «Estamos en una nación enferma, infectada y debilitada por el ataque de la peste y la incompetencia de sus gobernantes para enfrentarla, donde [...] dos políticos minoritarios, enfrentados entre sí pueden llevar, por la izquierda o la derecha, a la democracia al despeñadero».

¿Veremos una movilización intensa? ¿Tenemos una sociedad civil organizada y vigilante? 

 



 
En una reciente conferencia organizada por la Universidad de Harvard, el historiador Alberto Vergara describió el Perú como un país que se encuentra en bancarrota social, política y moral. A ello debe sumarse el concepto de electorado precario, acuñado por él, y que sirve para darle nombre a lo que nos revelan los estudios electorales. Sin embargo, Vergara también hace un llamado a «ponerle el voto caro» a Castillo y Fujimori y a ser cautos con el falso dilema que se presenta a los electores en la segunda vuelta. ¿Es posible esperar la acción de una ciudadanía organizada en estas circunstancias de emergencia y con no pocas garantías suspendidas? Para Gorriti, la respuesta está en el voto:

«Nuestro voto, el voto en defensa de la democracia, es un arma no solo poderosa sino decisiva, y no debemos usarla antes de tiempo. Si lo hacemos, convertimos el arma en un regalo, quedamos inermes y sometemos nuestro destino».

En la misma conferencia, la ex ministra de economía y finanzas, Mª Antonieta Alva Luperdi, se refirió a la urgente necesidad de atender los dos pilares de la economía y el Estado peruanos: por una parte, la mejora del propio Estado para garantizar servicios públicos de calidad, y por otra, analizar las reglas de funcionamiento del sector privado. Luperdi señaló que, en el Perú, cada uno de los agentes económicos persigue sus propias agendas y «no se tiene una visión compartida del país que queremos [...] falta una visión programática, no hay voluntad de cambiar el statu quo» (el estado de las relaciones entre sector público y sector privado).

Tuvo que ocurrir una crisis sanitaria como el Sars-CoV-2 para que se viera lo endeble de los pilares sobre los que se asienta nuestra economía y el Estado, creando una situación de desamparo muy grande para los peruanos. Luperdi enumera los carencias observadas: una regresión absoluta de la política, dificultad para hacer reformas desde el Congreso (como ocurrió con la interrumpida reforma política) y retroceso en la descentralización del Estado. No existe la noción del interés público; la lacra del privilegio entre quienes acceden a un órgano del Estado es patente (siendo el caso de las vacunas de Sinopharm el último ejemplo vergonzoso); y cómo olvidarlo, la maquinaria de las empresas privadas, que recurre a sus estudios de abogados para no pagar impuestos.

Este es el terrible panorama que nuestros candidatos deberían considerar hoy con carácter de urgencia. No podemos entregarle a ninguno de ellos la máxima magistratura del Estado, sin saber de antemano las lineas básicas sobre las que sustentará su acción de  Gobierno. Debemos conocer sus opiniones y posturas respecto a la profunda crisis del país y los compromisos que están dispuestos a alcanzar para enfrentarla y resolverla. Ojalá la prensa peruana libre se aplique a la tarea de hacernos partícipes de este necesario escrutinio público. Dejando de lado el espectáculo y la propaganda, actuando como el poder que se le supone a los medios en una democracia saludable.

Gorriti, por su parte, confía en que exista una sociedad civil democrática que no permitirá la toma del poder bajo la apariencia de unas elecciones libres, pero cuyos candidatos son, hasta ahora, una peligrosa incógnita para la continuidad del Estado de derecho. Es crucial «una movilización intensa, en izquierda, centro y derecha, para lograrlo»; para defender la democracia en una coyuntura en la que ambos candidatos encienden todas las alarmas. Hay suficientes indicios para sospechar que ellos pondrían en peligro nuestra frágil democracia si no se pusieran controles y contrapesos a sus actos: por la carencia o el incumplimiento de sus programas electorales, porque no hacen reconocimiento de la grave crisis sanitaria ni de la importancia de la lucha contra la corrupción iniciada desde el caso Lava Jato y el Club de la construcción. ¿Cómo estar seguros de que, una vez que alcanzaran el poder, no se valdrían de todas las artimañas a su alcance para evadir el curso de los procesos judiciales o para interrumpir el orden constitucional?

Gobernabilidad, continuidad... ¿o suspender el proceso y prolongar la transición?


Podemos exigir a los candidatos, AHORA, que firmen un Pacto de Gobernabilidad que sea evaluado a los dos años (dentro del marco del Pacto ético electoral suscrito por los partidos políticos): comprometerlos a que no apreten los botones rojos para disolver el Congreso ni para presentar cuestión de confianza como arma arrojadiza; ¿Avanzar en las reformas del sistema político? Sí. Desentrañar las endemoniadas trampas del sistema electoral, de la inscripción de partidos y la conformación de sus listas y bancadas partidarias; acordar mecanismos de consulta y participación ciudadana para la reforma de la Constitución y del régimen político dentro del marco admitido por la ley; y por imperativo humanitario, definir una Hoja de ruta para dar respuesta a la crisis sanitaria por la COVID-19, con el compromiso de dar continuidad e impulso al despliegue de los programas iniciados por el Gobierno de Transición en cuanto a compras de vacunas, calendarios de vacunación, investigación en vigilancia genómica para detectar las variantes o cepas del Sars-CoV-2, pruebas diagnósticas y rastreo de personas infectadas; y por supuesto seguir aplicando las medidas económicas para hacer frente a las cuarentenas sanitarias mientras dure la pandemia.

De todas estas tareas pendientes, deberán salir las preguntas con las que emplazaremos a ambos candidatos desde ahora para conocer su compromiso. Si incumplieran el sagrado deber y las promesas arrancadas, entonces la ciudadanía tendría mayores motivos para ahondar en su malestar. Y si así fuera, es de esperar que prevalezca el espíritu de la #GeneracióndelBicentenario.

Lea el artículo completo de Gustavo Gorriti publicado en id-l Reporteros

11 mayo 2020

Entrevista a Claudia Vaca González


Entrevista a Claudia Vaca González, directora del Centro de Pensamiento sobre Medicamentos, Información y Poder de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) 

 

Foto: David Morales

El reciente llamado del presidente Alvarado Quesada de Costa Rica, a crear una reserva de patentes a nivel mundial frente a la pandemia de Covid-19 motivó que pidamos las opiniones de actores de América Latina en temas de salud y medicamentos. 
Preguntamos a Claudia Vaca sobre su participación en DIME, un proyecto que ofrece a los tomadores de decisiones en salud una información validada, comparada e independiente sobre precios, cobertura, competencia, uso racional y evaluación de las tecnologías sanitarias (ETES) y los medicamentos.


 


¿Qué es el proyecto DIME? 


Muchas gracias por habernos contactado. Eso significa que estamos llegando a una comunidad que está interesada en informarse. DIME es una iniciativa que involucra tres elementos que yo creo que deberían promocionarse para mejorar el acceso a los medicamentos y las tecnologías de la salud, para que el derecho universal del acceso a la salud se haga realidad.

En primer lugar, DIME es una comunidad de prácticas integrada por personas independientes que trabajan en temas de acceso, políticas farmacéuticas, investigación clínica, evaluación y análisis económico. Participan en esta comunidad personas de más de 8 países de la región latinoamericana que se dedican a la enseñanza universitaria, la academia o la investigación. También hay funcionarios de gobierno, responsables de la toma de decisiones en políticas públicas desde una perspectiva técnica, y personas que trabajan con las ONG en estos temas.

 

Pero ¿DIME es también un repositorio de conocimiento del sector biomédico?


Desde nuestra comunidad de prácticas hemos desarrollado una plataforma digital con información que se pone a disposición para [alimentar] las discusiones y aproximaciones y para informar según la misión de DIME: ofrecer información comparada, validada e independiente, que permita las tomas de decisiones en el sector salud relativas a los precios y otros aspectos de evaluación de las tecnologías sanitarias o los medicamentos.

Por último, DIME se encarga de elaborar piezas o documentos de política pública, recomendaciones, informes analíticos y reseñas sobre normativas (policy briefs) para facilitar la toma decisiones en cada país.


«El tema del acceso al conocimiento se vuelve relevante cuando hablamos de monopolios como las patentes».

Nuestro trabajo se basa en la gestión del conocimiento, y en el caso de Covid, estamos volcados en tratar de hacer disponibles los repositorios de información independientes que no tengan sesgos de financiación o de conflicto de intereses. Tenemos un repositorio de evidencias sobre diferentes temas: medicamentos, pruebas diagnósticas, intervenciones no farmacológicas, para que las personas que toman las decisiones encuentren toda la información sobre esto. Y en particular, sobre los precios, que es un tema muy relevante sobre el cual la gente y los gobiernos pueden tener acceso. Y dentro de los precios, el tema determinante fundamental es evaluar o valorar cuándo hay competencia o cuándo hay monopolio.

El tema del acceso al conocimiento se vuelve relevante cuando hablamos de monopolios como las patentes. Por eso el tema de la propiedad intelectual, las patentes y la declaración del presidente de Costa Rica se volvió un asunto de nuestro más grande interés y lo movilizamos mucho a través de nuestra plataforma de internet.


 Sobre la pandemia en la región ¿cuál es la situación actual en América Latina?


Los brotes y la incorporación del coronavirus en América Latina, tardaron por un tema de fronteras, de traslado, a pesar de lo acelerado de su expansión en un mundo global. Ocurrió con sus tiempos y sus movimientos.

Hay suficientes barreras entre Asia y nuestra región para que los aprendizajes que se dieron tanto en Europa como en Asia los pudiéramos masticar con más tiempo. Pero estamos hablando de unidades de tiempo aceleradísimas y las cosas pueden cambiar radicalmente de una semana a otra. En principio tenemos una llegada de la pandemia que está retrasada con respecto a Asia y otros países. Pero la forma como se ha extendido y la forma como han respondido los países varía muchísimo. Creo que esto tiene un elemento de economía política grande. Los gobiernos de derechas y los negacionistas tuvieron una aproximación completamente diferente a la de los gobiernos que eran un poco más abiertos o que decidieron optar por equipos asesores técnicos para manejar la pandemia, y esa es la diferencia grande entre los países. Y bueno, también están las capacidades de los sistemas de salud, que es un factor que no se tiene que olvidar nunca.


A inicios de mayo se conformó una alianza internacional para la covid-19 impulsada por Noruega, Italia, Alemania, Francia y la UE ¿qué papel pueden y deben jugar los gobiernos, la sociedad civil y la comunidad científica de América Latina en un momento en también se prevé una fuerte recesión en las economía emergentes?


La noticia del acelerador de herramientas para la Covid-19 impulsado por la OMS es como un solaz, como una tranquilidad de un esfuerzo de coordinación frente a una pandemia que nos está tocando a todos. Es decir, las respuestas individuales y aisladas tal vez no tienen sentido cuando nos estamos enfrentando a la problemática de una pandemia global. Y cuando pareciera que hubiese ausencia de instrumentos y de esfuerzos de coordinación, aparece esto, creo que por esfuerzos del Gobierno de Costa Rica, como el acelerador fundamental, como respuesta a las decisiones de algunos países como EE. UU., de tratar de ponerle un ultimátum a la OMS, que sería el único organismo 
—con todas sus críticas o sus fallas—  el único organismo capaz de generar esa coordinación.

Yo creo que sí es un solaz, una luz de aliento sobre la coordinación. Pero creo y me temo que los países de América Latina no están jugando un rol determinante en este espacio, me parece que hay una supremacía, un elemento dominante de los países del Norte y de la UE en general que hace que preocupe la ausencia de países del Sur, tanto de América Latina como de África y algunos países que están con complicaciones muy fuertes con respecto a la pandemia, como India u otros países de Asia.

Entonces esa es la preocupación más grande: no veo al Sur presente, no veo a los organismos de los países del Sur presentes ahí... y creo que América Latina, por la fragmentación de las posturas, y también por la diversidad del desarrollo de las respuestas y de las capacidades de investigación y desarrollo, es difícil que se incorpore. Creo que habría que buscar algún espacio latinoamericano que a su vez haga un lobby en la OMS para que sean más escuchados y sean más consideradas esas capacidades de la región.


Sobre el tema del acceso a pruebas diagnósticas del coronavirus en América Latina. ¿Qué importancia tiene el acceso a la prueba y cuáles son las posibles estrategias que se están considerando para la región?


Las pruebas diagnósticas tal vez están en su momento más crítico a nivel global, no solamente en términos de acceso y disponibilidad. Es un tema de los países de América Latina, de EE.UU. y muchos países del Norte que no han podido acceder rápidamente a las pruebas, pero ya se está supliendo el mercado global un poco. No hay coordinación de América Latina, pero existen por lo menos tres países que están desarrollando capacidades propias en la aplicación de pruebas: es decir, importación, aplicación, desempeño y testeo de los pacientes: Colombia, Chile y Argentina; los países de la CAN también, pero tenemos menos información. Quizás haya otros laboratorios que testeen y que tengan capacidad de importación de pruebas, pero además, Colombia en particular, ha realizado esfuerzos por producir ciertos reactivos diagnósticos que son determinantes para el desarrollo de las pruebas; es decir, no es suficiente con importar el test que se vaya a hacer, sea molecular o sea serológico. También en algunos casos se requiere por un lado la validación de las pruebas serológicas, y por el otro lado, producir ciertos reactivos para poder realizar el análisis final de las muestras. Colombia está desarrollando estas capacidades. Al respecto, DIME ha emitido una nota sobre disponibilidad de precios y de datos sobre la oferta y el resultado de pruebas diagnósticas en América Latina; también publicaron un resumen sobre lo que Colombia está haciendo para la producción de reactivos diagnósticos, que me parece que también es válido porque esto querría decir que las barreras grandes de dependencia tecnológica podrían superarse si se logra rápidamente poner a punto estas capacidades de producción propias.



¿Y estar en condiciones de desplegar las pruebas diagnósticas en los sistemas de salud pública?


Bueno sí, pero esto revela que hay unas capacidades de investigación y desarrollo tecnológico, que en un momento de pandemia se logran. Digamos que es una muestra de que existen capacidades y que es posible responder a una circunstancia de salud pública priorizando los recursos de la I+D, con menos intereses comerciales y más prioridades de salud pública.

 
    Criba de resultados en laboratorio. Foto: Daniel Soñé Photography / CC BY

 

Existen kits de detección y diagnóstico molecular PCR, como el desarrollado por el hospital universitario de La Charité en Berlín, con protocolos ya disponibles en el repositorio europeo de virus EVAg. ¿Sabe si están siendo desarrolladas estas pruebas en la región?


No conozco sobre ese test en particular. Pero nosotros estamos llamando, desde la nota del DIME sobre pruebas diagnósticas, a que se haga una disponibilidad completa de datos abiertos para garantizar la producción tanto de las enzimas que se requieren para hacer el procesamiento de las muestras en PCR como el acceso a los propios tests; y que se facilite que los países puedan desarrollar sus propias capacidades. En dos boletines de DIME se ha puesto en público conocimiento lo que han logrado los países con las empresas, en especial con [los laboratorios] ROCHE, lo que no ha sido por voluntad específica de ellos, sino por presión de los gobiernos, que advirtieron sobre las posibles sanciones por mantener secretos comerciales sobre una información que es de interés público. Y esto ha dado paso a que algunas otras empresas como 3M pusieran a disposición
en un repositorio abierto todos sus diseños de respiradores patentados por ser considerados también insumos esenciales en estos momentos de la pandemia.


En especial los gobiernos de Holanda y Alemania advirtieron a ROCHE, que protegía el secreto industrial de sus productos, sobre posibles sanciones por competencia desleal y daño a la comunidad. Aún así, parece que ROCHE no puso a disposición los últimos modelos, sino los diseños anteriores, lo cual posiblemente no fuera tan útil. Pero esto es un ejemplo de la importancia de hacer pública esta información, que es precisamente lo que pedía Costa Rica desde el principio.



«Las fisuras  y fallas del modelo de innovación basado en patentes: el monopolio que da la patente como un incentivo no fue útil para la pandemia».

 

¿Cree que, a partir de la emergencia del SARS-CoV-2, habrá un cambio en las estrategias para fijar el precio de los medicamentos?


Pues a partir de la pandemia, ya son siete los países que han declarado que todos los medicamentos y todos los insumos y tecnologías médicas son de interés público, y que los gobiernos están dispuestos a emitir licencias obligatorias tanto sobre las patentes conseguidas como sobre las patentes que se vienen. Esto incluye a Alemania, a países del Norte que tenían unas posturas bastante proteccionistas sobre la propiedad intelectual. Es una señal interesante sobre las fisuras, las fallas que tiene el modelo de innovación basado en patentes porque eso significaría que el monopolio que da la patente como un incentivo a la innovación no fue útil para la pandemia; que incluso los países que han establecido esquemas rigurosos están siguiendo esquemas de flexibilidades [bajo los ADPIC de la Organización Mundial del Comercio], o incluso de excepciones. Yo creo que eso es una señal ya de por sí muy interesante. Ahora bien, que eso sea real y que se traduzca en precios bajos, está por verse.


El pulso que se viene no es por el anuncio de la declaración de flexibilidades o de excepciones a las patentes... el pulso va a estar en cómo se van a subir los precios. Esas decisiones de los países fueron tomadas porque anticipaban el hecho de que varios de los medicamentos y dispositivos que iban a requerirse en la pandemia estaban siendo protegidos por patentes; o sea que fue una salvaguarda rápida de los países para que estos productos no estuvieran sujetos a un monopolio.


Hay indicios sobre posibles registros, de un medicamento de Gilead que se llama remdesivir, que no está registrado en ninguna parte del mundo. El viernes pasado la FDA (agencia estadounidense del medicamento y la alimentación) le dió el registro de emergencia rápida. Una empresa que no se ha destacado por tener precios justos ni por ceder frente a sus patentes... ha sido bastante agresiva en sus estrategias de patente. La primeras estimaciones que se hacen sobre este producto — que todavía no sabemos si sirve o no —, hablan de 4.500 dólares por tratamiento que podría usarse en pacientes
graves de Covid-19, un precio inaccesible para el volumen en que se requeriría, a juzgar por el número de pacientes que están ingresando en los hospitales, y que pudieran complicarse.


O sea que estamos en el primer paso para declarar flexible el monopolio y todavía hay un trecho para saber si los precios van a ser justos o no. Y no sabemos qué tanto se va a mover fuerte Gilead para que acepte liberar el producto y hacerlo de acceso disponible sin derechos de exclusividad en todos los países. Estamos en la mitad del camino y en los picos de la pandemia...en la cresta de la ola de la pandemia y en la mitad del camino sobre el acceso. Esto es muy complejo porque estamos retrasados en las decisiones en el avance de la pandemia.

07 mayo 2020

Y mientras la Covid-19 se roba todas las portadas...

Millones de personas desarrollarán la tuberculosis como consecuencia del cierre por la emergencia de la Covid-19



Fuente: Liz Ford en The Guardian

Un estudio estima en 1.4 millones las muertes por casos de TB que no serán diagnosticados ni tratados.

«La vacuna de la tuberculosis existe desde hace 100 años, y tenemos otras dos o tres vacunas ya en proyecto. [Hemos calculado que] es necesario vacunar a 500 millones de personas para el año 2027. Ahora vemos que aparece una enfermedad hace apenas 120 días y nos dicen que ya existen 100 vacunas en proyecto. Con perdón por la expresión, pero creo que este mundo está de verdad jodido.»
 
Lucica Ditiu, directora de Stop TB

 
Wellcome (1951) CC BY 4.0


Cada año la TB es la causa de muerte de 1.5 millones de personas en el mundo, una cifra no superada por ninguna de las otras enfermedades infecciosas.

El estudio evalúa y calcula los efectos de tres meses de cierre en los servicios de TB en los países con más incidencia de la enfermedad y 10 meses para recuperar la actividad tras el levantamiento de las restricciones a la movilidad.

06 mayo 2020

El conocimiento biomédico como bien global de la humanidad

La emergencia del coronavirus actualiza el debate sobre la vigencia de un sistema de innovación que choca con las prioridades y la sostenibilidad de la salud pública 

 


Aplicación de la vacuna de la meningitis A (Foto: Rodrigue Barry OMS)

El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró oficialmente la pandemia del coronavirus SARS_CoV-2. Para entonces, el virus ya se había propagado desde su origen, en China, seguido de los brotes epidémicos en Europa tras su paso por Irán. Asimismo, empezaron a llegar noticias de los primeros casos de contagio en América del norte y del sur. 

Pocos días después, el presidente de Costa Rica, Carlos Alvarado Quesada, envió una carta a la OMS, en la que proponía la creación de una «reserva de patentes a nivel mundial para la covid-19», señalando la importancia de disponer de «un repositorio del conocimiento existente en relación con las pruebas de diagnóstico, los dispositivos, medicamentos o vacunas» para hacer frente a la pandemia de Covid-19.

La propuesta del presidente Quesada se inspira en la reserva de patentes Medicine Patents Pool (MPP), formada en 2010 con el respaldo de la ONU. La MPP tiene como objetivo facilitar el desarrollo de medicamentos para la TB, el VIH y la hepatitis C e incrementar su disponibilidad a precios asequibles para los países de ingresos medios o bajos. También han expresado su respaldo a la carta de Costa Rica: DIME, el mecanismo regional de datos para tomar decisiones informadas en el abastecimiento de medicamentos en América Latina, y las ONG de gestión del conocimiento y datos digitales Knowledge Ecology International (Canadá y EE.UU.) y Commons Network (Unión Europea).



Las claves económicas y políticas del alto coste de los medicamentos:1. Las presiones financieras para incrementar los precios; 2. El poder de monopolio, que los fija por encima del precio que pueden asumir los sistemas de salud


Un artículo publicado por Commons Network después de conocerse la propuesta de Costa Rica a la OMS explica cómo la pandemia ha hecho visible el conflicto existente entre el negocio biomédico y la salud pública:

«Son muchos los países occidentales en los que la respuesta al [corona]virus ha puesto en evidencia lo vulnerables que son nuestros sistemas de salud pública y otros sectores esenciales de la sociedad. Pero sobre todo, ha quedado expuesto el pésimo estado del sistema de la ciencia biomédica y el papel que en él juegan las compañías farmacéuticas:

  • En los Países Bajos, por ejemplo, los hospitales no disponían de suficientes kits de diagnóstico porque la compañía ROCHE, la mayor fabricante de productos de biotecnología, se negó al principio [de la epidemia] a compartir la fórmula que permite realizar estas pruebas.
  • En los EE.UU., el secretario de salud de la administración Trump en la respuesta al coronavirus, Alex Azar, advertía en un comunicado que el Gobierno no podía garantizar que una posible cura para la covid-19 fuese asequible para todos, pues lo único que impulsa esa clase de innovación es la expectativa de obtener grandes beneficios.
  • La carrera por conseguir la vacuna se ha retrasado entre dos y tres años debido a que, en muchos países, las compañías farmacéuticas han puesto a la venta sus instalaciones para la investigación. Y las empresas que aún tenían la capacidad, redujeron sus equipos de investigación porque consideraban que el proyecto no era un buen negocio .
  • Hace unos años, los científicos estuvieron muy cerca de conseguir la vacuna, hasta que se agotaron las fuentes de financiación.
  • Para los analistas financieros AB Bernstein de Wall Street, el mercado de las vacunas es considerado como un oligopolio. Pero al quedar interrumpidos los programas nacionales de investigación en enfermedades infecciosas, la mayoría de las empresas dejaron de invertir en este campo, según explica Bernard Pecoul de la Iniciativa por los medicamentos de enfermedades olvidadas 
  • En Francia hubo un debate sobre por qué el precio del kit de diagnóstico del coronavirus debía ser de 135 euros cuando su coste de producción es de solo 10 euros. Son muchas las personas que se han preguntado si detrás de la poca disponibilidad de pruebas diagnósticas y la decisión de no realizar más pruebas durante la epidemia en muchos países de Europa, existen razones económicas. 

Hospital universitario La Charité de Berlín, donde se desarrollaron los primeros tests de diagnóstico PCR con protocolos compartidos en código abierto. Foto: Jean-Pierre Dalbéra / CC BY



Haciéndose eco de la propuesta de Costa Rica, la OMS anunció la creación de un Acelerador para el acceso a las herramientas contra la Covid-19. Estas deberán ponerse a disposición en calidad de «bienes públicos mundiales», según señaló el secretario general de la ONU António Guterres. 

El 4 de mayo se hizo pública la formación de una alianza internacional de países comprometidos a reunir los fondos que se requieren para el desarrollo de tecnologías diagnósticas, tratamientos y vacunas de la Covid-19. Se consiguieron 7 700  millones de euros como fondo inicial para esta respuesta mundial, ofrecidos por Noruega, Italia, Alemania, Francia y la UE. Posteriormente se añadieron Japón, Canadá, Reino Unido, España, Jordania y Arabia Saudí (como país encargado de la secretaría del G-20).

Tal como señalaba el artículo de Commons Network: «Cada vez más personas están tomando conciencia de que la carrera por encontrar una cura y una vacuna para la covid-19 se ha retrasado mucho debido a que tenemos un sistema que opera en base a los incentivos de mercado y los monopolios creados alrededor de las patentes. En vez de blindar el conocimiento esencial, las empresas podrían trabajar conjuntamente, compartiendo los resultados de sus investigaciones y los nuevos conocimientos.

 
«La industria farmacéutica se guía por los beneficios y las exigencias de sus accionistas. La investigación y el desarrollo (I+D) que se necesitan para crear las vacunas y los tratamientos está organizada en régimen de monopolio. El sistema de patentes y licencias [de fabricación] está ajustado de manera que genere el máximo de riqueza para unas pocas corporaciones que facturan miles de millones de euros por sus productos. El sistema de abastecimiento de los medicamentos no se guía por las prioridades de salud pública sino por los beneficios que éste genera en una lógica puramente capitalista», señalan los expertos de Commons Network. 


La actual crisis del coronavirus nos revela un modelo de investigación biomédica averiado que requiere un cambio de paradigma
 
Según el equipo de expertos de Commons Network, «la idea de crear un repositorio de conocimiento de datos, patentes y licencias de la covid-19 permitiría acelerar las tecnologías sanitarias, tan necesarias en estos momentos, y estimular su acceso público».


 ¿Un modelo de innovación fallido?


Un informe sobre políticas del Instituto para la Innovación y la Utilidad Pública publicado en 20181 por el University College de Londres, dio a conocer su diagnóstico sobre el actual sistema de innovación en salud bajo el régimen de patentes y derechos de propiedad intelectual.

El grupo de investigadores en política pública, economía e I + D y expertos de organizaciones de salud global encontraron «un sector farmacéutico que se orienta hacia las ganancias antes que a las prioridades de la salud pública, y que tiende a establecer unos precios altos con el fin asegurar el rendimiento a corto plazo para sus accionistas». En su informe revelan que el alto precio de los medicamentos está ocasionando graves problemas de acceso para los pacientes a nivel mundial, lo cual tiene consecuencias perjudiciales para la salud y el bienestar de las personas.

Pero su diagnóstico va más allá todavía, pues advierten que existen «síntomas» que indican que estamos ante «un modelo de innovación averiado». Por esta razón, el estudio propone una serie de principios que dé lugar a un nuevo modelo de innovación en salud, incluyendo algunos arreglos que podrían hacerse sobre la marcha, pero también aspirando a ofrecer medidas de política pública para ser implementadas en el largo plazo; unas medidas cuyo objeto sería la creación conjunta en la formación de un sistema de salud que cumpla con el cometido de crear valor público.

Al analizar las prioridades de la Investigación y el Desarrollo (I+D), los expertos encontraron que éstas no se rigen por las necesidades en salud pública; se favorece más bien el desarrollo y la comercialización de medicamentos de imitación, lo cual reduce la investigación de tratamientos pioneros que son los más requeridos por las enfermedades que prevalecen en los países en desarrollo.

El informe señala, asimismo, la falta de transparencia y las dificultades para la colaboración en el ecosistema de la innovación biomédica. Aún cuando los derechos de propiedad intelectual (DPI) deberían ser considerados como un incentivo para la innovación, lo cierto es que cada vez se hace más difícil obtener licencias sobre las patentes; éstas ya no se limitan al sector de aplicación de las innovaciones y actualmente se otorgan extensiones a los DPI con demasiada facilidad. Actualmente, las reivindicaciones amplias de patentes representan un obstáculo para el aprendizaje, la difusión y la colaboración dinámica.


Por otro lado, si los precios de los medicamentos se fijan sin límite por lo alto, esto se debe a que no hay ninguna protección en el actual sistema de I+D para que estos sean asequibles a todos los pacientes que los requieran. Existe un monopolio de las patentes que anula la competencia comercial y a libertad a las compañías para regirse por el precio fijado por el mercado.


Por último, está la cuestión de la política cortoplacista y la financiarización de la industria farmacéutica. Al centrarse en obtener el máximo rendimiento financiero a corto plazo, las compañías recurren a la recompra de su propias acciones en el mercado financiero, logrando así un incremento en el valor de su participación accionarial. De este modo se consigue la captura de valor para el accionista, lo cual está ocurriendo a expensas de los avances en la salud y del interés público.


La reserva de patentes de medicamentos de MPP

La pandemia del coronavirus constituye una oportunidad para que la humanidad actúe de manera solidaria, haciendo que esta crisis sirva para conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.

Desde el 3 de abril de 2020, la MPP ha extendido temporalmente su mandato con el fin de  incluir cualquier tecnología sanitaria que pueda contribuir a dar respuesta a la Covid-19 a nivel mundial.

La MPP tiene experiencia en facilitar el acceso a medicamentos y tecnologías médicas a través del mecanismo de licencias voluntarias; sus conocimientos en propiedad intelectual y licencias podrán ser aplicados en la identificación de productos y tecnologías con patentes que sirvan en la lucha contra la Covid-19, y asimismo, ponerlos a disposición de quienes más los necesiten.



1UCL Institute for Innovation and Public Purpose (2018) ‘The people’s prescription: Re-imagining health innovation to deliver public value’ [La receta del pueblo: repensar la innovación en salud desde el valor público], IIPP Policy Report, 2018-10. London: IIPP, Global Justice Now, Just Treatment, STOPAIDS. Disponible en: https://www.ucl.ac.uk/bartlett/public-purpose/publications/2018/oct/peoples-prescription




16 abril 2020

El procomún como estrategia de supervivencia



Construir el procomún como estrategia de supervivencia durante una pandemia

Por David Bollier


David Bollier en el Aspen Institute, 2009. Foto: Joi Ito from Inbamura, Japan / CC BY
David Bollier es fundador del Commons Strategies Group. Ha escrito numerosas obras sobre el nuevo paradigma económico, político y cultural de nuestro siglo: el procomún. Publicamos aquí una versión traducida y compendiada de un artículo suyo en el que reflexiona sobre los efectos económicos, políticos y sociales de la pandemia del SARS-CoV-2 y sobre la necesidad de actuar colectivamente.

2/4/2020

La pandemia que hoy se extiende por nuestro planeta es un evento histórico destinado a cambiar muchas de las premisas de la vida moderna. Debemos actuar con rapidez para hacer frente a las emergencias, pero también aprovechar la oportunidad de reflexionar sobre un cambio de sistema a largo plazo. Si hay algo que la pandemia permite constatar (en tándem con el cambio climático) es que se deben producir profundas transformaciones en nuestros actuales sistemas políticos y económicos. Ya hemos visto que lo único que nuestras autoridades tienen previsto es el rescate de este sistema disfuncional y que, entre sus prioridades, no contemplan ningún cambio genuino.

Sin embargo, las pandemias son difíciles de ignorar, y algunas de las ideas que alguna vez fueron apartadas o descartadas por la «gente seria» —como las políticas de transición ecológica, la construcción del procomún, la acción climática, la relocalización, la soberanía alimentaria, el decrecimiento, las finanzas postcapitalistas, el ingreso básico universal, y muchas cosas más—, se nos revelan hoy como propuestas muy convincentes y de sentido común.

Aun cuando la pandemia ha sido espantosa, seamos sinceros: también ha servido para trastocar el quehacer político habitual y dar validez a nuevas e imaginativas posibilidades.

Hay muchas cosas que han dejado de ser discutibles. Para empezar, que nuestro actual sistema para el desarrollo de nuevas medicinas debería ser reformado para que los monopolios de las grandes corporaciones no puedan abusar de nosotros con precios exorbitantes y dando preferencia a los fármacos que tienen valor de mercado en vez de a la innovación. Semejante desprecio por las necesidades en salud pública es inaceptable. Y si hablamos de nuestros sistemas de atención sanitaria, es evidente que estos deben ser accesibles a todos, pues la pandemia está demostrando que el bienestar de cada persona está íntimamente relacionado con la salud colectiva. Por último, se hace patente que debemos poner coto a la destrucción de los ecosistemas si no queremos desencadenar una mayor destestabilización del planeta con la aparición de virus, la pérdida de la biodiversidad, el deterioro de los ecosistemas y otras cosas parecidas.

En este sentido, el Covid-19 está volviendo a familiarizarnos, en tanto que ciudadanos modernos, con algunas realidades humanas básicas que habíamos negado por largo tiempo:

  • Los seres humanos dependemos de sistemas vitales y biológicos a pesar de que tenemos la pretensión de haber triunfado sobre la naturaleza y sus límites materiales.

  • Somos profundamente interdependientes unos de otros, aún cuando presumimos, según la doctrina central de le economía moderna y la democracia liberal, de haber alcanzado la soberanía individual y dejado de lado las necesidades colectivas. Tal como lo expresó la premier británica Margaret Thatcher: «La sociedad no existe; solo existen los individuos».

Por más que hayamos adoptado estos supuestos generales de la vida moderna, los seres humanos estamos descubriendo que en realidad estamos programados para ayudarnos cuando nos enfrentamos a un desastre. La escritora Rebeca Solnit lo relató en su libro A Paradise Built in Hell (Un paraíso en el infierno): los terremotos, los huracanes y las explosiones de gas empujan a los seres humanos a la auto organización y a la ayuda mutua, a menudo de maneras absolutamente asombrosas y hermosas.

Este impulso humano ha sido confirmado en las historias contadas por el periodismo desde los inicios del Covid-19. Al igual que el movimiento Occupy se movilizó para prestar asistencia básica tras el paso del huracán Sandy por la ciudad de Nueva York, las redes de ayuda mutua están nuevamente surgiendo en numerosos barrios en todo el mundo, según informa el New York Times.

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Cartel sobre la gripe española, EE.UU., 1918 - Wikimedia Commons

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La cultura dominante prefiere referirse a la ayuda que entre sí se prestan las personas como «voluntariado» o «altruismo». Para ser más exactos, la ayuda entre iguales consiste en un acto de construcción del procomún porque en él se registra un mayor compromiso, el cual subyace en su carácter colectivo y no es lo mismo que «hacer el bien», un término más bien paternalista. Y no debe sorprendernos que esta ayuda entre iguales pueda a veces producir desacuerdos que deben ser resueltos, pero que pueden terminar por fortalecer al procomún.

Un reflexivo artículo sobre el papel que juega el anarquismo como forma de supervivencia en la pandemia señala que la ayuda mutua consiste en la «práctica descentralizada del cuidado recíproco mediante la cual las personas que participan de una red se aseguran de que todos obtengan lo que necesitan; de este modo, todos tienen una buen razón para invertir en el bienestar de los demás. No se trata de un intercambio como compensación sino más bien de un intercambio de cuidados y recursos que crea una suerte de blindaje y resistencia frente a las adversidades que podría tener que enfrentar una comunidad». 


Cuando el estado, el mercado o la monarquía no alcanzan a asegurar las necesidades básicas, es la gente común la que da un paso adelante para idear sus propios sistemas de ayuda mutua.

 
La cuestión, por el momento problemática, es saber si el poder del estado estará en disposición de apoyar en el largo plazo las iniciativas de ayuda mutua, pues ésta podría ser vista como una amenaza para su autoridad y para los mercados. O si otros políticos, inspirados en la figura de Trump, utilizarán este momento de miedo para consolidar el control del estado, incrementar la vigilancia y anular las instancias de la gobernanza distribuida entre iguales [surgida en las últimas décadas con el advenimiento de las redes de Internet P2P].

Otra cuestión importante en el corto plazo es saber si podremos ganar el suficiente apoyo institucional para construir el procomún de manera que este movimiento no se diluya en el tiempo a medida que se disipe la consciencia de que estamos en alerta roja. Para esto, recomiendo el libro que escribí con Silke Heferich, Free, Fair and Alive (Libre, justo y de todos). Y también se puede dar una hojeada a la caja de herramientas para la gobernanza de Community Rule, o visitar Sociocracy for All [N. del T.: sobre el mismo tema, en el ámbito de España, se han creado diversas plataformas de participación ciudadana que emplean el software libre Decidim].

A lo largo de la historia, la construción del procomún ha sido una estrategia de supervivencia esencial que no tendría por qué dejar de serlo en esta ocasión. Cuando el estado, el mercado o la monarquía no alcanzan a asegurar las necesidades básicas, es la gente común la que da un paso adelante para idear sus propios sistemas de ayuda mutua.
 

Al hacerlo, están arrojando luz sobre las deficiencias estructurales de los mercados convencionales y del poder estatal. Vemos cómo las agendas políticas y la especulación a menudo han estado por delante de otras prioridades como la salud pública o las políticas de igualdad. Y ello se hace evidente en el proyecto de ley aprobado en el Congreso estadounidense para financiar el rescate de la economía con 2,2 billones de dólares. No hay más que pensar cuántas de las corporaciones tienen hoy como prioridad recoger los beneficios de su eficiencia económica al encargar la fabricación de mascarrillas quirúrgicas en el extranjero, o cerrar cualquier posibilidad de acceso a los medicamentos genéricos a precios asequibles.

Son muchos los observadores de esta pandemia que señalan que esto es solo el principio de otras crisis que ocurrirán en el futuro. No se ha dicho lo suficiente que la Covid-19 es, en parte, el resultado de una excesiva invasión demográfica en los sistemas naturales del planeta. Según Inger Andersen, directora del programa para el medio ambiente de la ONU, si los patógenos de origen animal están saltando con más facilidad a los seres humanos, ello es así por la pérdida de la biodiversidad y el hábitat en nuestro planeta.

También el ecologista Stephen Harding ha escrito un fantástico artículo sobre cómo Gaia (el planeta Tierra) pareciera estar tratando de enseñarnos sobre los peligros del comercio global sin límites: «Hoy vemos cómo una red sobreconectada puede verse alterada por la aparición local de un virus mortal que después se extiende y amplifica con rapidez por todo el sistema planetario, poniendo en jaque su resiliencia y aumentando la posibilidad de un colapso».



United Nations / CC BY-SA


Son muchos y cruciales los dilemas que enfrentamos en esta coyuntura. Debemos decidirnos por reconstruir nuestros sistemas de abastecimiento bajo criterios ecológicos y de resiliencia, desechando todas las fantasias neoliberales que pregonaban un crecimiento ilimitado de la economía y unos mercados globales estrechamente coordinados. Es el momento de desarrollar nuevos (y también viejos) modelos de agricultura, comercio y comunidades que sean sostenibles.

Todo esto requiere que consideremos honestamente la manera en que volveremos a conceptualizar y representar el poder del estado. Tal como Yuval Harari, el autor de Sapiens, lo ha expresado en el New York Times: «Nuestra primera elección será decidir entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento ciudadano; la segunda, entre el aislamiento entre fronteras nacionales y la solidaridad global», advierte.

La humanidad tiene que tomar una decisión. ¿Tomamos la senda de la desunión o adoptamos el camino de la solidaridad global? Si eligimos le desunión, no sólo prolongaremos la crisis, sino que probablemente veamos catástrofes aún peores en el futuro. Si optamos por la solidaridad global, saldremos victoriosos de la lucha contra el coronavirus y también de futuras pandemias y crisis que podrían cernirse sobre la humanidad en el siglo veintiuno.

Resulta obvio que yo pienso que el procomún puede contribuir en mucho al empoderamiento de la gente y la solidaridad global. La esperanza reside en la capacidad de construir, de abajo hacia arriba, nuevos sistemas de abastecimiento y cuidados que sean sostenibles, con gobernanza distribuida y participativa, equidad e inclusividad. Podemos depositar nuestras esperanzas en la posibilidad de federar los distintos procomunes de manera que estos puedan coordinarse y llegar a más personas, y hacerlo con responsabilidad, flexibilidad, efectividad y resiliencia.

Quizá las instituciones del estado podrían tener un papel positivo, principalmente ofreciendo normas de carácter general, así como su experiencia y la infraestructura. Pero además deberían centrarse en el empoderamiento de la gente y en la gobernanza a pequeña escala con el fin de generar confianza en la acción colectiva.

Todavía no sabemos cómo se desarrollará y resolverá esta pandemia. Hay demasiadas variables complejas que nos impiden predecir sus muchos efectos. Sin embargo, lo que sí ha quedado bastante claro es que la pandemia pone en cuestión MUCHOS de los elementos que el orden neoliberal asigna al estado y el mercado. Sus instituciones y liderazgo político están demostrando ser o bien disfuncionales o bien carentes de todo compromiso con la atención a las necesidades públicas. Y no es sólo cuestión de los políticos como individuos sino de un sistema que resulta problemático. No obstante, aún no han cristalizado los rudimentos de un sistema nuevo y coherente que ofrezca mejores posibilidades.

Esta puede ser nuestra ambiciosa tarea de avance. Las personas que se identifican como la gente del común y sus movimientos aliados, liberales y socialdemócratas desilusionados, y personas de buena voluntad, están llamadas a desactivar los peligros que amenazan con surgir bajo la apariencia del miedo. Pero al mismo tiempo, debemos también ser capaces de demostrar que existen nuevas formas de construir el procomún, las infraestructuras, las finanzas y las asociaciones público-comunes. Son raras las ocasiones como esta, en que vemos la perfecta alineación de necesidades y oportunidades.

Temas relacionados:

El concepto del procomún explicado por Guerrilla Translation:
El procomún en pocas palabras

Cómo se expande el virus en nuestro mundo globalizado e hiperconectado.  Conferencia en Youtube: Virus,de Adelaida Sakhadian (ISG)
Retransmisión on-line del Institut Europeu d'Humanitats, 14/03/2020

Cómo están preparándose las economías emergentes para la recesión económica: CELAG: La economía está desnuda - Pablo Wahren


17 abril 2011

"Inside Job" peruano

Mientras se mantiene inactivo el complejo metalúrgico de La Oroya (Junín) desde 2009 por el incumplimiento de los compromisos de adecuación medioambiental y por deudas, sus habitantes ahora se enfrentan a la perspectiva del desempleo, mientras las autoridades peruanas y la empresa Doe Run entablan un contencioso que puede costar al Estado peruano 800 millones de dólares por incumplimiento de los acuerdos de comercio con EE. UU. Un ejemplo de la herencia dejada en la década de privatizaciones del gobierno de Fujimori, quien en 1997 "aseguró" la inversión extranjera haciendo pagar este alto precio a las comunidades afectadas. La Oroya se encuentra entre las 10 ciudades más contaminadas del planeta, con unos niveles alarmantes de plomo en sangre entre sus habitantes.

La empresa filial peruana miembro del Grupo Renco ha iniciado ahora una batalla legal para reclamar lo que le prometieron en esas privatizaciones, en un típico ejemplo de cómo el gran capital tiene sus caminos bien pavimentados hacia la impunidad y el negocio al estilo Inside Job.

Congresistas lobbistas de EE.UU. intervienen a favor de Doe Run

En su batalla legal con el Gobierno peruano por la fundición de metales de Doe Run Perú que permanece inactiva en La Oroya (Junín) desde el año 2010, el Grupo Renco y su multimillonario propietario, Ira Rennert, han reunido a un poderoso grupo de presión para actuar y asesorarse en la disputa que tiene la empresa minera con el Gobierno peruano. Entre ellos se incluye a ocho ex funcionarios de gobierno norteamericanos que actualmente trabajan en cinco firmas de abogados y de lobby con sede en Washington.

Lee el informe completo

22 abril 2010

Comercio mundial, medicamentos y salud pública (II)


Las flexibilidades del Acuerdo sobre los ADPIC (aspectos de la propiedad intelectual relacionados con el comercio) aspiran a conciliar la protección de los derechos de propiedad intelectual (PI) con las necesidades de salud pública. Sin embargo, las multinacionales farmacéuticas están continuamente procurando mayores medidas de protección para sus negocios, y para ello cuentan con el apoyo del Gobierno de EE UU y la Comisión Europea. ¿Cuánto más deben esperar los países en desarrollo para obtener y ofrecer a la ciudadanía medicamentos y tratamientos con equidad?

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28 septiembre 2009

Comercio mundial, medicamentos y salud pública


La prestigiosa revista médica The Lancet publicó en febrero de 2009 una serie de artículos sobre comercio y salud.


Los criterios de protección de la propiedad intelectual (PI) establecidos en el acuerdo de los ADPIC (Aspectos de la propiedad intelectual relacionados con el comercio) han comportado unas mayores ganancias para la industria farmacéutica y los países desarrollados. ¿Pero tienen los ADPIC el mismo signo positivo para los países en desarrollo y para sus empresas farmacéuticas que exportan productos y servicios para la salud? Todo parece indicar que existe una desigualdad en el comercio entre estos dos bloques de países y que los ADPIC no han significado un incremento del comercio en productos farmacéuticos para los países en desarrollo.

Los ADPIC fueron acordados por los países miembros de la Organización Mundial de Comercio en 1994. Aún hoy día es muy debatido el efecto real de estos acuerdos sobre el mercado farmacéutico. Junto a unos criterios mundiales mínimos para la protección de la propiedad intelectual se incluyó una protección de al menos 20 años para las patentes farmacéuticas. El cumplimiento de este criterio se postergó hasta el año 2005 para los países en vías de desarrollo y hasta el año 2016 para los países menos desarrollados. Pero este acuerdo amplió de manera gradual los derechos de PI, contemplando además normas para la protección de los datos de las pruebas de efectividad y seguridad de los fármacos.

El mercado farmacéutico mundial
A pesar de que las empresas farmacéuticas tienen un papel protagonista en el comercio de bienes y servicios sanitarios, los efectos de los acuerdos ADPIC y de los ADPIC-Plus que serán implementados próximamente en tratados bilaterales de comercio no han sido suficientemente estudiados.

Los productos farmacéuticos conforman el 55 % del comercio sanitario mundial, seguido por los equipos y aparatos sanitarios que abarcan un 19 % del mismo.
El mercado farmacéutico mundial se estimaba en el año 2006 en $ 650 000 millones, y el mercado de medicamentos genéricos era de $ 60 000 millones, un 10 % del mercado global.




Artículo de Joseph Stiglitz sobre el comercio y la salud en los países en desarrollo


Comercio y salud: agenda para la acción